Cinco semanas después regresamos a la cementera a devolver a Nerón.
Volvimos a hacer el tramite para entrar y llegar hasta el punto en donde se encontraba la jaula de Nerón. Afortunadamente el guardia seguía siendo el mismo. En este rubro la rotación del personal es bastante frecuente. Y digo que afortunadamente porque un guardia nuevo hubiera implicado que no conociera al perro, que quizá hasta le diera miedo.
No recuerdo el nombre del guardia, en mi mente sólo estaba aquella imagen de cuando llegó la primera vez con su mecatito.
Nerón comenzó a recordar el lugar al que había pertenecido. Los aromas que lo situaban en un entorno familiar y conocido.Dimos inicio con la demostración de la obediencia. Los ejercicios, los sabía bien. La demostración la hice yo, después de todo yo lo había entrenado.
Después de dar la demostración, le pedimos al guardia que tomara a Nerón y comenzara a trabajar con él. Yo comencé a ser muy estricto con el guardia, tanto que en cierto momento dejaba que me llegara a colmar la paciencia porque no estaba siendo capaz de que lo obedeciera de la misma forma que a mi. Paul tuvo que continuar con el guardia mientras yo me fui unos instantes a tomar un paseo por la cementera. Paul me hizo una seña desde lejos indicándome que regresara, que era momento de la agitación de Nerón. De nuevo otra demostración, para ello, fueron llamadas más personas que querían ver la forma en como había sido entrenado el perro.
Esperamos a que vinieran dos supervisores para dar inicio. Yo manejé a Nerón y Paul con el traje ya puesto fue el agresor.
Hicimos exactamente lo mismo que hacíamos cuando entrenamos en la etapa final. Le dí la orden de alerta a Nerón y éste reaccionó inmediatamente con un ladrido. Después paul comenzó a moverse de manera extraña de un lado a lado, con su cigarro sobre la boca, explicando el proceso entre dientes. Nerón mordió, fue una forma suave que sólo el agitador lo sabe, por las que motivé al perro, lo cargue de animo, pero él mordía muy flojo. Así lo juzgue yo, aunque a los ojos de los presente, Nerón los había sorprendido.
Decidimos que Nerón estaba algo distraido y cansado como para que el guardia lo tomara y lo hiciera. Paul les dijo que lo dejariamos así, que en un mes que regresáramos daríamos un repaso a su trabajo en obediencia y que comenzaríamos a trabajo con el guardia en el trabajo con mordida.
Recuerdo que debí de haber descansado un par de días sin entrenar a ningún perro antes de que fuéramos esta vez a un predio ubicado en el estado de México.
El perro respondía al nombre de Jako. Cuando llegamos al sitio no dijeron que debíamos esperar un momento en lo que guardaban al perro para permitirnos el acceso. Ya estando dentro, nos explicaron que aquel sitio había sido una fabrica de cemento que en ese momento estaba sin funcionar. Desconocíamos más detalles. Cuando preguntamos por el perro, nos dijeron que se trataba de un bull terrier. Yo no tenía bien claro cual era esa raza del bull terrier. Un guardia muy alto y moreno se encaminó hasta un sitio en donde lo tenía dentro de una jaula.
Y apareció jako…si…nunca podré olvidarlo, si eso era un bull terrier yo había visto muchos, sobre todo en películas. Esa el clásico perros de barrio utilizado para las peleas. Jako era negro y muy muy fuerte, era un macho en esa edad en donde ya tiene mucha vida recorrida y el colmillo les da vuelta y media. Esta sobre entendido entre paul y yo que, a partir de ese instante yo estaba de observador. Paul le pidió al guardia que lo caminara un poco. En el andar de Jako había una caminar dominante, de reto, de orgullo. Paul con su cigarro le dijo al guardía como debía de pasarselo. Por supuesto no de frente, así era como se había producido muchos accidentes de mordeduras. En cierto momento muy rápido sin casi percatarnos nadie ya lo tenía Paul en sus manos. Inmediatamente se lo llevó a dar un paseo. En minutos paul se dio a entender con el perro.
No platicamos mucho con los guardías, parecía un sitio en donde los habían abandonado, a los guardias con el perro. El guardia alto también estaba gordo, era medio pasguato. El otro, una rareza. Cuando le contestaba las preguntas que me hacía no dejaba de observarlo, sobre todo las cejas, si creo que si, ¡!!las trae depiladas!!!
Este pinche guardía es trasvestí por las mañanas o noche o en su turno de descanso. Hablaba de una forma amanerada, tenía ambas cejas depiladas y en sus ojos había rastros de origines asiaticos. Pinche geisha, pensé.
Paul subía a Jako a su auto por la parte de atrás, yo tenía algo de miedo y estaba molesto de cómo hacía de mal las cosas Paul. Lo profesional era que Paul llevara una pick-up con jaulas para poner a los perros de seguridad con los que lidiabamos, no treparlos así como así a la parte trasera como si fueran cualquier mascota. Yo tenía miedo de que en un desplante de desconocimiento jako, que iba de pie en el asiento trasero, se enojara por cualquier cosa y que arremetiera contra lo primero que se encontrara: nuestras cabezas.No te preocupes, lo voy a amarrar de la correa a las anillas de respaldo del asiento trasero y no tendrá oportunidad ni siquiera de acercarse. comentó Paul medio burlandose.De cualquier modo yo venía a las vivas y con medio cuerpo echado completamente adelante como quien observa la parte delantera del cofre detenidamente.En el campo Paul bajó a Jako, lo relajó y después lo metió en la jaula en donde había estado Nerón. Después me dijo.Éste si quieres me lo echo yo.
Yo creo que si, porque no me siento muy seguro, se ve medio…medio..loco.
Si yo me lo echo, entonces mañana vamos a ir por otro a San Antonio, cerca de la cementera en donde está Nerón.
Cualquier otro en lugar de Jako estará bien. rematé.Antes de cualquiera de nuestras diligencias, paul y yo nos veíamos en un café barato que había en Coyoacán. Yo desde que recuerdo había sido aficionado al café de altura, ese café que paul ya llamaba la oficina por la frecuencia a la que íbamos no era nada bueno, parecía como de sobrecito.
Lo que a mi me gusta del sitio es que vendían donas muy ricas de glaseadas de maple, que eran mis favoritas.
Después de la dona y el café de sobrecito nos fuimos por el siguiente perro que en un papel decía que se llamaba Tapón. La dirección estaba mal, no estaba por San Antonio sino hasta la hermana república de Tlahuac.
Buenos tours me aventaba conociendo la ciudad con Paul y si torreta china.
Esta vez fueron unos condominios habitacionales. Al parecer, la cementera había invertido en esa unidad o conjunto de casas y el proyecto se había venido abajo. Creo que la cementera se quedó por haber invertido, con el predio y sus casas aun en obra negra.
En la primer casa abandonada, ahí vivía el guardia con Tapón.
Cuando estacionamos el auto, salió un Rottweiler que no le pedía nada, pero nada a Jako.
El guardia tardó en salir. Paul me dijo que los guardias solían dejar al perro afuera para que cuidaran y ellos mientras se dormían. Las nuevas consignas que había elaborado Paul y que le habían autorizado en la compañía decían que no podían estár los perros ni suelto, ni amarrados; debían estar en todo momento con su manejador. Incluso si tenían que ir al baño, bueno casi así.
El guardia de tapón era joven. Salió todo modorro de la casa en cuya puerta había un pedazo de tablón de madera.
La diferencia entre tapón y Jako era que tapón era un perro joven como de un año y medio.
Paul volvió a ocuparse del perro y lo llevamos con nosotros al campo.
En esta ocasión para comenzar a habituarme a tapón yo mismo me ofrecí a bajarlo del auto de Paul. Tapón traía su collar y correa, lo que hice fue solamente abrir la puerta del auto para que brincara y cuando bajó pisé la correa y rápidamente la sujeté. El aroma del campo llamaba mucho la atención de los perros. Todos los perros que llegaban ahí prácticamente al principio se olvidaban de quién los llevaba, por estar reconociendo todos esos olores a otros perros, y el campo era fértil aun, me refiero a que era nuevo, pocos perros habían llegado ahí.
Entonces en la jaula 1, Hunter, en la 2, Jade, en la 3 Jako y en la cuarta entró Tapón. Se colocaron unas tablar pisapapeles con el historial y status de los perros, cuándo habían llegado y qué era lo que debían aprender.
Más valía que Paul llegara todos los días porque cuando le tocara el turno de salir a Jako, si estaba solo no pensaría en sacarlo.
Al otro día llegué y comencé sacando a Hunter y a Jade que para esas altura ya salían solos. Después fue momento de comenzar a granjearme a tapón. ¿Cómo?…pues igual que cuando estuve en la UCA, meterme dentro de la jaula, lograr ponerle el equipo y salir de ahí inmediatamente. Por alguna razón cuando lo hice me percaté de que estás jaulas de Paul tenían mejor iluminación que las de UCA. En UCA todo fue como un sueño oscuro, aquí todo brillaba de luz. Tapón estaba sacado de onda. De las cosas que aprendí muy temprano fue que cuando a un perro lo sacas de su entorno, el perro pierde seguridad, no se siente en su territorio, se siente en un lugar extraño, vulnerable. Entonces Tapón…¿porqué le habrían puesto ese ridículo nombre?…¿no podía yo llamarlo de otra forma cuando menos el tiempo que me tomaría entrenarlo?
Tiempo después me enteré que a tapón lo habían tenido desde que había sido un cachorro, y siendo Rott y negro y gordito…ya…parecía un taponcito de tina…que pinches cursis los guardias.
Ok TA-PÓN…ha llegado tu hora de que me obedezcas.
Saliendo de la jaula lo relajé dejandolo que olisqueara como 10 minutos, después lo acerqué al ring de trabajo y cuando se separaba mucho siguiendo un aroma, comenzaba a jalarlo y a decirle NO. Era un no como de malo, había aprendido que se debía de decir en un tono grave, y alargado…NOOOO…sin gritarle tampoco, claro.
Entonces como que no queriendo la cosa, yo lo jalaba cerca de mi…NOOOO…NOOO guey…lo de guey yo se lo agregaba porque no estaba dispuesto a decirle Tapón.
