Leo el blog de Volpi y me da algo de risa.
Y es que todo parece tan serio y formal; tan intelectualizado, que me causa más risa que otra cosa.
No se trata de tirar mala leche por tirarla, y mira que el tema del dolor es bueno pero…
Quién soy yo para juzgar estos excelsos versos; cito:
Odio ser humano. Huyo entre las sábanas y, apenas parpadeo -el espejismo de la noche-,reencuentro mi estirpe carroñera. Mi consuelo es no haberme jamás reproducido, o así lo espero.
…vamos, sólo es una probadita.
Por supuesto que es un buen ejercicio el garabatear los procesos creativos más íntimos.
Entonces aparece esto:
Una última aclaración. Quiero escribir a mano, sentir las palabras, una a una, como si fuesen un cargamento que debo llevar de un extremo a otro del desierto. Pero no quiero, no quiero en absoluto, acercarme a la prosa poética o al poema en prosa o a la prosa de poeta. Espero huir de cualquier tentación lírica, de esa melopea y esa orfebrería que tanto fascina a algunos escritores. Detesto los fuegos de artificio. Esos párrafos sinuosos, musicales, plagados de imágenes y metáforas, que no hacen sino exhibir la pedante maestría de sus autores.
Busco la solidez de la roca, reniego del aire.
Debo reconocer que es bueno, pero al fin ejercicio primigenio del blog en el cual no hay una homogeneidad en cuanto a calidad de los post.
Que increíble descubrimiento para mi y mi estudio sobre nuevas tendencias en la narrativa creativa aplicada a medios electrónicos.
Por ahí anda una compañía ofreciendo los servicio para la impresión de tu blog con todo y comentarios.
Definitivamente el de Volpi, necesitará unos 6 tratamientos mínimo, para quitar todo ese aire, que no estilística, que lo hace ser lo que es.
Usted diga.
Tags: blog, literatura, novela, volpi


Diciembre 4, 2007 a 11:37 am
WOW
Diciembre 4, 2007 a 1:33 pm
Me parece que, en términos de legitimidad, se vale. Cada quien puede escribir como sea y como quiera. Quizá una de las bondades de estos medios de comunicación cuasi instantáneos o estas publicaciones personales, es que nos permiten aproximarnos a una mayor atenticidad, pero… (Dios, mío, lo diré de nuevo, a ver si el entrecomillado lo aliviana y no caigo en cacofonías): esta “autenticidad” (ser lo que es) no es el único ingrediente de la creación literaria, así como tampoco podemos decir que una bonita letra es la clave para alcanzar la Literatura que, me imagino, es a lo que, de uno u otro modo, se aspira. (Soy cacofónico)
Ahora, definitivamente, Volpi tiene sus admiradores y son tan respetables como aquellos que leen best sellers o se regocijan ante un libro vaquero.
Claro que a la hora de hablar de Literatura, debríamos exigirle a ésta la capacidad de alcanzar diversos públicos. Como ejemplo, quizá, podamos citar a Gabriel García Márquez que, en su momento (e incluso hoy en día, me atrevería decir), lo leyeron con similar deleite tanto “eruditos de las letras” como el público en general.
De Volpi leí “En busca de Klíngsor”, la más publicitada, y otra de sobre una isla del apocalípsis, ubicada en Grecia… y creo que otra novela más que ya no recuerdo… Quizá se trate de los efectos sobre mi memoria de este mundo marketero.
Se nota que el cuate anda en una búsqueda estilística, o jugando con eso, quién sabe. Como hacemos todos los que nos hemos clavado con los trebejos de las letras, unos con estilos más afortunados que otros, claro está. Unos tomándoselo más en serio que otros, también. Y, finalmente, como hacen aquellos que saben vivir del simple hecho de escribir.
Sobre Volpi y su escritura, habla su propio juego con las letras. No demerito su trabajo, pero prefiero leer otras cosas.