Otro mes de diciembre. De nuevo este sentimiento de vacío.
Recostado sobre mi cama: escribiendo.
2 a.m.
Tirando dardos, tratando de atinar al centro.
En 1996 tomé la decisión de escribir, trato de hacerlo 10 años después.
Apago mi cigarro, no me siento feliz.
Bajo la brillantez de la pantalla, pongo atención en la música que escucho.
Creo que no necesito muchas cosas en la actualidad. ¿Un deseo?…me gustaría sorprenderme. Podría leer un libro, pienso en todo la información que proceso durante el día.
El éxito en cualquier actividad creativa se produce en el instante mismo en que uno logra tocarse a si mismo. Soy el más duro de los críticos de mi obra. Dicen que cuando uno hace algo debe de hacerse pensando en cómo nos gustaría a nosotros que fuera la obra por realizarse.
Esta noche no tengo sueño.
Enciendo otro cigarro.
Afuera, esta noche el termómetro marca 4 grados.
A veces ni mis fotos, ni mi podcast me hacen feliz, ni mis perros, vaya.
Supongo que no importa mucho.
La vida es demasiado corta y se pasa demasiado rápido para leerlo todo, por ejemplo.
Me pregunto si los demás creadores no se desesperan. Si no llegan al punto en que una vez culminada su obra, se sienten aún incompletos.
30 minutos después, todo, absolutamente todo, sigue igual.
220 palabras y pareciera que no dijera nada.
Trataré de dormir pensando en la razón de intentar escribir.
¿Hay algo en realidad que quisiera decir?
No lo sé.