Ese día su entrenamiento duró 10 minutos, era suficiente para un primer día. Me preocupaba que Paul no llegara a sacar a Jako quien en tan sólo 24 horas ya había mordisqueado y doblado la malla ciclónica de la puerta de su jaula. Yo me acercaba a la jaula y me ladraba como diciendo: Que me vez pendejo. Pendejo tú puto..vas a ver ahorita…
Afortunadamente para mi, Paul llegó. Traía el aserrín para las jaulas, que espolvoreo de una forma muy caotica. Tomó una tapa de un bote de basura y la usó como pala o cuchara y comenzó a aventar así el aserrín. Yo soy un poco alergico al polvo así que tuve que ponerme a regar el pastito mientras paul arrojaba el aserrín.
Todo lo hacía demasiado rápido.
Cuando llegó a la jaula 3 dijo:Ora si, lo voy a soltar a que se relaje. No te muevas mucho, no te va a pelar.
¡¡¡Qué!!!!!. Nooo…¿Cómo que lo vas a soltar?¿Así suelto, suelto?
No pasa nada.Apenas terminé de escuchar el n-a-d-a cuando ví salir como un toro chiquito desbocado. Me caí que le doy un manguerazo aunque se cague de risa. No eso no serviría de nada. Y entonces yo caminé y caminé..despació, despacio..hasta el carro de paul, muy cerquita por si se me venía encima, pues brincaba al cofre y después a techo. Si que estaba novato aun. Creía que lo perros no subían a los techos de los coches cuando en verdad desean algo.Tapón…ayudame pensé.Jako se fue directo a una zona de árboles a orinarlos todos. Comenzaba al primer día ya a marcar de una forma muy marcada vaya, su territorio.
Paul lo llamó con un chiflido muy guarro.
El perro vino…siii..fue con él y medio dejo digamos ponerse el collar.
Entonces Paul sacó sus salchichas y comenzó a darle salchichas mientras caminaba con él. No es posible que le acerque la mano a ese hocicote.
En fin, yo como que regaba y veía.
Su clase también duró 10 minutos como la mía. Lo metió a su jaula y dijo:Nos vemos.Tapón no tenía los problemas de Nerón. En realidad nunca hubo problemas con él. A pesar de todo lo que pudiera pensar del prangana de su manejador, Tapón era un perro estable y seguro.
Cada vez que observaba a Jako me llamaba mucho la atención.
Cada día que llegaba a su jaula la malla estaba más dañada, comenzaba y ver baba y sangre en ella y la cubeta del agua presentaba hoyos en la parte superior. Como si en nuestra ausencia librara batallas o estallidos coléricos de desesperación.
Mientras paul lo entrenaba me hablaba de la raza a la que pertenecía Jako. Estaba mal dicho Bullterrier, era como un calificativo genérico. El nombre correcto de la raza era American Pitbull Terrier. Grande como sus quijadas y su empeño en destruirlo todo.
Paul me contó que desde hacía un tiempo pertenecía a la Sociedad de pitbull. Era juez en las pruebas de obediciencia y temperamento. Me dijo que en unos meses habría un evento y que me invitaba a conocer cómo es que era aquello: Yo luego luego me imaginé peleas y malandrines.Nooo, vas a ver como todo es armonía y no veras ninguna roce entre los perros. Hay más pleitos en la Federación con los perros de belleza que acá.
Sí, me gustaría ir. le dí el avión a Paul.Llevábamos 3 perros y todavía faltaban muchos más.
Paul fue sólo a entregar un día a Tapón cuando estuvo listo porque yo comence a entrenar perros caseros en obediencia. Me refiero por caseros a los perros familiares, nada que ver con la guardia y protección.
Paul ofrecía ese servicio en su página de Internet. La que yo le acababa de rediseñar. Había uno que otro despistado que le hablaba y Paul amarraba el trabajo confirmando que iría a visitarlos personalmente.
Me ofreció el trabajo como un extra además de los perros de seguridad. Me dijo que se trataba de un labrador, tu raza favorita, me dijo, que la casa quedaba por el aeropuerto.
El perro se llamaba Zeus. Entonces ese día que Paul fue a dejar a Tapón de regreso yo estaba conociendo al tal Zeus.
Era una excursión ir hasta el aeropuerto.
Zeus resultó ser el perro de una familia humilde. Aunque el hijo de la familia, el que había contratado el servicio, tenía un buen trabajo y ganaba bien. Al dueño sólo lo ví esa primera cita. Después como el adiestramiento era a plena mañana, él trabajaba, y con quien me entendía era con su mamá. La señora era buena persona. Todos los días debía de firmarme una hoja que paul me daba en donde decía la fecha que iba. Era una forma de comprobación de que efectivamente se le habían dado las 24 clases que comprendían el adiestramiento. Eran 4 clases por semana, así lo había estipulado Paul porque cuando él lo hacia, había un día, los martes, en que no circulaba su auto-patrulla.
Esos adiestramientos a domicilio se daban en la calle, había que sortear otros perros que rondaban en la cuadra. Para el caso de Zeus ese era uno de sus problemas, cuando veía otro perro se ponía como loco y quería ir a toda costa a pelearse. Era un perro de patio, con poca vida social, era una consecuencia de su estilo de vida.
A los pocos días de estar entrenando a Zeus, Paul me dijo que ibamos a postergar un poco lo de los perros de seguridad porque había salido otro adiestramiento de una hembra de pastor alemán en Colinas del Sur.
Esa perra ya no recuerdo como se llamaba. Vivía junto con otro perro viejo, también pastor alemán.
Entonces durante ese mes no fui al campo, ni entrené perros de guardia. Me dedique a Zeus y a la pastor.
Zeus era un perro chafa de esos labradores que tiene más larga la cola de lo normal. Supongo que las personas que se lo habían vendido a esta familia, al ver que el perro tenía demasiado larga la cola optaron por cortársela un poco, así de fácil. El perro se veía peor.
Recuerdo que todo iba muy bien con el adiestramiento. Era ya mi rutina irme en camión al metro de ahí en metro hasta cerca del aeropuerto y de ahí caminar como 6 cuadras. Siempre me importó el tiempo perdido que pasaba transportándome así que me fui a una de esas librerías de viejo y compré varios libros usados que habñaban de perros. Me cumpré una enciclopedia canina y 2 libro de problemas de conducta. También uno de cruza de perros.
Mientras llegaba con Zeus, leía y subrayaba mi librito de corrección de comportamiento. Siempre que llegaba con Zeus la mamá del dueño de decía.Señor, ¿adiviné ahora que hizo?Entonces yo acabando de leer mi librito minutos antes le respondía con cualquier cosa y solución a la mano.
Siempre fue un problema poderle explicar a los clientes que entrenar a los perros pocas veces prevé la corrección de problemas conductuales. Además de que paul no se encargaba mucho de ellos, a mi en UCA nunca me dijeron nada al respecto.
Fue algo que ante el agobio de los clientes y ante el no saber que hacer, o por lástima, comencé a tratar de solucionar.
Después de Zeus me desplazaba al otro lado de la ciudad a ver a Melly, se llamaba Melly, ya me acordé, la pastor.
Melly era una perrita como de 8 meses que una vez que estabamos trabajando, ella lo unico que deseaba era regresarse a su casa. Cada cierto momento le daban sus ataque de intento de huir lejos.
Allá con Melly me agobiaban también con preguntas pero no de ella, sino del perro viejo, el otro pastor.Oiga, es que se orina por todos lados me decían.Bueno pues usted por cual pagó, ¿Por la perra o por el viejo? pensaba.Terminé airoso y contento de esos, mis dos primeros perros entrenados a domicilio. Me tardé 5 semanas en ellos y de repente me acordé de Jako y de Tapón y de lo distinto que era el campo, lo otro, lo duro, la talacha de granjero, casi.
Volví a verme con Paul en la oficina y las donas de maple habían bajado su calidad, el café no. Seguía siendo de sobrecito.
El siguiente perro para entrenar estaba en la ciudad de Puebla. Era agradable ir me copiloto acompañante con Paul y pasar todo el viaje platicando sobre perros y sobre los guardias de seguridad.
Fuimos a conocer otra cementera de marca Tolteca en Puebla. Allá la historia era chistosa. El supervisor de Puebla tenía dos perros boxer en su casa y se le ocurrió la brillante idea de que podrían pertenecer al cuerpo canino de la empresa, y de paso facturar el servicio. Paul cada vez se volvía más profesional en su servicio y para ese momento, antes de salir con un perro para adiestramiento le hacía una especie de examen para saber el estado en que se lo llevaba. Los boxers eran ansiosos y juguetones.
El supervisor estaba muy serío y en ese momento no sabíamos que habían sido de sus hijos pequeños antes de pertenecer a la unidad canina.
Eran los primeros perros de seguridad que veía que se dejaban rascar la pancita gustosos. Después de un rato el supervisor se fue y tuvimos oportunidad de platicar un poco con los manejadores de los boxes. Uno de ellos se llamaba Angel y era muy corpulento. Como que era la regla en el rubro, corpulento y pendejo. O también chiquito y broncudo.Estos pinches perros son una mamada asi le dijo Angel a Paul ya entrados en confianza. Miré es que nosotros cuidamos allá abajo unas barrancas y ya deje usted de que muerdan, lo perros no aguantan, se cansan y ahí nos tiene que nos tenemos que guarecer en aquel toldo que se ve allá.
Aja decía Paul, encendiendo y ahora teniendo que ofrecer un cigarro.
Pero además, no hacen nada, figúrese que se ríen de nosotros, allá del otro lado de la barranca.
Y a mi me da un caraje.
Aja repetía Paul.
Yo sí quisiera ora si verda que en el nombre de nuestros compañeros nos hiciera favor favor de cambiarnos a los perros por otros mejores.
Ajá. dijo Paul muy serio.Nos retiramos de ahí con esa linda petición por parte de los guardias.
Debíamos encaminarnos a la orilla de una carretera en construcción porque ahí se había montado un servicio que sería desmontado esa tarde. Al guardia lo trasferirían a otro sitio ya sin perro y al perro no lo llevábamos nosotros.
Cuando llegamos por una vereda de terrearía a lo lejos pude ver a un Doberman extremadamente atlético. El guardia un tipo en forma, atípico con lo que había conocido hasta ese momento. No hablaba mucho, sólo nos presentó a su perro, estaba como sacado de onda, quizá acabada de ser informado de que se desmotaría el servicio.
Como reciente política Paul comenzó con la evaluación del desempeño del animal.
El perro me sorprendió porque era muy reactivo, cuando Paul se puso el traje, el doberman comenzó a ladrar, pareciera que ya tuviera nociones de la agitación. Se llamaba Blaky.
El perro se le aventaba a paul, pero como para tirarlo, realmente no sabía como usar sus dientes.
