nano day 9

Noviembre 9, 2006

De nuevo Topilejo, comenzaba a cansarme el We are the champions.
Algo dentro de mi me decía que debía enfrentar de nuevo a los perros de seguridad. Alejandro nos había dicho la noche anterior que no estaría presente durante el día.
Marco, ya recordaba.
Se nos dijo que fuéramos a la bodega y eligiéramos un equipo cada uno. El tradicional traje de agitador constaba de una casaca y un pantalón. Los trajes eran de una marca europea y estaban hechos con lino francés. El peso aproximado de cada traje era de 10 kilos. Para ponernos el pantalón debíamos de quitarnos los zapatos y después de ponernos el pantalón, de nuevo poner los zapatos, ya más difícil por lo estorboso que era el traje.
Después la casaca, que para poderla cerrar bien de los broches del pecho, era necesario la ayuda de otra persona.
Cada uno de nosotros salimos de la bodega con los trajes puestos.
Marco había dispuesto el campo de entrenamiento con obstáculos. Nos dijo que debíamos adecuarnos al traje.
Entonces el asunto era comenzar a correr con el traje puesto dando vueltas y brincando los obstáculos.
Frente a uno de los costados del campo había un pedazo de cerro pequeño pero empinado. Era una subida de unos 40 mts y la pendiente estaba pronunciada. Se nos dijo que subiéramos, que la escaláramos con el traje puesto.
Mientras Marco hablaba por teléfono desde la oficina.
Después se nos enseñaron unos movimientos parecidos a las catas de kunfú en donde practicábamos la forma correcta de darle la pierna al perro, entonces corríamos un poco y después estirábamos la pierna izquierda, la ofrecíamos como si fuera un pase en un juego de fútbol. Después lo mismo pero por atrás, es decir, en reversa. Le siguieron ejercicios para ofrecer el brazo.
Para cuando terminó toda esa parte de conocimiento del traje yo ya estaba exhausto.
No se nos permitió descansar. Marco sacó de las perreras al perro de color negro. No dijo que era un pastor belga, que era de él tampoco, que con ese perro se trabajaría es día.
El perro mostraba una ansiedad particular, buscaba como si esperara algo en particular. Pusieron al perro en el centro del ring de trabajo, así le llamaban al campo de entrenamiento: ring.
Colocaron al perro en el centro del ring, otro manejador ya veterano le ayudó a marco sujetando al perro.
Se nos dijo que el perro no avanzaría, sino sólo a la distancia que lo permitía la correa. Que debíamos acercarnos hasta su perímetro de alcance y en ese instante debíamos entrar de la misma forma en que nos había enseñado en la práctica.
Cuando fue mi turno para entrar, me cuestioné la efectividad del traje, se veía grueso, ¿pero como se sentiría una mordida?.
Definitivamente no confiaba en el traje. En cierto momento cuando comencé a acercarme, el perro inició un ladrido insistente, sin parar, guau, guau, guau, guau, guau…
Me pareció que el veterano manejador sabía lo que hacía y que me protegería si alguna cosa mala me pasaba.
Hubo un momento en que me detuve frente al perro a escasos 30 cms de él. No podía caminar más, no quería que me mordiera. No deseaba sentir como se siente que te muerdan, nunca me había mordido un perro.
Entonces escuché el grito de Marco desde la oficina.

⎯Entra ya…se va a desgastar el perro…

Yo no lo veía nada desgastado, ni cansado. Al contrario, estaba furioso, no era adorno decir que escupía saliva a cada instante, que no entendía eso de desgastar bien a bien.
El asunto es que no me quedó más remedio que dar el siguiente paso, como si bajara del Apollo 11 ante lo desconocido y hubiera la posibilidad de que me desintegraran. Sí, el perro era un extraterrestre que me desintegraría la pierna completa.
El tiempo se estiró como una liga y pude anteponer mi pensamiento en la imagen de lo que iba a suceder. Vi como mi pierna era sacudida con fuerza, apenas podía sostenerme en pie. Vi como el perro no me soltaba y esa imagen se destrabó para ahora transcurrir en un tiempo acelerado, y todo eso fue real. ¿En qué momento me iría a soltar el perro?¿Sus dientes traspasarían el traje importado?¿Perdería el equilibrio?¿En qué momento el pendejo ese dejaría el teléfono?…para gritar: ¡quítaselo!
Joder algo me tronó en la espalda.

¬⎯Quítale al perro ⎯grito Marco, como quién dice algo así como: tengo que ir a pagar las tenencias. Escueto y seco.

Cuando el perro me soltó sentí como podía volver a apoyar mi pierna sobre el pasto, como lograba caminar, sí, no me la desintegró.

