Después de algunos días Paul me llamó para decirme que Alejandro había decidido volver a aplicar el examen. Tuvimos 3 días para estudiar los apuntes y dar un repaso con Paul. Volvimos a presentar casi el mismo examen y de nuevo todos reprobamos. Durante esos días entre un examen y otro, Paul y yo nos vimos para tomar un café en coyoacán.
⎯Me gustaría que trabajaras conmigo en el campo. ⎯me dijo.
El ofrecimiento constaba de lo siguiente. Paul había firmado un contrato con otra compañía de seguridad para encargarse de su división canina.
La compañía de seguridad tenía sus propios perros, no sabíamos de donde los habían sacado, algunos estaban medio entrenados, otros no. Aun los perros no entrenados tenía un manejador. De hecho así sin entrenamiento esta compañía los rentaba a terceros. En total eran 17 perros repartidos por el DF y otros en la ciudad de Puebla.
El ofrecimiento que me estaba haciendo Paul consistía en retirar del servicio uno por uno los perros, dejar otro propiedad de Paul y entrenar en 30 días al perro para que obedeciera y cuidara la propiedad.
Estaba contento por el ofrecimiento de Paul, nunca pensé que obtendría un trabajo a los pocos días de terminado el curso, mucho menos que el curso en teoria lo había reprobado y que lo primero que iría a hacer sería entrenar perros en guardia y defensa.
Acepté.
El primer perro que recogimos para que yo lo entrenara estaba en una fabrica de cemento por el barrio de San Antonio.
El camino me resultaba extraño, desconocido. Yo no salía mucho de casa, vivia en un sitio en donde todo quedaba cerca y no tenía necesidad siquiera de tener auto.
Me tensaba un poco ir por ese barrio lleno de gente pobre y fabricas.
Paul lucía relajado, con su cigarro en la boca, la torreta amarilla dando vueltas sobre el tablera del auto y en la parte de en medio del auto pequeño cilindro delgado.
⎯¿Y eso, qué es? ⎯pregunté.
⎯Ahhh, pues es mi bastón retractible táctico.
⎯¿Quéeeeee…?
Pues sí, era un bastón de acero colado de 30 cms de largo que al hacer un movimiento con él, se deslizaba y se alargaba a más de un metro. Un tubo de acero de un metro, un arma eso era.
⎯¿Y para qué lo usas?
⎯…Defensa personal.
⎯¿Y eso es permitido?
⎯Bueno no, pero si laguen de dice algo le digo que es para amansar perros locos.
⎯Ya.
Perfilamos el auto frente a un gran portón deslizable, en las esquinas había espejos y camaras de video. Un guardía nos abrió la puerta.
⎯Somos de supervisión canina.
Pinche nombre pero eso éramos, supervisores caninos.
Pasamos con el auto y después de presentarnos con el supervisor y de registrarnos en su bitacola, nos dijeron que debiamos de ir en el auto a la parte trasera de una bodega en donde se encontraba el perro de nombre Nerón y ellos llamarían al guardia para que nos alcanzara allá.
Se veía al fondo una jaula cubierta con un techo de lona color azul. Había polvo de cemento por todos lado que ya comenzaba a picarme la piel.
Al acercarnos el perro comenzó a ladrarnos, para mi en ese tiempo el ladrido me parecía normal, un ladrido equis.
⎯Tiene miedo el perro. ⎯dijo Paul.
⎯¿Cómo miedo?¿Cómo sabes?
⎯Por el tipo de ladrido, la frecuencia es espaciada, el tono es agudo.
⎯Pero si está en su jaula, ¿De que tendría miedo?
Paul me volteo a ver y sonrió.
Cuando llegó el guardía que lo manejaba yo me fui de espaldas porque era un tipo con mucho sobrepeso, chaparro, moreno, Oaxaco vaya.
⎯Que tal oficial… ⎯le dijo Paul.
⎯¿Oficial…eso? Noooo ⎯susurré.
⎯Que tal. ⎯el oaxaco articuló.
⎯¿Podría sacar a la unidad? ⎯dijo Paul y apenas se le entendió con el cigarro en la boca.
¿Unidad…de qué hablaban? Está muy mamón todo este pedo, pensé.
El oficial, como lo llamó Paul se dirigió a una caseta de vigilancia que estaba a pocos metros de ahí y sacó un pedazo de metate de esos amarillos para tender la ropa. El bruto pensaba sacar al perro con eso.
⎯¿No tiene equipo…?
⎯Aquí no nos han dado nada. ⎯respondió.
⎯Pues para eso estamos nosotros aquí. Ahora nos vamos a llevar al perro a entrenamiento y se lo devolveremos con collar y equipo cmpleto.
⎯EEEE. ⎯Así hizo el oaxaco, lo juro.
⎯Sáquelo con lo que lo saque para que nos muestre qué sabe hacer el animal. ⎯le dijo Paul.
¿Cúal de los dos?, pensé.
Cuando el gordito iba a sacar a Nerón yo me acordé de cuando saqué a Hunter. Observé detenidamente esperándome lo peor, tuve ganas y lo hice, me fui caminando al auto diciendo que había olvidado mi teléfono. En realidad esperaba que el perro se le escapara desbocado, no quería correr ningún riesgo.
A medio camino voltee y ví que ya lo tenía agarrado con su mecate. Regresé.
⎯¿Qué sabe hacer la unidad?, muestreme.
⎯Camina ire…EEEE ⎯contestó el o-f-i-c-i-a-l.
Me llamaba mucho la atención Paul porque no parecía enojarse, ni siquiera molestarse, por el contrario, lo tomaba serio. Normal.
⎯¿Y qué más sabe hacer?