Después de la agitación vino la evaluación de obediciencia. El manejador se imponía sobre el animal.
Paul decidió que para traernos de regreso a este perro debíamos hacerlo con bozal. Fue difícil lograr que el manejador se lo colocara.
Sin embargo, lo logramos y lo subimos.El perro venía muy tenso pero no intentaba mucho quitarse el bozar. Yo por la dudas me vivo igual que aquella vez con Hunter: pegado todo hacia delante.
Al no haber más jaulas disponibles en el campo, pusimos a Jade en una kennel y pasamos a la jaula 2 a Blaky.
Me sentía bien, cada vez más confiado con el manejo de los perros. Paul seguía entrenado a Jako y yo decidí que debía comenzar con el doberman.
Esa mi siguiente escalón después de Tapón.
Al otro día llegué temprano, saqué a los perros y limpié. Deje a blaky hasta el final. Esperé por si las dudas a que llegara Paul y antes de que sacara a Jako, le pedí que me supervisara mientras trabajaba a blaky.
Me metí a la jaula con él y lo noté cariñoso, a pesar de que yo estaba un tanto nervioso, blaky me restregaba el hocico en la pierna. No sabía como reaccionar, era la primera que estaba frente a frente con un doberman.
Le puse la correa y lo saqué a dar un paseo. El adiestramiento en esa ocasión consistió en hablarle al perro, que se acostumbrara a mi tono de voz. Eso lo había leído en un articulo por Internet.
Blaky y yo hicimos por alguna razón click desde en primer instante.
Me seguía, no había duda, si me detenía el perro había lo mismo. Paul fumaba y observaba.Este perro está bueno comentó. Y parece joven.Me sentía como si estuviera dominando un caballo a pleno trote.
Blaky y yo estuvimos junto caminando, lo relajaba y volvíamos al ring. Después lo guardé en su jaula y le di de comer.
Después paul sacó a Jako que para ese momento ya trabajaba muy bien. Hacía los ejercicios a la perfección de la obediencia básica. Debíamos pasar con él a la guardia y protección y como Paul era el manejador no nos quedó de otra que contemplar la posibilidad de que yo fuera el hombre de ataque. Debía pensarlo unos días.Tuve que armarme de valor, o llámenlo como quieran.
Paul tenía un traje diferente al de UCA. Este traje se lo habían comprado a otro entrenador, era francés y de medio uso. No estaba tan acolchonado ni tan pesado como los otros. A este traje lo llamaban oculto o de descondicionamiento. En su interior tenía una especie de tablones de hule muy resistentes. Se podía uno mover mejor y con mayor soltura con este traje de Paul.
Desde que comencé a ponerme noté que mi pulso aumentó.
Jako estaba aun en su jaula. En el momento que yo le dijera a Paul que estaba listo, él sacaría a Jako de su jaula y comenzaríamos directamente con la agitación. Sólo de recordarlo me sudan las manos.
Me escondí detrás de unos arbustos y le grité a Paul.Yaaaaa.Jako volvió a salir como toro, pero esta vez sujeto de la correa y Paul diciendole, tranquilo chico.Sí tranquilo, me repetía a mi mismo.Todos las mordidas que le programábamos a estos perros eran con trayectoria a brazo. La razón principal era legal. El atacado podría argumentar un uso excesivo de la fuerza si el perro atacaba en otro sitio como cara o bajos.
Tomé un stick de bambú para hacer ruido y entré de lleno con paso apresurado, casi directo para atacar a Paul.
Yo confiaba plenamente en Paul. Una de las labore del manejador también era cubrir o cuidar al hombre de ataque. Estaba seguro que si algo malo sucedería Paul me quitaría de encima a Jako.Alto ahí. No puede entrar aquí. dijo Paul haciendo la simulación de alerta para que Jako reaccionara y viera que algo malo estaba pasando.Yo comencé a caminar en zigzag como lo hacía Paul, y Jako comenzó a ladrar con mucha insistencia sin parar. Era un ladrido envalentonado, de reto, guaguaguaguaguagua… Así. Rapido y seguido.
Hubo un momento en que ya me encontraba demasiado cerca y detenido a un costado de Jako. Estaba parado mirando había el piso. Me quedé quito hasta que paul dijo.Ya, ya entra.Ni modo. Entré.
La forma de entrar era con el brazo del stick en lo alto y el otro el drecho que me iba a morder, doblado a la altura del estomago.
El perro no se va con la finta y busca morder el del stick, él a lo practico, sobre el brazo más cercano.
Rrrrrrhrrrh.
La mordida fue muy fuerte. Sentí como si metiera mi brazo en una maquina para hacer tortillas o dentro de una lavadora que te succiona apenas te tiene. Jako me jalaba tan fuerte que apenas podía contener con mis piernas la fuerza.Ponte flojito decía Paul
estoy flojito le contestaba entre dientes y con falta de aire.Jako no sólo mordía sino que hacía eso que ahora me gusta mucho: zarandear lo mordido.
Es un peligro ponerse flojito como lo llamaba Paul cuando te zarandean porque pueden lastimarte con el jalón.
Entonces aguanté. No tuve ni siquiera el valor de retar a Jako y verlo a los ojos mientras me mordia. Quería que paul se apurara y le pidiera que me soltara.
Después de unos segundo, paul dijo.Jakoooo. Fuera.Por supuesto Jako no soltó.Jakooooooo. FUERAAAA.No soltó.
Paul tuvo que comenzar a ahorcarlo con el collar de castigo. Subirsele hasta la base de la nuca y de la garganta y comenzar a levantar como si quisiera cargar de esa forma a Jako.F-U-E-R-AAAA. dijo Paul mientras comenzaba a asfixiar a Jako.Fue difícil porque Jako comenzó a abrir el hocico pero se le quedó enterrado un colmillo dentro de la tela de lino. Paul tuvo que sujetarme un poco el brazo para poder desengancharme el diente.Pinche perro dijo. Vamos a hacerlo otra vez.
¿Otra? contesté.
Si otra, no puede ser que sea tan terco.Paul se llevó a Jako al auto y saco una maniquera que sujeto al collar y después le puso un collar de cuero con otra correa. Es decir, Jako tenía ahora puestos dos equipos completos.Si vuelve a no querer soltar lo voy a pulsar con la maniquera.Tuve que acomodarme de nuevo la parte superior del traje que Jako me había jalado cual suéter de secundaria.
Volví a entrar. Me volvió a morder pero esta vez con mayor fuerza. Ahora ya en esta ocasión todos mis sentido estaba enfocados en la forma en como mordía, me apretaba con mucha fuerza y había que mover el brazo para que la mordida no pellizcara. Pinche perro, pensé.Ok…vamos con el soltado ya. JAKO Fueraaaaaaa.Y el perro volvió a desobedecer.
Entonces Paul le dio 3 chicotazos con la maniquera.Fuera, fuera, fuera.Jako se sacó de onda y soltó.
Paul decidió que con esas dos mordidas lo íbamos a dejar por ese día. Hay veces que hay que dejar así a los perros.
Pensaba que no iba a poder hacer aquello durante las 16 veces que estaba programado en el calendario. Me faltaban 15.
15 veces en que me iba a volver a morder, y en cada una ellas lo harían mejor. No quería imaginarme las ultimas.
Después de quitarme el traje le pregunté a Paul com Jako iba a diferenciar la situación, quería decir que yo era el mordido y que monutos después sería la persona que le daría de comer. Observé también que la baba de jako dejada en mi trajé se tornó como una capa de glucosa de corteza de arbol, estaba muy tiesa.Tienes razón desde hoy yo le voy a dar de comer me contestó.Cuando llegué a casa esa noche, me quedé en cierto momento contemplando a Tosca. Tú no muerdes, ¿verdad?, pensé.
En esa época yo le daba croquetas Eukanuba a Tosca. Le gustaban mucho y hacía muy bien del baño, se las acababa relativamente rápido. Eran las croquetas más caras del mercado, quería que se mantuviera muy bonita para cuando concursara o se cruzara. Para que la vieran bonita.A la mañana siguiente la dona de maple esta dura. Por la oficina transitaba gente que venía de hacer ejercicio. Comencé a ver a Paul y me llamó la atención que traía un cinturón nuevo de piel de vibora. Sujeto a el todos sus aditamentos: su inseparable PDA de los primeros modelos que habían salido al mercado, era de las pocas personas que había visto que se colgaban el PDA como si fuera teléfono. Traía del otro lado, el tubo ese amanza locos, un estuche especial para su encendedor zippo y dos teléfonos celulares. Cuando le pregunté la razón de traer dos telefonos, Paul se sentó en una de las bancas de la oficina y me dijo.Bueno, es una larga historia que comienza con el Sun Tzu.
¿Qué cosa es eso?
No has leido El arte de la guerra.
No sé que qué me hablas contesté.Paul me contó sus historia de cuando había sido escolta de guardias presidenciales, sobre el diplomado en seguridad integral que había cursado y de su amigo José que era maestro en defensa personal.
Creo que yo necesito saber eso porque el día del asalto pudo haber sido peor. le dije.
Lo de los dos celulares es una precaución con si uno llega a no funcionar. Los celulares son muy importantes, yo digo que son una línea de vida.Justo terminando de decir eso, llegó su amigo José. Después de saludarnos, le dijo a Paul que había encontrado entre las cosas de su padre un sable antiguo que estaba vendiendo. Paul se emocionó mucho y me hizo acompañarlo al auto de Jose a ver el sable. Era una pinche espada jodida de esa que usan los de utilería para las películas.
José le dijo a Paul que estaba por reactivar el curso de defensa personal para mujeres.No me digan que hacen esas madre dije.
Claro, maestro, hay que estar siempre a las vivas me contestó paul.Sonaba interesante eso de la defensa personal, pero a mi no me gustaba mucho eso de los deportes de contacto. Me gustaban las armas cortas, si, pero eso de las maromas no.
Después de que José se fue le dije a paul que lo que yo quería era un pistola para mi casa.¿Quieres una 9 mm?
La que se pueda, con que espante está bien contesté.No sabía como le iba a hacer. Roberta iba en contra de tener un arma en casa. Decia que era muy peligroso. Yo quería sentirme tranquilo sabiendo que si había algún ruido en la casa, no iba a ir a afrontarlo con una chancla.
Después le llamaron a Paul del servicio de Nerón diciendo que desde hace días el perro estaba mal, que tenía una herida infectada en la cabeza.
Nos terminamos nuestros cafés y nos fuimos a ver a Nerón.
