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Octubre 13, 2006

La bonanza de pertenecer.

La sala de juntas tenía cuadros enormes de José Luís Cuevas.
Me resultaba chistoso observarlos cuando tan sólo unas semanas antes había pasado mis vacaciones en su casa de la playa.
Sí. Había dormido justo en su estudio que antes de ser acondicionado como dormitorio, supongo fue concebido para que ahí pintara.
Tenía claros muy altos y grandes puertas abatibles cada 4 o 5 metros. Si se abrían las puertas podía verse el mar, las olas rompiendo sobre un puñado de rocas. Ahí dormí durante 12 días que me tomé de vacaciones y por las noches no dejaba de pensar en que en aquel sitio se había pintado algo espectacular y que después fue vendido como un producto cualquiera. Ese era uno de sus cuadros, ornamento decorativo de espacios fútiles y llenos de presunción como esa sala de juntas en la que me encontraba.

La mesa de juntas era igualmente grande. Tenía la capacidad como para 14 personas cómodamente sentadas en sillones muy amplios.
Esa mañana acudieron a la junta los directivos de todas las áreas. Estaban 3 productores ejecutivos de telenovelas. La directora de locaciones, la de casting, la del área de noticias, 2 directoras administrativas, la directora de prensa y yo: director de musicalización.
No estaban los de cine ni los de teatro, tampoco el área de publicidad.

El director general y productor ejecutivo, Epigmenio Ibarra, comenzó hablando acerca de las futuras alianzas con algunas de las cadenas de televisión en Estados Unidos. Era el tipo de junta en donde se informa a todos los presentes sobre los proyectos y avances de cada área.
Me sentía incomodo entando ahí. Toda la ropa y accesorios que llevaba eran nuevos. Los zapatos aun estaban demasiado estrechos. Mi saco era de corte italiano, muy ajustado y debajo llevaba una camisa de vestir demasiado gruesa. No tenía la más mínima flexibilidad para moverme con libertad dentro de ese sillón lujoso.
A mi lado estaba el encargado del área web del corporativo. Èl sí que la gozaba, venía vestido como si acabara de asistir a un concierto de música industrial. Tenía mal gusto el hombre, lo que en todo caso podía envidiarle era su aspecto de comodidad igual que si estuviera en su casa un día cualquiera. Escribía en un PDA cuando en esa época, a excepción mia, nadie poseía uno.
Durante mi turno para hablar, dije lo que estaba coordinando para las diversas áreas. Llevaba conmigo juegos completo de un manual de procedimientos que yo mismo elaboré…
Continuará…

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