La primera mordido había sido más ruido que nueces. A esa le siguió otra pero entrando de espaldas. Aquí había que marcarle muy bien la trayectoria al perro. La dificultad radicaba en que entrando de espalda no se podía ver muy bien el momento de ofrecerle al perro la pierna. Se nos dijo que si no marcábamos bien la trayectoria, el perro podría morder en cualquier otro sitio, por ejemplo la espalda.
Cuando fui mordido, sentí un fuerte jalón que de no ser por mi equilibrio, me hubiera mandado directo al suelo.
Era más fácil entrar de espalda porque uno no ve al perro de frente.
Después de estos 2 ejercicios, cambiaron al perro de sitio. Lo pusieron al frente del ring, en el mismo sitio en donde nos encontrabamos.
Marco dijo:

⎯Ahora viene la mejor parte. Van a correr cuando yo se los indique y aproximadamente 20 metros después, lejaré al perro suelto para que los atrape.

No lo podía creer. Sin el manejador veterano no había quién nos cuidara.
El perro estaría en libertad plena. No quería ser el primero.

⎯Si por alguna razón el perro los tira, tápense la cara, cúbranse bien con ambos brazos en lo que el manejador llega a asistirlos.
Tuvimos que sortear los turnos en un chin chan pu. Yo quedé tercero.
El primero en correr fue Pedro. El perro lo mordió en una pierna que se fue escurriendo hasta la parte del traje que quedaba a la altura del tobillo. Después se fue sobre su bota.
El veterano tardaba mucho en correr y llegar a la acción. Fue el tiempo suficiente para que el perro pudiera morder con la suficiente ansía que su colmillo penetró por las costuras de la bota. Le abrió el zapato en dos partes. Después fue turno de Alberto. Él estaba con problemas de sobrepeso pero con todo y eso, el perro no lo derribó. Alberto movió la pierna lo suficientemente rápido que el perro permaneció en donde lo había mordido desde un inicio.
Durante mi turno, me preocupaba mucho poder ver el momento en que saltaba el perro. Quería que mordiera mi brazo porque si me mordía una pierna y era la de apoyo mientras corría, seguro me tiraría.
Corrí algo despació, tenía la cabeza girada de costado para apenas ver una estela que se acercaba.
El brinco del perro para morderme el brazo y yo ofrecérselo, traía consigo demasiada fuerza e impulso. Fue como un jalón brusco, asertivo.
El perro me había volanteado y sosteniéndome con los dedos de la otra mano fue que no caí por completo. Intenté mover y mover el brazo pero la fuerza era mucha y sólo logré mantener la tensión.
El veterano llegó y me dijo que no me moviera para poderme quitar al perro.

⎯ausssss.

Ya en casa no podía sostenerme en pie, estaba exhausto.
Había quemado tanta adrenalina que no tuve la fuerza limpiar el patió en donde dejaba a Tosca. La metí directo a mi recamara y caí sobre la cama.

Estaba ya hasta la madre de los perros de guardia, de tener que pasar por ese calvario diario. Estaba pensando seriamente en suspender la otra parte del adiestramiento.
Debido al corto tiempo del curso y al programa tan extenso, no volvimos a tocar el tema de los perros de guardia. En lugar de eso vimos algo de teoría referente al marco legal de los adiestradores.
Teoría del tipo de cómo seleccionar un perro policía y como arrancar nuestro propio negocio.
Debo insistir en que la parte de los perros de seguridad fue muy basta.

En charlas extra clase me enteré que aparentemente no había examen para acreditar el curso. Desgraciadamente fue una ocurrencia nueva de Alejandro.
Uno de los últimos días para finalizar la quinta y última semana, había pocas cosas ya que ver. Paul estaba explicándonos algo sobre el uso de perros detectores. Alejandro llegó diciendo que debía de entrenar con su perro, que lo íbamos a ayudar.
Los 4 alumnos escondidos detrás de una manpara, él con su perro Azkor. El perro estaba amarrado de la correa a un poste. Alejandro no tenía que hacer resistencia, sólo tenía agarrada esa correa tensa de un jaloneo constante. Azkor echado sin hacer absolutamente nada.

⎯El primero de ustedes con manga de cachorro ⎯dijo.

El primero resulté ser yo porque los demás estaban o en le baño o pagando en la oficina.
Me puse una manga de color verde muy suave, de lino. Azkor no lucía como cachorro, ¿Entonces para qué usar la de cachorro?
Yo no quería hacerlo. No quería salir de la manpara.

⎯¡Qué esperas, apurate ya! ⎯grito Alejandro a lo lejos.