Resultó que alguien desde una barda le había aventado una piedra al guardia y le había caído al perro en la cabeza.
Qué mala suerte, le hubiera caído al oaxaco ese, pensé.
Sí pues le supuraba la herida al perro. Paul tuvo que llamar a su veterinario para que fuera a revisarlo y curarlo.
El veterinario se llamaba Víctor, era un tipo humilde, una ladilla.
Víctor curó al perro y los 3 regresamos al campo a ver a los perros. Después Víctor se fue diciendo que debía regresar a su consultorio.
Era en la tarde cuando tocó al portón del campo un par de adolescentes. Buscaban a Paul. Por lo que escuché ellos eran del circulo del pitbull, de la Asociación de la raza. Eran dos hermanos con todavía mucho acné por salirles. El más gordo le dijo a Paul que tenían un perro que tal vez quisiera.Es un rott, pero más grande. Con pelo más largo. Una chigaderota que parece un caballo. Creemos que te serviría muy bien a ti para esto de la guardia. dijo el gordo.
Si quieres traelo y lo checamos. remató paul abriendo la jaula de Hunter. Perro fuera, agregó.Al otro día llegaron los teens en un datsun viejo y en la parte trasera venía el perro. Cuando lo bajaron tragué saliva. Sí era una madrota.
La historia que ahí nos contaron fue que el perro vivía en una esquena de por su casa en donde tenía una barda de malla. Que frente a ese sitio había una escuela en donde todos los días los niños que salían lo iban a alebrestar. ¿Quién sabe qué le hacían?, com que lo toreaban y en una de esas el perro quién sabe cómo que desde la malla se le avienta a una niña y le logra arrebatar el sueter que llevaba. Entonces los padres de familia se quejaron y hablaron con le dueño del perro y el dueño de pocas pulgas un día vió a los teens perreros y les dijo que si no querían llevarse al perro para que no fuera a dar problemas. Que si no se lo llevaban le pegaba un tiro. Los teens más que por caridad, pensaron en el negocio y se llevaron al perro.Lo tenemos desde hace 2 semanas, es buen pedo, come rete bien, le damos carne de caballo.Ni para el eukanuba les alcanzaba, pense.
Paul preparó todo para agitarlo, le pidió a uno de los teens, al que mas trataba con el perro que la hiciera de manejador.
El perro mordió desesperado la jerga y ya con eso paul aceptó al perro.
Yo estaba como molesto porque no se me había preguntado mi opinión, después de todo, el que iba a tener que limpiarle la jaula y sacarlo iba a ser yo.
Paul les dijo que les iba a dar mil pesos por el perro,, pero que se los daría en el evento de los pits que ya iba a ser.¿Y a todo esto, tiene un nombre el perro? les preguntó Paul.
Nosotros le pusimos Killer.Killer, maravilloso, pensé.Esa tarde volví a agitar a Jako y como los teen se habían quedado a verlo que porque era un pit pues ellos lo tomaban como diversión y cuando salió Jako no lo bajaron de chingón.
Entonces tuve que fingir que no me daba miedo y lo agité muy bien. Yo lucía como si me divirtiera igual que ellos. Suéltame perro, largo, largo le decía adrenalizado a Jako.
Después los teens se fueron y paul y yo nos quedamos a cargar todo el aserrín cagado y embolsado en su auto para que lo bajara a tirar a los contenedores del parque de diversiones.Esa tarde pasé a la veterinaria cercana a mi casa y le compré un hueso de carnaza a Tosca. Era tan distinto todo. Mi perrita no comía carne de caballo ni conocía el aserrín siquiera, ella dormía en la alfombra de mi recamara.Al otro día volví al campo. El candado que habría se había descompuesto y tuve que brincarme la barda. Después llegó Paul que también tuvo que brincarse.
Killer estaba muy ansioso, brincaba por toda la jaula. Al brincar su cabeza pegaba con el techo de asbesto de las jaulas.
Paul se acercó a su jaula y le dijo.Ya viejo.¿Ya viejo?…ese perro nos va a traer muchos problemas, pensé.
Paul se ofreció a darle de comer. Para ello tomó el plato de Jade, aun Killer no tenía su propio plato. Sirvió una ración de las croquetas que les dábamos ahí, que eran del costco y se plantó frente a la jaula. Después sacó su amansa locos, y lo desplegó, es decir que lo desenfundó, abriéndolo para que fuera ya el tubo de acero que era.
En una mano el plato de comida y en la otra el fierro.
De pronto escuchaba a Paul decir, atrás, atrás…después salió de la jaula, enojado con el fierro y las croquetas.Este canijo me gruñó. Se va quedar sin comer hoy dijo.Puta entonces mañana, va estar además de loco, hambriento, le dije.Al otro día, lo mismo. Con eso de que además Paul estaba acostumbreado a que de requisito para comer, los perros debían sentarse; Killer no era de esa clase de perros. Volvió a gruñir y se quedó sin comer.
Al tercer día la jaula de Killer esa un asco, no podíamos entrar a limpiarla. Killer traía puesto su collar de cuero, entonces el plan de Paul era lograr que mientras killer comía él le ponía la correa y lo sacaba de la jaula, sin importar en ese momento si comía o no.
Paul no podía meterse a la jaula porque el perro prácticamente se aventaba.
Al cuarto día comenzó paul a aventarle aserrín limpio por la parte de la ventilación de la jaula y en una de esas Killer le mordió la tapa que usaba de pala para arrojar el aserrín.
Para no hacerla cansada hasta el día 9 fue que killer tenía ya muy bajas las pilas, imaginense a pura agua sin comer. Ese día Paul abrió la jaula y Killer ya ni lo pelaba, le arrojó el plato a una esquina de la parte de afuera de la jaula y cuando comenzó a comer, ¡lo tomo del collar! pusó la correa y salió corriendo junto con el a campo abierto.Ora si cabrón. A ver gruñeme cabrón le decia Paul.Killer estaba muy sacado de onda. Paul como pudo le puso además de collar de cuero que ya traía, uno de castigo. Cambió la correa al de castigo y lo comenzó a castigar, a domar vaya.
Yo para ese momento ya estaba más encanchado con los perros, por lo menos ya le daba de comer a todos, así rapidito les arrojaba el plato y salia de la jaula. Incluso a Jako, que mientras comía le observaba con extrema curiosidad la cabeza, la parte de los maceteros que le llaman.
Jako se graduó en la guardia y protección y yo junto con él en perderle el miedo. Yo ya tenía puestos los ojos en Killer y en qué era lo que haríamos con ese animal.
Paul me dio a escoger qué quería ser con él, ¿manejador o agitador?
No pues…se me hace que lo ando manejando porque si lo agito este si me come.Ok, entonces vamos a hacer lo siguiente. Mañana lo saco yo igual i le pongo un bozal, y ya con el bozal te lo paso y tú lo comienzas a entrenar con el bozal puesto.Vaya que paul pensaba en mi. No me las echaba así todas duras.
Eso del bozal estaba muy bien. Mientras no se lo arrancara.
Entonces lo hizo, le puso el bozal y me dijo que me aproximara por la parte de atrás. Me paso la correa y el se hizo hacía adelante.
En un momento tenía a killer y estaba solo ahí en medio del ring con él.
El perro me gruñia desde los más oscuro del cuero del bozal.No dejes que te gruña. me gritaba Paul. Púlsalo con el collar cada vez que te haga eso.Entonces comencé a entrenarme en el arte de castigar a los perros.
Al principio pulsaba, o ahorcaba como se diga, muy mal a los perros. Tuve que medió perderle el miendo a Killer para que pudiera acercar mi mano por detrás de su cabeza y subirle bien bien el collar para poder pulsarlo.
Aprendí que la pulsada efectiva era aquella que hacía llorar al perro, era esa en donde el perro hacía..auuu, auuu.. esa…
Y para lograrlo en Killer costaba trabajo porque su cuello media como 17 pulgadas de ancho. Tenía que apoyar bien los pies en el piso, preparar el balanceo en los brazo y cambiar de golpe mi trayectoria en 180 grados.
Auuu.
Eso, así era, y parecía que entendía porque me seguía para evitar el castigo.
Después de killer, ya entrado es gastos me animé con Blacky, el doberman.
A Killer lo sentía un mastodonte, grande pero hasta cierto punto torpe. A Blacky en cambio lo veía muy chispa y muy rápido en sus movimientos. Si blacky en algún momento me hubiera querido agandallar, estoy seguro de que lo hubiera echo. En ese momento si, ahora ya no creo, pero antes mis reflejos no estaban educados, y solía reaccionar lentamente.Entregamos a Jako y comencé a sentir cariño por los perros que entrenaba. Mi relación con él era tal que podía agitarlo y manejarlo indistintamente. Fue algo que me sorprendió de los perros, esa facultad de discernimiento en el roll del juego.
Eso me llevó a mis primeras reflexiones acerca de lo que significa la agitación para un perro.
La tarde que lo entregue me irritaba dárselo a un trasvertí como el guardia del turno de la noche. Ni modo. Sentía como dejarle un porche a un valet para que lo estacionara.
Cuando regresamos, Paul me hizo un ofrecimiento y al mismo tiempo un aviso. El aviso era que Pedro el que había cursado conmigo el curso de adiestramiento se incorporaría a las filas del campo. El ofrecimiento era consistía en llevar a un maestro especialista en agitación para que a los dos nos diera un curso formal y extenso en el arte de ser un hombre de ataque. La idea me entusiasmo, aunque mi miedo regreso. ¿Acaso podían ponerse las cosas aun peor?…ya no había más allá..¿o sí?Pedro y yo no llevamos bien, él comenzó a ayudarme o mejor dicho yo le enseñaba lo que se hacía en el campo. Le presenté a los perros y él era el encargado en ese momento de ayudarme. Yo pasé a ser el entrenador y el él limpia jaulas.
Entrenaba a Killer y a Blacky. El trato entre Paul y yo con Killer era que yo lo iba a entrenar sin cobrar y que ese perro se vendería a un particular y que de ese dinero me daría una parte.
Había días en que ya no iba al campo, no se entrenaba y me la pasaba con paul en la compañía de seguridad que lo había contratado. Hubo un momento en que no sólo entrenábamos los perros, sino que además debíamos de encargarnos de surtirles el alimento. Paul comenzó a facturarle a la compañía además de los servicios, el CWC, así era su clave para el alimento, que no era otra cosa que Costco Whole Company.
