La parte de los refrescos fue cómica, porque yo creí que eran para todos y Alejandro en verdad me sorprendió diciendo:
¬⎯¡Qué esperas…sírveles a los clientes!
La semana que siguió se habló de los instintos heredados en los perros, su sistema de comunicación, y hubieron 2 días dedicados a la crianza.
Esta parte de criar perros llamaba mucho mi atención, recuerdo que desde que Tosca tuvo su primer celo, comencé con la idea de en algo momento deseaba cruzarla y llegar a vender los cachorros.
Alejandro era veterinario y en algún momento de su vida más que en ese momento de dedicó a criar su raza favorita: el pastor alemán.
La buena crianza es considerada como un arte y lograr una excelente crianza implica conocimiento y una buena inversión monetaria.
Después de ver las etapas del celo y la forma en como debían ser las montas, fuimos a la finca de Alejandro para ver sus instalaciones. Vimos primeros las instalaciones del adecuado confinamiento de los animales en jaulas y después ya específicamente el sitio en dónde las hembras alumbraban y cuidaban de sus cachorros.
Es la finca había un sitio apartado de la casa de Alejandro parecido a una caballeriza pero para perros. Era un área para cerca de 12 perros, la última parte, nos dijo era un paradero para las hembras en gestación.
Por mi mente pasó la idea de que en algún momento yo podría hacer algo similar comenzando con mi perrita Tosca.
Faltando 2 días para concluir las 2 primeras semanas fui a realizar otro pago a la oficina. Alejandro estaba ahí y me preguntó si pensaba continuar en el curso con el siguiente modulo o no.
El curso era muy completo, no creo que muchos adiestradores hayan tenido tanto conocimiento de tan variados temas en tan poco tiempo.
Según el programa en la tercer semana se vería, el adiestramiento de perros deportivos, la obediencia avanzada, y los principios básicos de seguridad…el arte de la agitación civil, marco jurídico, los perros policía y técnicas de aprensión, cateo y trasporte de delincuentes, etc.
Había una parte que decía Técnicas de ataque con bozal y el trabajo con perros de detección de narcóticos.
Yo estaba indeciso, por mi mente no entendía la razón de aprender todo aquello. Cuando Alejandro me vio dudoso en tomar el segundo modula me dijo. Nadie puede decirse adiestrador profesional sino tiene el conocimiento de la guardia y defensa con los perros. Lo mejor de los perros es eso, la práctica de algún deporte, pero no el agility…te hablo del schutzhund, del ring sport, del ring fránces, del mundo ring…sólo sabiendo hacer eso es que puedes llamarte adiestrador profesional.
Paul por su lado me dijo que para él los deportes no importaban tanto, pero que era necesario saber eso para poder llevar a un perro a ser operativo en las calles. ¿Un perro operativo?…pero de qué me estaba hablando yo tenía un Golden al que le gustaba ir por la pelota.
Paul aseguraba que el conocimiento de los instintos que se veían implicados en los deportes en donde el perro muerde, es la clave para el conocimiento pleno de los perros. ¿Cómo sabes cuando un perro tiene miedo?, ¿O cuándo va a atacar?, si lo va a hacer por miedo o por gusto…
Durante ese fin de semana me llevé conmigo lo de que sólo sabiendo eso podría ser verdaderamente adiestrador profesional…como los del parque esos que posaban perros, aunque no era lo mismo posar perros que enseñarlos a morder. ¿Se podría ser adiestrador profesional sin que el perro muerda y sólo posandolos en concursos de belleza?
Con el tiempo pude saber la diferencía entre ambos, los que posan perros no son adiestradores profesionales, son simple manejadores de pista.
Ya estaba inmerso en el clima gélido de Topilejo y los viajes de 3 horas para llevar hasta ahí. Endeudado. No había mucho que perder, hay una parte de mi un tanto masoquista y autoflágelante, así que venga, yo quería ser p-r-o-f-e-s-i-o-n-a-l.
Para la parte de las técnicas de obediencia se nos permitió que llevaramos a nuestro perros. Tosca ya había cumplido con todos los ejercicios del parque, entonces yo estaba confiado de que no me daría problema. De las primeras cosas que comenzaron a cambiar fueron los comandos, yo la había entrenado en ingles. Alejandro había aprendido a entrenar perros en Alemanía, él le daba los comandos a sus perros en alemán.