Comencé a agitar a Azkor con una técnica que se nos enseño llamada agitación en civil. Se trata de gritar y hacer aspavientos con movimientos exagerados de brazos, todo para que el perro entrara en alerta.
Azkor no parecía interesarse. Su postura era más parecida a la de un perro echado al lado de su amo mientras éste bebe un café en un restaurant. Yo estaba ya cansandome de hacer aspavientos, mover los brazos, moverme de un lado al otro, como si fuera un gallo oliendo a una hembra en celo.

⎯Acércate más, no ves que está amarrado…

Era una de tantas ocasiones en las cuales, en silencio le decía a Alejandro pausadamente: Chinga tu madre, puto, me cagas la madre…pinche enano de mierda.
Me acerqué escasos 20 cms de Azkor, no me gustaban los pastores alemanes, en eso momento recordé toda una tarde perdida al estudio de la genealogía del pastor alemán. Tuvimos que estudiarnos las líneas más famosas y reconocidas de perros de Alemania. Soplarnos un video de 2 horas del sieger alemán. Ver al enano salir por ahí con un sombrerito ridiculo lleno de brochecitos…

⎯Entra YA…

Mis huevos son tus ojos, cabrón.
Entré, ni modo. Pero entré mal, entrando pero saliendo, sí tenía miedo.

⎯¡MAS ARRIBA CABRÓN.

El hijo de puta me había dicho cabrón eso me encabronó, estaba a punto de irme encima del guey, pero pues como si Azkor me tenía agarrado de la manga.
Así que sin esperar más saqué mi brazo, le dejé la manga al perro y me fui.
No dije nada, supongo que se me notaba la molestia pero no dije nada ni hice nada más.
Al otro día de ese incidente fue el examen. Era la primera vez que Alejandro aplicaría una evaluación para obtener la acreditación de adiestrador p-r-o-f-e-s-i-o-n-a-l.
La parte de la práctica fue hacer una rutina de obediencia con algún perro. Alejandro se había ido a una cita fuera. Entonces yo hice la evaluación con un labrador negro que me encontré en una de las jaulas. Uno de los cuidadores me había dicho ese perro era de Alejandro, que lo estaba vendiendo, que tenía ya la obediencia. A paul no le importó, estaba de los más relajado, para él todo eso era cumplir con el tramite. Además paul y yo para ese momento ya nos habíamos hecho amigos porque ya no sólo me regresaba con él. Días antes, nos habíamos visto porque nos invitó a todos a conocer su nuevo campo de adiestramiento en el Ajusco.
Recuerdo que de todos, sólo pude ir yo porque los demás trabajaban.
En el campo, Paul me mostro si pequeño ring con césped recien puesto, habían un albañil construyendo los muros de los que serían las jaulas. Hacía 5 cajones de estacionamiento perfectamente pintados con cal.
Paul al final del recorrido me dijo que terminando el curso si yo lo deseaba podía trabajar con él. Después de todo yo te enseñé lo que sabes, así que estas capacitado, dijo.
Entonces en la evaluación de obediencia acredité sin pestañear, todo lo hicimos.
Después vino la parte de la evaluación escrita.
Un examen muy difícil porque se nos preguntan mucho tecnicismos y no solamente de las técnicas de obediencia. La parte que todos dejamos en blanco era la de seguridad. Nadie recordaba nada de la seguridad, como si el miedo nos hubiera invadido, no sabiamos nada de principios de seguridad, ni los dispositivos, ni las posibles amenazas, riesgos, frecuencias, tendencias, ¡impactos consecuenciales!…¿Qué era todo eso?…porque si lo vimos.. ¿no?…yo sólo ví colmillos y saliva, pensé.
¿Resguardo de unidades caninas?. Tampoco, cero.
¿Procedimientos operativos del perro?..menos.
¿Especiales?, ¿contingentes?..uhh..no.
Total todo en blanco.
Después llegó Alejandro para recordarnos que el examen tendría un costo de 150 pesos y que sólo podrían entregar el examen los alumnos que hubieran cumplido con el 100% de sus pagos.
El muy cabrón.
Esa noche todos nos despedimos, intercambiamos teléfonos y quedamos de vernos para los resultados, si pasábamos, del examen.

Días después Paul me habló a mi casa para preguntarme si no lo quería acompañar a recoger unos perros en Lindavista. Pasó por mi a un café de Coyoacán y de ahí nos encaminamos hacia el norte de la ciudad.

⎯Salieron muy mal en el examen. ⎯dijo.
⎯Pues si. Estaba muy difícil.
⎯¿Cómo difícil si todo lo vimos?
⎯Sí, pero no le entendimos nada a eso de la seguridad, ya ves que el ring con la obediencia, todos salimos bien.
⎯Ya le entregué los resultados a Alejandro y ninguno pasó, el que salió más alto fue Pedro y tampoco pasó.
⎯¿Y entonces?
⎯Pues no sé qué vaya a hacer Alejandro.
⎯¿Y nuestros diplomas?
⎯No sé.

