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Octubre 20, 2006

1

Una tarde de octubre volví a sentirlo.
No recuerdo cuando fue la primera vez, quizá fue en la escuela, pero no en la primaria: estaba muy chico. Fue en la universidad cuando uno realmente despierta ante la vida y ante las cosas que no son posibles alcanzar. Me molesta decirlo, siquiera pensarlo. ¿Hay algo que no podamos alcanzar?
La vida fuera de mi me ha demostrado que no, que no existe nada que no podamos lograr, pero por dentro de mi, sí que hay cosas que nunca funcionaron.
Ahora mismo estoy molesto. En este instante veo todo a mi alrededor como negro y sucio.
No tengo a nadie, pero eso no es el problema de fondo.
En el año de 1999, la verdad no recuerdo bien a bien la fecha, pero fue por esas fechas. Decidí ponerme en las manos de un especialista para tratar de trabajar en mi persona y en mis problemas. Era una técnica sumamente fría y uso la palabra fría porque de lo que se trataba era de ser sumamente racional. Hasta los límites más radicales.
Recuerdo que en la primera sesión, como siempre que se acude con un especialista, éste pregunta sobre cuál es el problema.
¿Cuáles son mis problemas?…muchos.
Abandoné a mi hijo, no puedo escribir mi novela…son muchos los problemas, amo a una mujer casada, no me gusta mi trabajo, en fin…no tengo proyecto de vida.
¡Qué frase esa de proyecto de vida!…como si las cosas fueran tan fáciles.

Hoy es jueves, son las 8 p.m….no tengo ningún plan de vida a partir de este momento y hasta que deje de respirar. Lindo esto de no tener ningún proyecto, bueno, acabo de proyectar una corriente de aire que entra por la ventana, el sonido de un mosco que ronda la lampara de mi buró, el silencio…EL SILENCIO.
Siento la corriente justo en la oreja que se encuentra del mismo lado de donde esta la ventana. NO quiero ponerme de pie para cerrar la ventana, sin embargo lo hago porque es realmente molesto sentir siquiera el aire soplar. Me paro, lo hago, regreso. Al acomodarme de nuevo experimento una flojera terrible, como si llevara mucho tiempo enfermo y en cama.
Eso de enfermo comienzo a creérmelo porque el resto de la gente no es como yo. Ellos también tienen problemas pero los superan, siguen adelante. Yo no sigo adelante, es la vida misma la que me pasa pero mis problemas y yo seguimos intactos. No sé por qué pero recordé un libro de Douglas Copland al decir que la vida me pasa. ¿Será el planeta shampoo?
Enciendo un cigarro acostado sobre mi cama que lleva 3 meses sin ser tendida, recuerdo bien la fecha porque hace 3 meses tenía sirvienta que lo hacía. Ella fue operada de un oído y debió de tomar reposo postoperatorio. Le encargaron que no hiciera nada. Así me siento yo ahora, como en reposo postoperatorio. A mi me operarían de la cabeza y de los oidos también porque no escucho consejos de nadie…bueno, en 1999 creo que sí escuché a mi psicologo porque el muy inteligente tuvo la brillantez de darme de alta.
El mosco regresa. Lo veo, estudio su vuelo, espero a que se acerque, de frente, estiro mi brazo con un movimiento rápido lo atrapo dentro de mi puño, aprieto fuerte: está muerto.
Mi mente se libera un poco pero mi cigarro se ha consumido. Me acomodo y me recuesto más, las cobijas de 3 meses sin lavar son tan imperfectas, y las almohadas más aun.
Escucho una música muy bajita que viene de la sala. Ahí está mi computadora eencendida en una estación de radio que transmite por Internet. Escucho la música, contemplo el techo, se está desprendiendo la pintura, más imperfección. ¿Habrá algo bueno a mi alrededor?

2

Es otro día mas. Durante la noche no he descansado, distintos sueños han ido desfilando por mi cabeza hasta las 10 a.m., tiempo en que me di cuenta. Hoy es viernes y se supone que la gente está contenta y por las noches sale a divertirse.
A mi me da lo mismo, estoy aun somnoliente. Ayer antes de dormir busqué mi libro de planeta shampoo y lo trajee conmigo a mi cama. No lo leí. Ahora lo he recordado porque mi vida es así, como ese libro. Lo que hizo que me despertara fue la insistencia de mi perra Tula de querer salir al baño. La puerta de la recamara estaba semiabierta y ella quería pasar por ahí y no cabía. Fueron como 3 o 4 intentos. Es lógico que no quepa, está a 2 días de tener cachorros y el perro con la que la crucé era una bestia demasiado grande. Saco a Tula y a Ashanti que está en la habitación que da al jardín. Me regreso a la cama, es demasiado temprano para levantarme.
No quiero dormirme más, pero tampoco tengo ánimo de ponerme de pie e iniciar con mi día. La mañana me tiene reservadas cosas fenomenales: casí 30 kilos de ropa por lavar, en lavadora claro, un área del escritorio por despejar para poder medio organizar mi trabajo, bajar en el auto al contenedor más cercano a tirar 4 sacos de basura.
Lo más importante entrenar a Moncho.
Entonces cuando pienso en todo eso , decido que no, que todavía puedo quedarme un rato más aquí. Se me olvidó decir que debo también darme un baño. Me voy a dar vuelta, y sin importarme lo que pase, volveré a dormir. Acabo de despertar y no puedo cargar ni con mi propio cuerpo.

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