Era difícil de creer. De repente uno se interesa en algo y si ese algo es lo suficientemente fuerte, todo alrededor pasa a un segundo plano. La razón que lo tenía ahí en ese momento era un ejemplo de eso. Todo comenzó hace cuatro años, cuando lo corrieron de su trabajo. Todo inicio como un capricho, como un antojo de niño enfermo deseoso de ser mimado. En aquel momento se le ocurrió que quería un perro.
Los primeros dos meses después del despido transcurrieron tranquilos, con el dinero de una ínfima liquidación no pensó en trabajar en aquel momento. Se dedicó a estar en casa, a aprender programación de páginas web. Durante la última semana en la que aún tenía trabajo, conoció a una chica. En pocos días se hicimos novios, ella tenía un buen trabajo mientras que Ricardo dejaba de tenerlo. Su nombre era Roberta y siempre hablaba lo suficientemente bajo. Lo irritaba el tener que decir con frecuencia ¿Qué? ¿Cómo?, no te escuché.
Después de pasar juntos los primeros tres meses de novios, un día se le ocurrió decirle que le gustaría tener un perro. Completó su ocurrencia agregando que desde hacía mucho había querido un perro y por diversas circunstancias no había podido. La razón principal comentó, era que como trabajaba mucho y pasaba todo el tiempo fuera, no podía dejar al perro catorce horas solo; más otras ocho en las que estaría ya dormido. También puso de pretexto que los sitios en los cuales había vivido no eran propicios para tener perros. Durante mucho tiempo vivió en un sitio con mucha humedad y alejado de la ciudad. Como ese lugar estaba rodeado por volcanes y todos esos fraccionamientos fueron construidos sobre piedra volcánica por esa razón con frecuencia aparecían alacranes en casa. Además, en esa época algunas calles no estaban pavimentadas y pensaba que no sería posible sacar a pasear al perro, que tal si había vidrios, clavos u otros objetos. También a un lado de su departamento había una verdulería, cuando cerraban dejaban la basura frente a su entrada, había días en que se juntaban más de quince perros a comer desperdicios. Muchas cosas lo detuvieron en ese sitio para pensarlo más de dos veces antes de tener un compañero nuevo en casa.
Cuando tomó la decisión de que ya quería un perro, vivía en un departamento recién rentado. Justo dos semanas antes de que lo corrieran del trabajo, decidió que como estaba ganando bien y las cosas se veían que mejorarían, era el momento oportuno de mudarme a un lugar más céntrico y de mayor status. Se mudó a una colonia que estaba a diez minutos del WTC, un edificio ubicado frente a una avenida grande, a media cuadra de una estación de metro. Un sitio en donde había mucho concreto y muchos otros dueños de perros. En esa época no se daba cuenta de cuantos dueños con perro había, primero se mudó y ya luego se dio todo para que, en teoría, fuera un buen sitio y momento para tener un perro. Digo esto porque las cosas cambian, uno aprende y creo que ahora no era tan buen sitio.