Platz. Bleib. Fuss…etc. Es sonido de los comandos, definitivamente me gustaba más que en pinche ingles. Ya como que comenzaba a sonar eso medio maricon. El down perdiá fuerza, presencia…no era igual decir PLATZZZZZ…cabrón!!!!
Sólo nos dio tiempo de entrenar con nuestros perros 2 días, al tercer día comenzó el entrenamiento de guardia y protección y nuestros perros ya no servían para eso, los de nadie, Pedro tenía un boxer adoptado, no servía, Joel una hembra de Labrador, Alberto, un pastón alemán pero ya estaba senil.
Sin poder trabajar con nuestros perros se nos dijo que al siguiente día del curso sólo llevaramos nuestro equipo que consistía en una correa de piel de 1.80 mts de largo y el collar de castigo.
Al siguiente día ya todos con nuestro equipo Alejandro nos llevó a la entrada de las jaulas, era un pasillo, del lado izquierdo 15 jaulas del derecho lo mismo. A la entrada había un pizarrón blanco con los nombres de todos los perros con el numero de jaula y especificaciones tales como cantidad en gramos de comida, si estaban en tratamiento medico y observaciones como: Hoy no quiso comer, se vomitó, se chupa mucho el pito, se desmadró la cola…etc.
Cada uno de nosotros debía escoger un perro, se tacharon con un marcador cerca de 10 perros que no servían para nuestra instrucción, es decir, estaban ahí cursando la obediencia básica o pensionados.
De los que quedaban, tuvimos que elegir sin saber qué razas eran. Para estas cosas algunas veces suelo ser arriesgado sin pensármelo mucho aunque ya después no tenga escapatoria.
A mi me llamó la atención el nombre de Hunter, me hice a la idea de que podría ser un perro de cacería de esos que van por lo pajaritos que caen muertos y te los traen, después de todo eso hacían los goldens.
No recuerdo los otros nombres, yo me fui por hunter, los demás por los suyos.
⎯Tienen 10 minutos para ponerle el equipo al perro y salir con él al campo. Los quiero formados uno al lado del otro. Listos, muévanse.
Odiaba que me hablaran en ese tono, mucho menos cuando estaba pagando por ello. En los scouts me hablaban igual pero era gratis.
⎯Cuidado de que se les escapen. Son perros de guardia, pueden ser peligrosos si se les escapan.
No nos digan eso, ¿Qué caso tiene?…se supone que eso ya lo sabemos para qué no lo repiten y justo antes de sacarlos. Terminando de decir eso, escuché ladridos, lloridos, y aventones contra la puerta de herrería de los perros ansiosos por salir. No es que lo hubieran comenzado a hacer en ese momento, si no que apenas me percate de eso y del sitio en el que me encontraba en ese momento.
Comencé a caminar por el pasillo, mi jaula estaba a la mitad, caminar por ahí era como un rastro, nunca he estado en uno pero así me lo imaginé, un olor penetrante a orin y excremento, busqué su origen y me topé frente a una cubeta de esas de pintura de 20 litros llena, atiborrada de excremento, aplastado como mole. Pequeñas coladeras sin tapa, faltaba luz…era algo que nunca me imaginé pero ahí estaba. La numero 17 era la de mi perro. Comencé a temblar como cuando hace frío y no hacía aun era temprano.
Corrí el picaporte de la puerta y la abrí sólo un poco, inmediatamente el perro me la azotó de un empujón seco. ¿Qué estará haciendo Tosca en ese momento?⎯pensé. Seguro durmiendo la siesta.
Después de intentarlo 5 veces, ví pasar a Joel, saliendo ya con su perro.
Ese simple hecho incrementaba mi presión, uno y lo había logrado.
Debía de cambiar de técnica, ni siquiera podía abrir la jaula.
Permanecí ahí frente a la puerta sin hacer nada y vi como arriba de la puerta había un hoyo, una ventilación, un vacio de donde terminaba la puerta al techo, y por ahí cada cierto tiempo el perro que ahora vi era negro se asomaba brincando. El cabrón saltaba casi 2 metros.
No puedo, va a ser imposible que lo saque ⎯pensé.
Después pasó corriendo Pedro, yo ya tengo al mió ⎯dijo.
Qué puta mala suerte, voy a ser ultimo si bien me va.
Paul vino a ver como íbamos los que quedábamos.