Paul les decía que era un alimento de alto desempeño con la cantidad de proteina y de grasa necesaria para un perro de trabajo.
La verdad yo veía ese alimento como de mala calidad.
Era increíble lo que hacía los guardias. Como al principio sólo cambiabamos el empaque del alimento por bolsas grandes negras. LO guardias hacían un especie de robo hormiga, es decir que todas las noches se llevaban un puñito de alimento para su casa. Los guardias tenían un perro de seguridad en su casa pero un cocker o un french en su casa.
Entonces de repenté los guardías le llamaban a Paul y le decían: es que ya se nos acabaron las croquetas.¿Tan rápido?…¿pues qué cantidad le da?…oficial. Paul siempre tan propio.La chamba se complicó entonces porque tuvimos que vernos en la necesidad de empaquetar raciones individuales para todos los servicios.
Sí eran 17 perros por 30 días entonces había que empaquetar cerca de 500 bolsitas individuales y entregarlas cada mes.
Las raciones eran de 300, 350 y 400 gramos según el perro.
Mi casa de pronto se transformó en factoría de embalaje de raciones de CWC.
Tenía una bascula y muchísimas bolsita. Después de entrenar a los perros Pedro y yo nos poníamos cerca de 4 horas a preparar las raciones y rotular las bolsas con los nombres de los perros de cada servicio.
Era una hueva.
Los primeros días del mes ibamos a los servicios de los perros que ya había entrenado. Después de registrarnos, hacíamos la entrega del alimento, después el equipo, porque también le encargaron a paul en cierto momento darles equipo nuevo. Surtíamos collares, correas, plato, carda o cepillo y shampu.
Todo con acuse de recibo, una verdadera hueva.
Después yo le pedía al guardia que sacara al perro y me hiciera una rutina de obediencia.
El manejador de Nerón no sabía nada y eso me desesperaba. Creo que a partir de ahí comencé a portarme duro con los guardias. Cuando agité a Nerón por poco y tira al guardia. Me emputaba con tomaban la correa, se la enrollaba toda en la mano como un venda.
El manejador de Tapón estaba igual de pendejo pero tenía iniciativa de aprender, entonces eso me ablandaba el corazón para pendejearlo pero también enseñarle cosas.
El maricón que manejaba al mejor perro hasta ese momento entrenado por mi, descubrí primero que lo tenía la mayor parte del tiempo amarrado después se me ocurrió que dentro de la rutina de obediencia debía saber también como ponerle el bozal al perro. Después de todo en la repartición del equipo también se les dio un bozal.Le voy a pedir que siente a Jako y que le ponga el bozal. le decíaNo podía.Le voy a decir como hacerlo.Se lo indicaba y tampoco.Déme al perro, lo voy a hacer yo para que me vea y después lo hace usted.Jako y yo en ese momento ya nos llevábamos de piquete en ombligo y el perro colaboraba luciendo que fuera fácil. Y lo era.
Cuando se lo regresaba al guardia, este acomodaba el bozal ya listo para ponérselo y al momento de acercárselo al hocico, se veía a leguas que le daba miedo y no lograba metérselo y ponerle la banda que va detrás de la cabeza. El bozal terminaba el suelo.Je, je…no quiere. decía.
¿Cómo que no quiere? Si no se lo estamos preguntando, le contestaba. Hágalo, de aquí no nos movemos hasta que no le ponga el bozal.
En eso paul regresaba y de buena gana le ayudaba.
Chale.
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Day 20, 22 and 23
Noviembre 25, 2006nano day 18 and 19
Noviembre 20, 2006Los días transcurrían así. Todas las mañanas salía de casa con rumbo al campo de entrenamiento, trabajaba con Nerón en los ejercicios de obediencia y después regresaba a casa.
Llegando a casa, lo primero que hacía era ver a mi perrita Tosca. En mi ausencia la dejaba en un patio grande que tenía mi departamento. Tosca sabía que cuando me escuchaba llegar era momento de salir a la calle. Como todas las noches, salíamos a casa de Roberta. El paseo se volvió una rutina. Comencé a aplicar lo que había aprendido en Topilejo en cuanto a la obediencia. Pulí todos los ejercicios, había obviado algunas cosas que por las noches durante el trayecto trataba de corregir. En la casa de Roberta platicábamos de cómo nos había ido a los dos en nuestros respectivos trabajos. Después ya entrada la media noche, cenaba en su casa y veía un rato la televisión. Después cerca de la 1 a.m., regresaba a casa para dormir.
En una ocasión cuando regresé y estaba a punto de abrir junto con Tosca la puerta del edificio me di cuenta de que había más iluminación que salía de la puerta de entrada de lo acostumbrado. Al fijarme bien, vi esa noche que la ventana de la puerta principal estaba rota. Yo era el único que vivía en el edificio, la mayoría de los departamentos eran utilizados como consultorios médicos. En la planta baja en donde vivió había dos negocios. Uno de ellos era una estética y el otro una boutique de ropa secretarial.
Esa noche pude ver en la entrada a dos tipos de espaldas que trataban de entrar a los locales. Les vi la nuca a ambos, ellos no se percataron de que los observaba. Eso sucedió justo cuando estaba a punto de sacar mis llaves y entrar. Al ver eso, instintivamente me seguí de largo hasta la esquina de la calle en donde había un teléfono publico.
Tosca se limitó a seguirme los pasos. Decidí no llamar a la policía auxiliar, por alguna razón que desconozco, me sabía el teléfono de la policía judicial, les llamé.
⎯Hay dos sujetos dentro del edificio en donde vivo ⎯dije.
La operadora me dijo que permaneciera ahí, yo contesté que en cualquier instante saldrían y que no podía quedarme en aquella esquina.
Después de colgar cruce la calle junto con Tosca a un puesto de jugos que estaba muy cerca de la entrada al metro. A los 10 minutos llegó una patrulla a checar el edificio. Los policías entonces corrieron de regreso de la entrada con dirección a su patrulla. Desenfundaron sus armas como si repelieran un ataque, sólo que los de adentro no traían pistola.
Minutos después llegaron muchos refuerzos, cerca de 30 elementos de diferentes corporaciones. Observé como los sacaron del edificio y los subieron a la patrulla. Cuando todo pareció haber terminado, me presenté en el edificio.
Yo era el único que podía abrir el edificio, al entrar y acercarme a la puerta de mi departamento observé que había logrado forzar una chapa y rompieron un vidrio. Tenía una segunda chapa al piso, eso fue lo único que los detuvo de no entrar a robar a mi departamento.
Tuve que entrar cargando a Tosca para que no se cortara con los vidrios esparcidos por el piso.
Me dijeron que no podía alterar evidencia, o sea que no podía limpiar ni acomodar nada. Era noche no pude dormir porque en cualquier momento iban a llegar los peritos a revisar.
Lo que siguió fue lo acostumbrado, ir a la delegación a levantar un acta, esperar a los peritos, y hasta el siguiente día pude por fin irme de aquel sitio a casa de Roberta.
No tenía intenciones de regresar, la puerta de la entrada al edificio había sido forzada y no estuvo seguro el edificio durante los siguientes dos días.
Al siguiente día regresé a casa, tuve que decidir sacar de ahí las cosas que más me importaban: mis discos, mis papeles personales y a Tosca, me mudé prácticamente en 24 horas a vivir con Roberta.
Después de cerca de un mes, llegó a mi apartamento un citatorio para ir al reclusorio norte a ratificar mi declaración y carearme con ellos.
Sinceramente estaba aterrado por la situación, cuando llegué a encararlos, pude verlos y ellos a mi. Supongo que no lograron entender cómo fue que los había sorprendido, quizá pensaron que nadie vivía en el edificio. Recuerdo que regresando a casa de Roberta presentaba ya un cuadro de colitis nerviosa.
Tuvieron que pasar otros 10 días para que se me pasara el susto. Después de eso, le dije a Roberta que estaba listo para dejar su departamento.
Ella me insinuó que si me iba, lo consideraría como un retroceso a nuestra relación. Esa fue la razón principal del porque comenzamos a buscar una casa en donde vivir juntos.
Sé que pareciera algo egoísta pero comencé a buscar un sitio en donde vivir pero que estuviera cerca del campo de entrenamiento de Paul.
Subiendo por la carretera, el campo estaba ubicado en el km 4.5. y a los pocos días encontré una casa en renta en el km 6.5.
Unos días después de mudarme, platiqué con Paul acerca del intento de robo. Le comenté que estaba en un panico permanente y que no deseaba que en mi nueva casa me ocurriera lo mismo.
¬⎯¿Tienes idea en dónde me pueden cotizar un circuito cerrado de video para la casa?
⎯Sí claro, los venden casi en cualquier sitio.
⎯Y también si sabes, ¿Quién me podría vender un par de rotweilers entrenados?
⎯¿Para qué quieres perros?
⎯¿Cómo para qué? ⎯le dije. Quiero unos bueno perros para que si alguien se brinca la barda, los perros los muerdan. No puede ser que me dedique a entrenar perros de seguridad y que me asalten. También quisiera una malla electrificada. Con las camaras de video, la malla, y los perros estaré más tranquilo.
⎯Exageras…Ya no te preocupes, no creo que te vuelva a pasar. Los rateros no iban sobre ti, seguro fue algo circunstancial, ellos lo más probable fue que intentaron entrar a tu departamento cuando se vieron sorprendidos, fue para huir por la parte de atrás de tu patio.
Cuando terminé de entrenar a Nerón en el trabajo de obediencia siguió la parte de guardia y defensa. Para ese adiestramiento es necesario que lo trabajen dos personas. Uno el manejador de perro, y el otro es el hombre de ataque. Se suponía que yo era el entrenador por lo tanto era necesario que Paul consiguiera a un hombre de ataque para que me ayudara.
Las primeras veces Paul se ofreció a ser el hombre de ataque: Debo decir que a Paul le gustaba mucho la agitación, es decir hacer el trabajo que hace el hombre de ataque.
Yo llegaba primero al campo, relajaba a Nerón, después le daba un repaso de su rutina de obediencia, después llegaba Paul y comenzaba a agitación.
El trabajo se volvió muy metódico. En la agitación, yo me paraba con Nerón en una esquina del campo, me lo ponía del lado izquierdo, tomado por la correa. De pronto, Paul aparecía desde lejos, comenzaba a caminar con paso rápido en trayectos rectos con cortes al lado contrario. Nerón lo observaba y entraba en angustia. En un humano sería como sentirse incomodo por lo que tenía frente a si. Tenía un vicio que consistía en darse vueltas sobre si, en el mismo lugar en donde estaba parado. El primer reto que tuve fue lograr que Nerón no girara, que lo mantuviera al frente.