Después de eso, Paul me contó que ibamos a una compañía de seguridad privada. Policía bancaria específicamente.
Resultó que Paul había entrenado esos perros tiempo atrás, que les había elaborado todo un programa de las unidades caninas y qué de pronto la compañía hacía cerrado. Entonces nos encaminabamos a una bodega en donde tenía algunos camiones de transportes de valores y ahí estaban los perros.

⎯¿Y porque los recoges? ⎯pregunté.
⎯Me los están regalando. Uno ya está viejo, por cierto, se llama también Hunter. La otra es una hembra joven y muy bien conformada se llama Jade. Son Rottweilers.

Cuando escuché eso sentí como si esos perros fueran a morderme de nuevo. Eso junto con el humo del cigarro de Paul, me hicieron que me sintiera mal del estomago.

⎯Mira, me compré una torreta para el auto en un puesto de fayuca. ⎯dijo Paul, sacándola de su cajita made in china y colocándola sobre el tablero de su shadow.
Me dolío un poco mas el estomago.

Cuando llegamos al lugar, parecía un taller de hojalatería. Los maestros mecánicos eran los mismo policías.

⎯¡Qué pasó mi Paul! ⎯dijo uno de ellos.

Todos los ahí presentes recordaban a Paul, y sonreían como si hubieran pasado buenos momentos juntos.
Uno de ellos, un poco menos salvajito, salió de un cuartito junto con el sonido de una vieja canción de los ángeles azules:…cuanto te vi pasar, me hiciste recordar, un hermoso sueño…de una mujer especial…
Después de saludarnos esta persona le dijo a Paul que él se hubiera quedado con Hunter pero que no tenía lugar para él en casa. Que era un perro bien cabrón.
Nos acercamos los tres a una esquina en donde había una jaula improvisada debajo de una escalera. Ahí estaba Jade, la hembra jóven. En un bajo al lado de una oficina se encontraba Hunter.
Por los murmullos me dí cuenta que los guardias le tenían miedo a los perros, varios dejaron a un lado su trabajo para ver como es que Paul se metía, les ponía el equipo y los subía al auto.
Reían como paisanitos de nervios. Yo puse el rostro sería como si diciendo, heyyyy, esto no es un circo regresen a trabajar.
Paul encendió entonces un cigarro, tomó unas correas de piel muy extrañas y se aproximó a los perros, les puso el equipo y salio a la calle con ellos.

⎯Quiero que hagan del baño antes de emprender el regreso. ⎯me dijo.

Me intrigaba mucho la forma en que iríamos a regresar con dos rottweiler enormes, todos en el mismo auto.
Paul los subio y amarro las correas a la parte trasera del asiento, los perros por mas que se aventarán nunca alcanzarían a rozarnos la cabeza, ¿O si?
El regreso fue muy cansado, del lindavista al Ajusco es un trayecto que en medio del trafico con dos rotts es algo muy extraño.
La gente en los semáforos nos volteaba a ver, los perros se estaban deshidratando me comentó paul.
En el campo del Ajusco ya estaban sus jaulas nuevas, con cubetas de agua fresca. Paul los bajo del auto, los volvió a relajar como lo llama y 1º minutos después los metió en la jaula, cerró todo muy bien y salimos de ahí. Fuimos a Coyoacán nuevamente y en el sitio en donde nos quedamos de ver ahí mismo de dijo para que yo tomará el metro de regreso a casa.

¬⎯Mañana voy a ver a Alejandro para saber qué va a pasar con el examen.

Regresé a casa y me encontré a mi perrita tosca semidormida, le puse el collar y salimos por la tarde a casa de Roberta. Le conté todo mi día como algo muy nuevo para mi, en realidad lo era, le dije que habiamos reprobado todos y que no me importaba ya mucho que no me dieran el diploma, ya que lo más importante había sino haber aprendido y que ahora la situación era otra, ahora que Paul comenzaba a llevarme con él.

Una respuesta para “nano day 9”

  1. carlos mier y teran l Dijo:

    me gusto tu relato de esta experiencia yo radico en rosarito bc y me dedico a adiestrar perros no tepreocupes por el diploma recuerda ademas que no a todos se nos da el ser agitador o adiestrar perros de proteccion tu puedes tener la sensibilidad para adiestrar perros de obediencia y en agilidad que es lo que la mayoria de la gente quiere y ahi esta un buen negocio recuerda que la mayoria de los clientes solo quieren un perro educado cuando yo era nino a lo que mas le temia es a los perros hasta que descubri a travez del tiempo y estudios de psicologia y etologia canina como entenderlos no te desanimes por el diploma si no por tener buenos maestros y aprender lo que tegusta y necesitas
    saludos


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