⎯¿Sabes qué?…yo te recomiendo que te metas a la jaula y cierres por dentro para que no se te escape, sino Alejandro se va a enojar.
A quién chingados le importa Alejandro, lo que yo quería era poder lazarlo y salir de ahí sin ser mordido, ¿No ves que está loco?
Todo esto lo pensé en el momento mismo que mis labios pronunciaron: ¿si verdad?
Antes de pensar en la posibilidad de meterme dentro de la jaula de Hunter intenté amarrar la correo para que quedara un espacio grande y lazarla, pero tuve miedo de que no fuera exacto y se safara saliéndole de la jaula.
Alberto fue el tercero en salir con un pastor alemán.
Con la presión de que era el último, o sin la presión porque ya simplemente queda yo, no tuve más remedio que pensar cómo es que iba a realizar ese movimiento rápido de abrir un poco la jaula, meterme con igual rápidez y cerrar completamente la jaula. Sí encerrarme junto con Hunter. Lo peor que podía pasar era que me atacara, nada más.
Ni modo.
Lo hice y estando dentro me percaté que era un perro grande, atletico, de color oscuro, con hocico inmenso. Hunter se quedó sorpresivamente para mi quieto tranquilo. Si pensarlo siquiera le hablé con voz entrecortada, vamos chiquito…¿Chiquito?…este cabrón me va a agandallar⎯pensé.
Poner el collar fue relativamente fácil, después sin soltar el collar le puse la correa e inmediatamente abrí la puerta. Salió él primero desbocado, yo detrás conteniendo su ímpetu, corriendo vaya.
Él iba adelante así que parecía que lo que menos le importaba era que yo lo llevara, me llevaba.
En el campo ya estaban los demás formados con sus respectivos perros.
Hunter me jaló hasta unos arbustos en donde hizo del baño. Alejandro me observo unos minutos y después me indicó que me incorporara con el grupo. Todo debía de controlar a sus respectivos perros logrando que se sentaran tranquilos para esperar instrucciones. Hunter no quería sentarse.
⎯Sientalo.
⎯¿Pues cómo?⎯pensé
⎯Sólo levántalo del collar.
Comence a jalarlo lentamente y en lugar de que se sentara, Hunter se levantó en dos patas, estaba casi de mi estatura.
⎯Si no puedes con ese collar, ponle este ⎯me dijo Alejandro aventandome un collar de picos.
El collar de picos era la regla en el mundo alemán de Alejandro. Efectivo, doloroso y excesivamente difícil de poner porque si no le queda justo al perros se le tienen que retirar eslabones.
Si con trabajos pude poner el collar de castigo, el de picos era imposible, se requería una manipulación del perro similar a la sujeción de una chica para plantarle un beso sorpresivo.
Hunter parado sobre sus patas delanteras comenzó a mordiquear la correa en un ataque de ansiedad e incomodidad.
⎯No puedo ponérselo ⎯le dije a Alejandro con voz mitdad cortada mita harto de tener que pagar por vivir esa experiencia.
⎯¿Cómo que no puedes?…¡si quiera intentalo!
Paul con sólo verme entendía que las cosas estaban siendo muy difíciles para mi y se acomidió a ayudarme. Sólo falto que Alejandro se hubiera dicho, dejalo, que lo haga el solo. Pero no lo hizo. Fue un gesto parecia al hartazgo, al ya ok, rápido que tenemos el tiempo encima y se va a oscurecer pronto.
Paul que estaba fumando, se puso el cigarro el la boca, puso el collar, quitó dos eslabones, volvió a ponerlo y le me volvió a dejar sólo con hunter.
⎯Ahora si ya jálalo ⎯me dijo Alejandro.
Para mi sorpresa, con un mínimo de esfuerzo, en cuanto jale un poco Hunter finalmente se sentó.
¬⎯van a practica lo mismo que practicaron con sus perros, caminados y sentados, para que se familiaricen con los perros, después los llevan de regreso a sus jaulas.
Estuvimos mando varias vueltas a l campo con los perros y después de tan sólo 15 minutos nos dijeron que los lleváramos de regreso a sus jaulas.
A Hunter casi lo aviento a su jaula con todo y collar de picos, quitárselo de tan ajustado que se usa es un problema.
⎯Oye Paul…no puedo quitarle el collar ⎯le dije.
⎯A ver te ayudo.