Paul en esta etapa de inicio del entrenamiento, no traía puesto ningún traje de agitación, lo único que llevaba consigo era una jerga rota, enrollada. Su trabajo era acercarse cada vez más. Si por suerte en esa primera sesión se lograba que Nerón emitiera un ladrido, ese había sido un excelente primer día de entrenamiento. Si Nerón ladraba, Paul saldría corriendo en dirección contraria a nosotros, eso le indicaba al perro: ladro y el intruso huye. Después de todo pienso que ante tanta ansiedad de Nerón el que el intruso huya es una buena forma de salir del paso, de acabar con el entrenamiento del día, de decir regrésenme a mi jaula y denme de comer que ya me quiero dormir.
Y a pesar de toda esa carga genética que iba en contra de Nerón, este ladro, lo hizo dos veces, con intervalo de silencio, fue un ladrido con miedo.
Cada día que iba al campo, además de enfrentarme al animo de Nerón, habían otras cosas que sucedían. No sólo estaba ahí para entrenar a Nerón. Me encargaba de la limpieza del campo y de sus 4 jaulas.
Con los días tuve que llegar a conocer lo suficientemente bien a los rotts que le había regalado a Paul, me refiero a Hunter y a Jade. Y digo lo suficientemente bien porque así debió de ser para poder llegar todas las mañanas, sacarlos de sus jaulas para que corrieran un poco y alimentarlos, sí eso, darles de comer.
El campo tenía una extensión aproximada de mil metros cuadrados.
En una esquina era en donde paul había mandado construir las 4 jaulas de ladrillo. En la jaula 1 estaba Hunter, en la 2 Jade, en la 3, Nerón y la jaula 4 era una especie de bodega, para eso entonces aún no teníamos otro perro. Hunter y Jade podían salir juntos, su ímpetu los hacía correr cor el campo, cruzar el ring de trabajo que recién se le había puesto pasto y el invierno no lo había dejado que se diera lo suficientemente bien como conocemos un césped cuando pensamos en eso.
Las jaulas eran de un tamaño aproximado de 2 X 2.5 mts. Paul acostumbraba cubrir todo el piso con viruta de aserrín. Decía que el aserrín chupaba los orines y envolvía en excremento de los perros. Sí, era cierto, resultaba relativamente fácil barrer el aserrín sucio y poner nuevo. El problema era que Paul era el que surtía el aserrín, entonces si Paul no iba al campo lo suficiente, el aserrín escaseaba.
Mientras los perros salían a correr o relajarse, yo barría y colocaba aserrín limpio en toda la jaula. Había cubetas metálicas para el agua. Las cubetas se amarraban a la mitad de la puerta que era fija y hecha de malla de grueso calibre. Debía entonces desamarrar el alambrito para quitar las cubetas, lavarlas y poner agua limpia, después volverlas a amarrar.
Limpiar, cambiar el agua. Lavar cubetas y platos, lavar platos de comida, dar de comer, retirar los platos, todo eso debía de hacer antes de poder sacar a Nerón y entrenarlo. Los perros como Nerón que recibían entrenamiento debían comer hasta una hora después del entrenamiento.
Eso tiempo muerto lo dedicaba a recoger por todo el campo el excremento de los perros que previamente salían a relajarse. Además acarreaba el aserrín sucio de las jaulas a la parte de la entrada, cerca de 40 metros, para que cuando pasara el camión de la basura y Paul regresara a casa, lo dejara en unos contenedores que estaba frente a un parque de diversiones.
Era el tipo de trabajo más parecido a mantener una granja. El agua en esa época de invierno estaba casi congelada, sentía que me cortaba las manos cuando lavaba los platos. El clima hacía que fuera con chamarra, por lo tanto ese tipo de trabajos físico resulta incomodo cuando se trae mucha ropa. Pasaba varias horas al día en ese campo solo con los perros.
La parte trasera del campo era una reserva ecológica llena de árboles. Por momentos al estar en el campo me olvidaba de que vivía en una megalópolis. Del lado opuesto al bosque habían un cerro muy grande con algunas casas. En esos tiempos muertos en los cuales debía esperar después de haber entrenado a Nerón pensaba cómo había cambiado mi vida. Ya no estaba en mi departamento de la colonia Narvarte, tampoco vivía la experiencia de ir a Topilejo a tomar el curso de adiestramiento. Por cierto, Alejandro de había hecho el desentendido en cuanto a darnos un reconocimiento por haber tomado el curso dos meses atrás.
La vida en el campo y el bosque era algo extraño y novedoso para mi. Me hacía a la idea de que ese tipo de vida dura era lo mío. Con lo frío del agua y mis botas con residuos de excremento, recordaba el opuesto: una oficina en Masarik, un café expresso, lociones de diseñador por los pasillos y yo sin soltar un solo instante el teléfono. En el campo ni siquiera había señal de celular. Cómo me gustaría ahora haberme tomado fotos de esos momentos, empujando una carretilla llena de aserrín orinado o dentro de una jaula junto a un rott hambriento. Jade era una perra tranquila y cariñosa, dato curioso que comenzaba a hacerme cambiar la imagen que siempre tuve de esa clase de perros. Por otro lado, Hunter no era cariñoso, era un perro sumamente independiente, con el paso de los días me di cuenta que le faltaba un pedazo de lengua. Mejor dicho, además de que le faltaba un pedazo, la tenía partida con la mitad como si fuera una serpiente. Paul me había dicho que se lo había hecho en una pelea con otro perro: mejor no haberlo sabido.
Nerón comenzó a morder la jerga cuando se dio cuenta que con su ladrido no se deshacía del intruso de Paul. Seguía ladrando con miedo, pero al hacerlo en lugar de que Paul huyera, seguía adelante y adelante. En determinado momento sacaba la jerga y comenzaba a moverla hacía los lados. Si un perro tiene el suficiente instinto de presa, se olvidará inmediatamente de sujeto y se enfocará en el atrayente u objeto en movimiento. Si no, pues seguirá ladrando tratando de que el sujeto se vaya. En cierto momento si el perro no tiene presa, pasará muy cerca del perro en un trayecto como en huida. Ahí es en donde se supone que el perro se arma de valor y muerde el pedazo de jerga en huida.
Nerón sin instinto de presa comenzó a morder la jerga.
Es divertido como se le deja la jerga al perro y el intruso sale huyendo. La mayoría de las veces el perro suelta la jerga inmediatamente, otras cuando más me gusta, es cuando la sacuden con todas sus fuerzas, como zarandeando a su presa.
En el campo las cosas iban bien con Nerón, en casa había abandonado un poco a Tosca al pasar varias horas fuera.
Hubo un momento en que continué yendo al parque los sábados.
Estaba ahí, junto con los demás. Todos en fachas, algunos con pants, una señora jalando a su French en su primer clase. Ándale chiquita, camínale, mira como lo hacen los demás. Eso era un circo, una pareja de gays, uno de ellos que hacía pesas llevaba una hembra de Rott, un ruco con un pastor alemán que nunca lo obedecía. Una chica morena con un Setter irlandés, la asistente de la entrenadora con sus chingaderas de Snauzers y su sobrepeso.
Al finalizar la función de circo dieron el aviso de que habría una competencia de obediencia dentro de ese club. Se contrataría a un juez de la Federación de Perros para que nos juzgara.
Pareciera fácil si ya había tomado el curso y Tosca se supiera la rutina completa practicada durante los últimos 7 meses. Estaba muy pero muy nervioso. No significaba nada en mi mente que todos fueras aficionados y freaks. Para mi el sólo nombre de Competencia ya me ponía muy frenético.
Resulto que en la competencia no podía creer todo el tiempo que se llevara desde el instante en que llegué hasta en momento de pasar a competir. Estaba yo ahí sentado en el piso con mi perra tomada de la correa, ella aburrida comiéndose en pasto y yo con colitis nerviosa.
Cuando por fin fue mi turno, en le ejercicio de los quietos, Tosca falló. Se movió y vino hacia mi. En el ejercicio del echado se sentó. Después en la parte del caminado junto, lo hizo lo suficientemente mal como para que estuviera satisfecho. Después de estar 6 horas ahí, nos retiramos con un diploma de participación. Aún lo conservo, no sé porque.
Quería que el destino de Tosca fuera exitoso. Que después de esa competencia, fuera a las ligas mayores de la Federación y debutara en la categoría de perro debutante. Para eso debía además de tenerla bien entrenada, había que registrarla en la Federación. Meses después, en el club corrieron la voz sobre el inicio de la expocan. No tenía la más remota idea de lo que me estaban hablando. Un fin de semana decidí ir. Al llegar me sorprendió la cantidad de gente que había por toda la calle principal en donde se realizaba el evento. Era gente que se había instalado ahí para vender perros. Me entusiasmaba ver tantos cachorros en venta. Algunas personas además llevaban a los padres de los cachorros para mostrarlos. En esa época estaba entusiasmado con la raza del labrador. Esa primera vez no llevé a Tosca, fui exclusivamente a ver de qué se trataba eso de la expocan. Pagué mi entrada y ya en el interior me di cuanta de la magnitud de la industria de los perros. Durante el curso ya me lo habían dicho, que la industria estaba en crecimiento. Que las compañias de croquetas en el país, todos los años superaban sus expectativas. Había una promoción para el registro de los perros. Esa era una de las razones por las cuales había ido. Por el mismo precio se otorgaba un papel, que no tenía claro hasta ese momento cuál era, se tatuaba al perro y se le ponía un microchip.
Para el caso de Tosca, no tenía los antecedentes de quienes habían sido sus padres: Sin esos papeles me dijeron que lo que correspondía era como quien dice, abrirle expediente.
El papel que le correspondía era el de inicio. El certificado de pureza racial. No tenía la menor duda de que Tosca era de raza pura. Había costado demasiado cara como para ser una cruza de dos razas diferentes. Normalmente este tipo de papeles se deben de sacar cuando el perro es cachorro, la razón es obvia: por el tatuaje. No es lo mismo tatuar a un cachorrito de 2 o 3 meses que a un perro mayor de 6 meses.
Tosca en ese momento tenía 9 meses, era grande. El microchip no me preocupaba, era como una inyección en el lomo, ¿pero el tatuaje?
