Para ser en el mes de diciembre, las 9 de la noche lucía como la mediaoche en un poblado estilo rancho. En frío se dejaba sentir, ese primer día no se sintió tanto pero calculo estábamos como a 9 grados.
Salimos todos juntos nos despedimos-presentamos ya en medio de una calle oscura y sin pavimentar, algunos ladridos se escuchaban dentreo de UCA.
El policía que ya dije se llamaba Paul dijo que él iba a la parte de Copilco, que si alguno de nosotros nos quedaba cerca por gusta nos daba un aventón. Yo me sentí aliviado porque el metro Copilco pertenecía a la misma línea de la estación que daba a mi departamento.
No recuerdo quienes regresamos esa noche, creo que fuimos solamente Paul y yo porque había otro alumno que también traía auto y los otros agarraron para otro rumbo.
Paul y yo en su auto comenzamos a platicar, le dije que yo me dedicaba a hacer páginas web. Paul me dijo que el necesitaba ayuda de actualización de la página de sus servicios, que tal vez yo podía darle unos consejos.
Recuerdo que regresé en el metro rumbo a mi casa observando mi carpeta del curso. Quería regresar lo más pronto posible para ver a mi perrita Tosca, había pasado toda la tarde sola.
Al llegar todo estaba en orden, ella se encontraba en un patio ubicado en la parte trasera de mi departamento, ambos estábamos hambrientos.
Después de darle de cenar, la llevé conmigo a casa de Roberta.
Esa era mi rutina diaria, por las noches caminaba cerca de 10 cuadras para llegar a casa de Roberta, estaba con ella, platicabamos sobre como había sino cada uno de nuestros días, cenabamos y cerca de la 1 a.m. regresaba con Tosca.
Esa noche me quedé más tiempo de lo acostumbrado actualizándola y contándole todo acerca de mi curso. A Tosca le gustaba mucho ese paseo, aprovechabamos para entrenar su caminado junto y siempre en un punto determinado se detenía a hacer del baño. No me preocupaba mucho a qué hora regresaba, las mañanas para mi eran sin quehacer, no había mucho diseño web por esos días. No tenía nada que hacer, excepto esperar a que diera la 1 p.m. para alistarme y regresar a Topilejo.
Los siguientes días transcurrieron de las misma forma.
Algunas veces veíamos videos de Animal Planet en donde se hablaba de algunas razas de perros poco conocidas, otras veces veíamos competencias de perros deportivos que en esa época era algo muy extraño para mi.
Llevaba mis apuntes de una forma muy metodica, quería tener datos de todo. Algunas veces la clase iba demasiado rápido para tomar notas.
Era algo muy particular que durante la primer semana del curso, salvo la vez que tuvimos que tomarle medidas al perro, no tuve contacto con ningún otro perro en UCA.
El primer viernes al terminar el curso se nos informó que también habría clase el sábado. Yo no recuerdo que me hayan dicho cuando me inscribí nada sobre ir los sábados, pero ya involucrados de lleno en el asusto de los perros, lo tomé bien.
⎯Mañana los espero aquí a las 6 a.m. ⎯dijo Alejandro.
No, algo estaba mal, ¿Sábado?…¿6 de la mañana?…dos horas para llegar…no pues ahora son las 9:30 p.m., si quieren me quedo ya a dormir.
Se trataba de conocer un poco sobre técnicas de rastreo, en particular el Schutzhund que en alemán significa perro de protección.
Se nos había explicado que este asunto debía de ser temprano, que porque las particulas de aroma a seguir se evaporaban con el calor, o sea, entre más temprano mejor.
Desde que había dejado de trabajar, tenía serios problemas para levantarme temprano. Pero bueno, cuando es algo de tanto interés personal pues en ese momento lo hice.
Al día siguiente ahí estábamos, congelándonos de frío en unos campos de fútbol a 35 kms de la ciudad.
Alejandro comenzó a explicar en qué consistía la prueba y cómo lo iba a hacer, antes ya habíamos visto un video entonces se suponía que tenía una idea del asunto. Para la gente que no le gusta esto, puede ser algo más parecido a un deporte tipo golf: aburridísimo para algunos y apasionante para otros.
La pista debía estar virgen, es decir que nadie estuviera ahí pendejeando.
Alejandro caminó trazando la pista, caminando vaya, digamos 50 metros en un punto se detuvo y puso sobre el piso un objeto de piel, era como una carterita. Después un angulo de 90 grados, más metros, otros, muchos, otra carterita, otra vez angulo de 90, más metros, otra carterita y salida del circuito.
Debimos dejar la pista así, por un periodo de 30 minutos.
A continuación, Alejandro saco a uno de sus pastores alemanes estrellas.
Yo no era partidario de esos perros, no me gustaban, se me hacían sin mucho chiste a mi me gustaban los labradores.
En sierto momento parados ahí a las 7 de la mañana de un sábado me pregunté qué coños tenía que ver el adiestramiento o la entrenada con dejar carteritas en medio de la nada.
Alejandro le puso al perro una correa muy larga de unos 15 metros y dejó ir al perro delante de él.
El perro comenzó zigzagueando un poco pero se notaba que seguía una ruta, la marcada por Alejandro con anterioridad.
Estaban ya demasiado lejos y no se podía ver bien lo que hacían hasta que en determinado momento el perro se echo, en ese instante Alejandro bajó su mano delante del perro tomo la carterita y nos la mostró.
Así siguió con las otras 2 y termino. Bien pues eso era el mentado Schutzhund, más o menos.
Dos horas después regresamos a UCA y se nos dijo que era momento de conocer cómo era el asunto de los clientes que llegaban, lo que se tenía que hacer, es decir, como funciona un negocio de adiestramiento en un día de sábado.
Alejandro pidió a uno de sus asistentes que trajera unos refrescos al salón, yo pensé que eran para nosotros los exhaustos rastreadores pero para mi sorpresa estaban reservados para los clientes.
El salón de clase, ese sábado se veía transformado en recepción de clientes.
El salón tenía una amplia ventana con vista al ring o campo de trabajo.
El objetivo era que los dueños vieran desde ahí escondidos el avance de sus perros en el adiestramiento.
Es decir, los clientes dejaban a sus perros pensionados para que se les adiestrara y los sábados iba a visitar a sus mascotas y a ver sus avances.
Del otro lado del vidrio entraba al campo, el perro acompañado de su entrenador para mostrar sus progresos en los distintos ejercicios de obediencia. Todo esto tenía una razón muy importante, el perro no se daba cuenta, es decir no sabía que sus dueños estaban del otro lado del cristal. Para el perro era un día más de soporta tener que hacer lo que su entrenador le pedía, por lo tanto todo lo hacía bien.
De acá de este lado, Alejandro platicaba con los dueños sobre los problemas que estaban sorteando con la mascota. Los dueños hacían muchas preguntas y al final podían dar la vuelta e ir a saludar a su perro, caminar un rato con el e irse. Pobre perro, pensaba yo.