Paul me había salvado, desde ese instante estaba dispuesto a regarle un paquete de cigarros, hacerle su página de Internet gratis, estaba dispuesto a llenarle el tanque de la gasolina.
Esa noche al regresarnos, yo venía un tanto espantado y cansado por la descarga de adrenalina que acababa de pasar.
⎯Esos perros que sacaron, los renta Alejandro en servicios de seguridad⎯ dijo Paul.
⎯¿Sí?
⎯Quiero decir que están acostumbrados al manejo de muchas personas, en realidad no me parecieron buenos perros.
⎯¿Cómo?¿No estiendo?
⎯Sí, eran perros tranquilos, un día vas a ver un perro cabrón y lograrás saberlo inmediatamente con tan sólo calarlo un poquito ⎯pronunció Paul con su ya común cigarro sobre su boca.
Durante toda esa noche dormí como asustado, no estaba dispuesto a que ese tipo de experiencias fuera a suceder todos los días. ¿Y mañana?, ¿Qué iba a seguir?¿En qué momento iban a morder esos perros?
Porque hacia allá ibamos hacía la guardia y la defensa.
¿Y eso del hombre de ataque?
No…yo no.
Al siguiente día el ya gastado de todos los días We are the champions, como un himno, como un mensaje pasado de moda pero vigente para el chaparro de Alejandro que para ese momento ya me caía en la punta.
Definitivamente había yo pasado de ser el tipo relajado que desea aprender al sobreviviente que se encuentra a la defensiva, con los sentido más afilados que el mismo Hunter…
⎯Vayan por sus perros, los mismos de ayer ⎯grito el chaparro.
Alejandro nos presentó a un tal Marco. Él era su empleado, su entrenador estrella.
⎯Marco va a ser el hombre de ataque. Quiero que sientan como muerden sus perros. Ya lo repasamos en el salón, el perro se va a querer aventar y ustedes lo contienen con suavidad, hasta que Marco entra, el perro muerde y Marco se quita la casaca y ustedes no sueltan ni un instante al perro.
¿Por qué hago esto?, alguien explíquemelo.
Fui en primero, por voluntad propia pensando que acabaría rápido y que guardaría a Hunter. Cuando marco salió detrás de una manparas, Hunter se puso muy mal, endemoniado diría yo, el jalón que me dio me produjo un tirón que me duró 4 días.
Me jalaba como eso juego en donde dos equipos juegan a jalar la soga.
Parecía que traía skys.
⎯No avances ⎯decía Alejandro.
⎯NO AVANZO…ME J-A-L-A ⎯pronuncié con tono bajo.
⎯¡QUE NO AVANCES!…¿QUE NO PUEDES QUEDARTE QUIETO?
⎯N-o-s-e-p-u-e-d-e, pendejo que no me ves ⎯volví a decir susurrando.
Marco se acercó y Hunter se le fue encima directo al brazo, Marco parecía un karateca excitado por el frenesí del combate.
⎯Ay guey…este cabrón es de hule ⎯pensé.
Hunter qué bueno que ya somos amigos, sí chíngalo a él.
Marco se quitó la casaca y Hunter comenzó a agitarla como el martíni más espeso.
⎯Ahora viene lo más importante, dile que suelte el traje. ⎯grito Alejandro desde su oficina, con lente oscuros con su chaleco de adiestrador p-r-o-f-e-s-i-o-n-a-l
⎯No me chigues. ¿Cómo?
⎯Levantalo como cuando lo intentas sentar.
Y es que lo ahorcaba y Hunter con todo y que estaba ahorcado no soltaba la casaca.
¬⎯¿Y ahora?
⎯Así quedate…hasta que suelte.
Tuk. Soltó…soltó…pues si ya estaba morado…
Guarden a sus perros. Nos vemos mañana con Marco para que comiencen en la parte de hombre de ataque.
Noooo, como caricatura, hombre de ataque no. Hombre de ataque no.
Vaya nombre ese de Hombre de ataque. Sonaba rudo pero era curioso que la imagen que me venía a la mente era la de esos maniquís que usan para probar las bolsas de aire en las pruebas de seguridad de los autos.
Esa noche, cuando me fui a dormir y apagué la luz de mi recamara, escuchaba a Tosca respirar en un profundo sueño, escuchaba la respiración y en los momentos de inhalación dentro de mi cabeza las palabras: hombre de ataque.