Además del registro, vi una jaula que me interesó. Tosca no se podía quedar dentro de la casa sola. En una ocasión, que salí por la noche, cuando regresé, descubrí que se había comido el marco de la puerta de la cocina. Había hecho un boquete como si hubieran disparado con una escopeta. Si no eran los marcos de la puerta, se comía el piso de parquet. Desprendía la madera y jugaba con ella. Si se orinaba ahí, provocaba que la madera se hinchara. No podía tampoco dejarla afuera. Una de las razones era la lluvia, no tenía en donde refugiarse. No pensaba tampoco dejar la jaula afuera. Mi intensión era poner la jaula en mi recamara y dejarla ahí encerrada en los momento en que tenía que salir de casa. No pasaría frío ni tampoco provocaría destrozos. Había leído ya un articulo en Internet sobre cómo lograr que los perros se metieran a esas jaulas.
Al otro día regresé a la expo, el lugar quedaba más o menos cerca de mi departamento. Decidí llevarme caminando a Tosca conmigo. Eran como 30 cuadras, nos cansamos, pero era más el deseo de registrarla que otra cosa. Después de pagar, me pidieron que pasara a un sitio en donde estaban tatuando a los perros. Se escuchaban algunos lloridos alarmosos de cachorros. Supongo que Tosca no prestaba mucha atención a lo que escuchaba, era más su engentada, yo creo que nunca había visto tanta gente, ni tantos perros juntos en su corta vida.
Después de hacer fila unos 10 minutos, frente a un mostrador en donde marcaban a los perros como si dueran ganado, fue nuestro turno.
⎯Acuestela aquí arriba de la mesa por favor. ⎯me dijo un, ahora lo sé, inspector.
Recuerdo que tuvieron que ayudarme, yo no podía cargar a Tosca en aquel momento, no podía porque no sabía como hacerlo, pensaba que a los perros se les carga como a los niños.
Entonces el inspector me ayudó y luego vino el problema de voltearla o sea ponerla panza arriba. Oh no, eso estaba muy difícil, si con trabajos de dejo subir. El inspector le hizo una llave de lucha para poderla tumbar y una vez en la posición, me dijo:
⎯Pon todo tu peso sobre ella, sujétale bien las patas delanteras, que no te gane.
El inspector, muy ducho en el asunto le sujetó las patas traseras, no me explico cómo y comenzó a marcarle un número sobre la ingle derecha.
Pobre de mi perrita, qué le estaba haciendo…ni modo no había marcha atrás era por su bien, muchas cosas buenas irían a pasar a partir de que tuviera su tatuaje y registro. Cosas como cruzarla a la brevedad, que ganara concursos, que se cotizara vaya.
Realmente fue rápido, a mi se me hizo una eternidad y un desgaste porque vaya que me costó trabajo, por eso es que digo que siendo cachorritos es mucho más fácil. Después de eso mientras se tramitaba su certificado, decidí entrar con ella al evento. Tosca estaba supongo muy sacada de onda. Supongo que al entrar se le fue olvidando, imagino como fue que olió todo aquel aroma, ha de haber sido como entrar a un gran metro perruno.
Dentro compramos la jaula, era una de color azul, hecha en Canadá. En ese momento no sabía mucho de jaulas, esa era la que me había gustado. Fue buena compra pero ya con los años, por supuesto esas cosas no se compran ahí, y la marca pues tampoco, existen otras mejores.
Regresé en un taxi con la jaula y le pedí a Roberta que hiciera el viaje de regreso caminando con Tosca…ahora que lo veo, ella fue siempre buena persona con Tosca, la soportaba bastante.
Parte de la tarde la dediqué a trabajar en el articulo que había leído sobre la forma correcta de presentarle la jaula al perro, debía ser algo natural, sin forzarla, que de ninguna manera fuera a ser una experiencia traumática.
Llegó otras semana más y yo volví al campo y a entrenar a Nerón. Estaba a unas semanas de terminar completamente con él los dos adiestramientos: el de obediencia y el de guardia y defensa.
Después de haber logrado que mordiera la jerga, ésta se cambio por un taco. El taco es una como salchicha de borra forrada de un lino francés muy bonito. La consistencia del taco hace que sea muy agradable para morder. Ese es el paso intermedio porque después del taco viene ya el traje de hombre de ataque.
Fue muy complejo lograr terminar el trabajo, cuando finalmente Nerón mordía el traje surgieron otros problemas. Al principio mordía y soltaba, el perro debía morder con seguridad. Los perros miedosos muerden como si dieran pellizcos. Nada de esto recuerdo que me lo enseñaran en el curso. Creo que todo esto lo vine a aprender después, ya en la práctica.
Además eso pellizcos Nerón los daba con la punta del hocico.
⎯El perro tiene que entrar a fondo, hacer una adecuada sujeción, pelear la presa y no soltar. Debe soportar un vareo suave, incluso que se le aviente una silla y no soltar por ningún motivo. ⎯dijo Paul.
⎯¿Una silla?…coño.
⎯Este es un perro de seguridad, no es uno deportivo.
El entrenamiento se retrasó porque Nerón no tenía las credenciales de perro de guardia. Paul me dijo que lo correcto era que la compañía criara sus propios perros y que de ahí eligiera a los candidatos y que se les debía de enseñar a morder por gusto desde muy pequeños.
⎯Esto güeyes, todo lo hacían al revés. Ellos ya tenían los perros cuando se les ocurrió que podían hacer un escuadrón canino.
Nerón no sujetó nunca. Si acaso mordió unos segundos más y un poco más fuerte pero nunca dio el ancho realmente. Yo ya me había comenzado a encariñar con él, después de todo lo ví casi todos los días durante más de un mes.
Paul un día me dijo que ya no se podía hacer mucho más, que debíamos entregarlo unos días después e ir a otro sitio por otro perro.
El trabajo que me había ofrecido era hacer esto mismo durante un año o más porque quizá eran hasta 16 los perros que había que entrenar. Apenas llevaba uno.
Creo que el problema no siempre eran los perros, lo realmente difícil fue la capacitación de los guardias que lo estaban manejando. El guardía nos había entregado un perro y nosotros indiscutiblemente le devolvíamos otro muy distinto. Algunas veces tuve miedo de que el perro mordiera al que antes fuera su manejador.
nano day 10
Noviembre 11, 2006Después de algunos días Paul me llamó para decirme que Alejandro había decidido volver a aplicar el examen. Tuvimos 3 días para estudiar los apuntes y dar un repaso con Paul. Volvimos a presentar casi el mismo examen y de nuevo todos reprobamos. Durante esos días entre un examen y otro, Paul y yo nos vimos para tomar un café en coyoacán.
⎯Me gustaría que trabajaras conmigo en el campo. ⎯me dijo.
El ofrecimiento constaba de lo siguiente. Paul había firmado un contrato con otra compañía de seguridad para encargarse de su división canina.
La compañía de seguridad tenía sus propios perros, no sabíamos de donde los habían sacado, algunos estaban medio entrenados, otros no. Aun los perros no entrenados tenía un manejador. De hecho así sin entrenamiento esta compañía los rentaba a terceros. En total eran 17 perros repartidos por el DF y otros en la ciudad de Puebla.
El ofrecimiento que me estaba haciendo Paul consistía en retirar del servicio uno por uno los perros, dejar otro propiedad de Paul y entrenar en 30 días al perro para que obedeciera y cuidara la propiedad.
Estaba contento por el ofrecimiento de Paul, nunca pensé que obtendría un trabajo a los pocos días de terminado el curso, mucho menos que el curso en teoria lo había reprobado y que lo primero que iría a hacer sería entrenar perros en guardia y defensa.
Acepté.
El primer perro que recogimos para que yo lo entrenara estaba en una fabrica de cemento por el barrio de San Antonio.
El camino me resultaba extraño, desconocido. Yo no salía mucho de casa, vivia en un sitio en donde todo quedaba cerca y no tenía necesidad siquiera de tener auto.
Me tensaba un poco ir por ese barrio lleno de gente pobre y fabricas.
Paul lucía relajado, con su cigarro en la boca, la torreta amarilla dando vueltas sobre el tablera del auto y en la parte de en medio del auto pequeño cilindro delgado.
⎯¿Y eso, qué es? ⎯pregunté.
⎯Ahhh, pues es mi bastón retractible táctico.
⎯¿Quéeeeee…?
Pues sí, era un bastón de acero colado de 30 cms de largo que al hacer un movimiento con él, se deslizaba y se alargaba a más de un metro. Un tubo de acero de un metro, un arma eso era.
⎯¿Y para qué lo usas?
⎯…Defensa personal.
⎯¿Y eso es permitido?
⎯Bueno no, pero si laguen de dice algo le digo que es para amansar perros locos.
⎯Ya.
Perfilamos el auto frente a un gran portón deslizable, en las esquinas había espejos y camaras de video. Un guardía nos abrió la puerta.
⎯Somos de supervisión canina.
Pinche nombre pero eso éramos, supervisores caninos.
Pasamos con el auto y después de presentarnos con el supervisor y de registrarnos en su bitacola, nos dijeron que debiamos de ir en el auto a la parte trasera de una bodega en donde se encontraba el perro de nombre Nerón y ellos llamarían al guardia para que nos alcanzara allá.
Se veía al fondo una jaula cubierta con un techo de lona color azul. Había polvo de cemento por todos lado que ya comenzaba a picarme la piel.
Al acercarnos el perro comenzó a ladrarnos, para mi en ese tiempo el ladrido me parecía normal, un ladrido equis.
⎯Tiene miedo el perro. ⎯dijo Paul.
⎯¿Cómo miedo?¿Cómo sabes?
⎯Por el tipo de ladrido, la frecuencia es espaciada, el tono es agudo.
⎯Pero si está en su jaula, ¿De que tendría miedo?
Paul me volteo a ver y sonrió.
Cuando llegó el guardía que lo manejaba yo me fui de espaldas porque era un tipo con mucho sobrepeso, chaparro, moreno, Oaxaco vaya.
⎯Que tal oficial… ⎯le dijo Paul.
⎯¿Oficial…eso? Noooo ⎯susurré.
⎯Que tal. ⎯el oaxaco articuló.
⎯¿Podría sacar a la unidad? ⎯dijo Paul y apenas se le entendió con el cigarro en la boca.
¿Unidad…de qué hablaban? Está muy mamón todo este pedo, pensé.
El oficial, como lo llamó Paul se dirigió a una caseta de vigilancia que estaba a pocos metros de ahí y sacó un pedazo de metate de esos amarillos para tender la ropa. El bruto pensaba sacar al perro con eso.
⎯¿No tiene equipo…?