⎯Pos ya, nomás.
⎯Demelo entonces y dele a mi compañero sus platos de la comida. ⎯comentó Paul.
⎯No tiene plato, si come en el suelo. Ya de vez en vez la señora de que hace la comida le trae unos chilaquiles pero se los damos directos con la olla.
Hay no mamés, dije sin miramientos, valiéndome.
Paul tomó al perro del mecate y le hizo la observación al guardia de que la unidad canina estaba descalabrada.
⎯Es que lo vecinos de allá riba, pues le tiraron un pedrada.
⎯Ya. ⎯contestó Paul, llevandose al perro al auto y ahí le puso un collar y una correa de su propiedad y le regreso su mecatito al o-f-i-c-i-a-l.
Volvió a amarrarlo como lo había hecho con Hunter y Jade.
La torreta reinició sus vueltas y nos encaminamos a la puerta principal.
Tuvimos que volver a firmar nuestras respectiva salidas.
Como experiencia había estado bien pero no creía que pudiera lidear con eso todos los días.
De San Antonio al Ajusco, de nuevo el tráfico, Nerón estaba muy nervioso, eso lo noté porque como que buscaba al gordito.
De nuevo había una jaula libre para meterlo.
Paul me dijo que a partir del día siguiente yo tendría que venir, abrir, sacar, sí…SACAR a Nerón y comenzar a conocerlo dándole simplemente unas vueltas con la correa puesta.
⎯Esto no se debe de hacer, pero le voy a dejar por esta vez el collar puesto para que te sea más fácil nada más ponerle la correa y sacarlo. ⎯me dijo Paul.
Al otro día yo ya tenía llaves del campo, el recorrido de mi pequeño suburbio al Ajusco me había llevado 2 horas. Cuando llegué los 3 perros comenzaron a ladrarme a lo lejos desde sus jaulas.
Así fue como comencé a trabajar en el campo para Paul.
Estaba muy nervioso yo ahí sólo con los tres perros. Era el mes de Enero, hacía frío, pero no en ese momento.
Decidí tomármelo con calma, primero instalé muy cosas en una mesa de plástico, después decidí que tenía hambre y salí a la tiendita de la esquina por algo de comer.
Después de una hora, y un silencio total, los perros en sus jaulas durmiendo y yo del otro extremo con mis papitas, pensé que ya era tiempo de sacar a Nerón.
Comencé a hacerme a la idea de que no me pasaría nada, que eso mismo ya lo había hecho con el otro Hunter en Topilejo y que si un gordito con un mecate podía interactuar con el perro, yo más.
Sí, Nerón parecía asustado. No hacía absolutamente nada. Cuando me acercaba a la zona de jaulas Hunter y Jade me ladraban pero Nerón sólo me veía.
Ahí frente a la jaula pensaba en mi reto del día, sacar a Nerón a dar un paseo por el pastito. Solo era eso, que nos conociéramos y que nos fuéramos perdiendo el miedo mutuo. Me hubiera gustado que el perro me tuviera miedo y yo no a él, pero las cosas eran diferentes: yo le tenía miedo y él estaba muy sacado de onda.
Bueno ya, pensé. Se estaba haciendo tarde yo llevaba ya ahí más de 2 horas y no podía cumplir con la tarea que se me había encomendado.
¿Y si el perro me muerde, qué hago si estoy solo?, ⎯pensé.
¿Porqué no venía Paul a sacarlo y después de un rato de estarlo paseando, me lo da y ya?, yo lo paseo otro ratito y así…
Pensando que tenía todo el tiempo del mundo, que no estaba con la presión de Topilejo, pensé en lazarlo con la correa.
Abría la reja y cuando en perro se acercaba yo la cerraba. Preparé mi correa abierta, con un circulo del tamaño de una llanta de trailer.
⎯Ven, ven chiquito, aquí, ven ⎯le decía a Nerón.
Supongo que el perro ya estaba hasta la madre de que cuando la reja se abría y él venía, la reja se cerrara. De pronto ya simplemente no vino, se echó en el piso, exhaló aire y dijo algo así como: eres un pendejo.
⎯Pinche perro, no soy un pendejo, nada más acercaté de nuevo y vas a ver lo pendejo que soy.
Nerón estaba listo para tomar una siesta.
⎯¿Entonces no quieres salir, guey? ⎯le dije.
Nerón me tiró de loco.
⎯No me ignores, cabrón. ⎯le dije.
Me ignoró. Entonces ante su pranganes y hueva, no me quedó de otra que meterme a la jaula y arrojarle la correa sobre la cabeza.
El perro siguió inmóvil.
La correa ya estaba sobre él, sólo necesitaba algo de suerte, que se levantara y la correa caería dentro de su cuello.
⎯Hey, hey…move it.
Nada. Nada.
En mi bolsa de la chamarra tenía la mitad de un cuerno de pan, lo saqué y se lo arroje al frente. El perro se movió para comérselo y en ese momento la correa cayó dentro. Salí corriendo de la jaula con la correa en mano y Nerón de un lado.
⎯Te chingué…guey…
No, pero si no haces nada, ¿Eres buena onda verdad?
Le di un paseo de 15 minutos sobre el ring, el perro orinaba algunos arbustos. Durante ese tiempo lo acaricié varias veces. Sin soltar al perro fui por su plato y lo llené de croquetas, después coloqué el plato en el suelo. Nerón comió un poco y segundos después se desinteresó. Lo llevé a su jaula, lo metí y ahí dentro con él, le quité la correa.


Noviembre 20, 2006 a 4:54 pm
jo! le encontre
Noviembre 20, 2006 a 11:07 pm
sí lo hiciste…..