⎯Aquí no nos han dado nada. ⎯respondió.
⎯Pues para eso estamos nosotros aquí. Ahora nos vamos a llevar al perro a entrenamiento y se lo devolveremos con collar y equipo cmpleto.
⎯EEEE. ⎯Así hizo el oaxaco, lo juro.
⎯Sáquelo con lo que lo saque para que nos muestre qué sabe hacer el animal. ⎯le dijo Paul.
¿Cúal de los dos?, pensé.
Cuando el gordito iba a sacar a Nerón yo me acordé de cuando saqué a Hunter. Observé detenidamente esperándome lo peor, tuve ganas y lo hice, me fui caminando al auto diciendo que había olvidado mi teléfono. En realidad esperaba que el perro se le escapara desbocado, no quería correr ningún riesgo.
A medio camino voltee y ví que ya lo tenía agarrado con su mecate. Regresé.
⎯¿Qué sabe hacer la unidad?, muestreme.
⎯Camina ire…EEEE ⎯contestó el o-f-i-c-i-a-l.
Me llamaba mucho la atención Paul porque no parecía enojarse, ni siquiera molestarse, por el contrario, lo tomaba serio. Normal.
⎯¿Y qué más sabe hacer?
⎯Pos ya, nomás.
⎯Demelo entonces y dele a mi compañero sus platos de la comida. ⎯comentó Paul.
⎯No tiene plato, si come en el suelo. Ya de vez en vez la señora de que hace la comida le trae unos chilaquiles pero se los damos directos con la olla.
Hay no mamés, dije sin miramientos, valiéndome.
Paul tomó al perro del mecate y le hizo la observación al guardia de que la unidad canina estaba descalabrada.
⎯Es que lo vecinos de allá riba, pues le tiraron un pedrada.
⎯Ya. ⎯contestó Paul, llevandose al perro al auto y ahí le puso un collar y una correa de su propiedad y le regreso su mecatito al o-f-i-c-i-a-l.
Volvió a amarrarlo como lo había hecho con Hunter y Jade.
La torreta reinició sus vueltas y nos encaminamos a la puerta principal.
Tuvimos que volver a firmar nuestras respectiva salidas.
Como experiencia había estado bien pero no creía que pudiera lidear con eso todos los días.
De San Antonio al Ajusco, de nuevo el tráfico, Nerón estaba muy nervioso, eso lo noté porque como que buscaba al gordito.
De nuevo había una jaula libre para meterlo.
Paul me dijo que a partir del día siguiente yo tendría que venir, abrir, sacar, sí…SACAR a Nerón y comenzar a conocerlo dándole simplemente unas vueltas con la correa puesta.
⎯Esto no se debe de hacer, pero le voy a dejar por esta vez el collar puesto para que te sea más fácil nada más ponerle la correa y sacarlo. ⎯me dijo Paul.
Al otro día yo ya tenía llaves del campo, el recorrido de mi pequeño suburbio al Ajusco me había llevado 2 horas. Cuando llegué los 3 perros comenzaron a ladrarme a lo lejos desde sus jaulas.
Así fue como comencé a trabajar en el campo para Paul.
Estaba muy nervioso yo ahí sólo con los tres perros. Era el mes de Enero, hacía frío, pero no en ese momento.
Decidí tomármelo con calma, primero instalé muy cosas en una mesa de plástico, después decidí que tenía hambre y salí a la tiendita de la esquina por algo de comer.
Después de una hora, y un silencio total, los perros en sus jaulas durmiendo y yo del otro extremo con mis papitas, pensé que ya era tiempo de sacar a Nerón.
Comencé a hacerme a la idea de que no me pasaría nada, que eso mismo ya lo había hecho con el otro Hunter en Topilejo y que si un gordito con un mecate podía interactuar con el perro, yo más.
Sí, Nerón parecía asustado. No hacía absolutamente nada. Cuando me acercaba a la zona de jaulas Hunter y Jade me ladraban pero Nerón sólo me veía.
Ahí frente a la jaula pensaba en mi reto del día, sacar a Nerón a dar un paseo por el pastito. Solo era eso, que nos conociéramos y que nos fuéramos perdiendo el miedo mutuo. Me hubiera gustado que el perro me tuviera miedo y yo no a él, pero las cosas eran diferentes: yo le tenía miedo y él estaba muy sacado de onda.
Bueno ya, pensé. Se estaba haciendo tarde yo llevaba ya ahí más de 2 horas y no podía cumplir con la tarea que se me había encomendado.
¿Y si el perro me muerde, qué hago si estoy solo?, ⎯pensé.
¿Porqué no venía Paul a sacarlo y después de un rato de estarlo paseando, me lo da y ya?, yo lo paseo otro ratito y así…
Pensando que tenía todo el tiempo del mundo, que no estaba con la presión de Topilejo, pensé en lazarlo con la correa.
Abría la reja y cuando en perro se acercaba yo la cerraba. Preparé mi correa abierta, con un circulo del tamaño de una llanta de trailer.
⎯Ven, ven chiquito, aquí, ven ⎯le decía a Nerón.
Supongo que el perro ya estaba hasta la madre de que cuando la reja se abría y él venía, la reja se cerrara. De pronto ya simplemente no vino, se echó en el piso, exhaló aire y dijo algo así como: eres un pendejo.
⎯Pinche perro, no soy un pendejo, nada más acercaté de nuevo y vas a ver lo pendejo que soy.
Nerón estaba listo para tomar una siesta.
⎯¿Entonces no quieres salir, guey? ⎯le dije.
Nerón me tiró de loco.
⎯No me ignores, cabrón. ⎯le dije.
Me ignoró. Entonces ante su pranganes y hueva, no me quedó de otra que meterme a la jaula y arrojarle la correa sobre la cabeza.
El perro siguió inmóvil.
La correa ya estaba sobre él, sólo necesitaba algo de suerte, que se levantara y la correa caería dentro de su cuello.
⎯Hey, hey…move it.
Nada. Nada.
En mi bolsa de la chamarra tenía la mitad de un cuerno de pan, lo saqué y se lo arroje al frente. El perro se movió para comérselo y en ese momento la correa cayó dentro. Salí corriendo de la jaula con la correa en mano y Nerón de un lado.
⎯Te chingué…guey…
No, pero si no haces nada, ¿Eres buena onda verdad?
Le di un paseo de 15 minutos sobre el ring, el perro orinaba algunos arbustos. Durante ese tiempo lo acaricié varias veces. Sin soltar al perro fui por su plato y lo llené de croquetas, después coloqué el plato en el suelo. Nerón comió un poco y segundos después se desinteresó. Lo llevé a su jaula, lo metí y ahí dentro con él, le quité la correa.
nano day 9
Noviembre 9, 2006De nuevo Topilejo, comenzaba a cansarme el We are the champions.
Algo dentro de mi me decía que debía enfrentar de nuevo a los perros de seguridad. Alejandro nos había dicho la noche anterior que no estaría presente durante el día.
Marco, ya recordaba.
Se nos dijo que fuéramos a la bodega y eligiéramos un equipo cada uno. El tradicional traje de agitador constaba de una casaca y un pantalón. Los trajes eran de una marca europea y estaban hechos con lino francés. El peso aproximado de cada traje era de 10 kilos. Para ponernos el pantalón debíamos de quitarnos los zapatos y después de ponernos el pantalón, de nuevo poner los zapatos, ya más difícil por lo estorboso que era el traje.
Después la casaca, que para poderla cerrar bien de los broches del pecho, era necesario la ayuda de otra persona.
Cada uno de nosotros salimos de la bodega con los trajes puestos.
Marco había dispuesto el campo de entrenamiento con obstáculos. Nos dijo que debíamos adecuarnos al traje.
Entonces el asunto era comenzar a correr con el traje puesto dando vueltas y brincando los obstáculos.
Frente a uno de los costados del campo había un pedazo de cerro pequeño pero empinado. Era una subida de unos 40 mts y la pendiente estaba pronunciada. Se nos dijo que subiéramos, que la escaláramos con el traje puesto.
Mientras Marco hablaba por teléfono desde la oficina.
Después se nos enseñaron unos movimientos parecidos a las catas de kunfú en donde practicábamos la forma correcta de darle la pierna al perro, entonces corríamos un poco y después estirábamos la pierna izquierda, la ofrecíamos como si fuera un pase en un juego de fútbol. Después lo mismo pero por atrás, es decir, en reversa. Le siguieron ejercicios para ofrecer el brazo.
Para cuando terminó toda esa parte de conocimiento del traje yo ya estaba exhausto.
No se nos permitió descansar. Marco sacó de las perreras al perro de color negro. No dijo que era un pastor belga, que era de él tampoco, que con ese perro se trabajaría es día.
El perro mostraba una ansiedad particular, buscaba como si esperara algo en particular. Pusieron al perro en el centro del ring de trabajo, así le llamaban al campo de entrenamiento: ring.
Colocaron al perro en el centro del ring, otro manejador ya veterano le ayudó a marco sujetando al perro.
Se nos dijo que el perro no avanzaría, sino sólo a la distancia que lo permitía la correa. Que debíamos acercarnos hasta su perímetro de alcance y en ese instante debíamos entrar de la misma forma en que nos había enseñado en la práctica.
Cuando fue mi turno para entrar, me cuestioné la efectividad del traje, se veía grueso, ¿pero como se sentiría una mordida?.
Definitivamente no confiaba en el traje. En cierto momento cuando comencé a acercarme, el perro inició un ladrido insistente, sin parar, guau, guau, guau, guau, guau…
Me pareció que el veterano manejador sabía lo que hacía y que me protegería si alguna cosa mala me pasaba.
Hubo un momento en que me detuve frente al perro a escasos 30 cms de él. No podía caminar más, no quería que me mordiera. No deseaba sentir como se siente que te muerdan, nunca me había mordido un perro.
Entonces escuché el grito de Marco desde la oficina.
⎯Entra ya…se va a desgastar el perro…
Yo no lo veía nada desgastado, ni cansado. Al contrario, estaba furioso, no era adorno decir que escupía saliva a cada instante, que no entendía eso de desgastar bien a bien.
El asunto es que no me quedó más remedio que dar el siguiente paso, como si bajara del Apollo 11 ante lo desconocido y hubiera la posibilidad de que me desintegraran. Sí, el perro era un extraterrestre que me desintegraría la pierna completa.
El tiempo se estiró como una liga y pude anteponer mi pensamiento en la imagen de lo que iba a suceder. Vi como mi pierna era sacudida con fuerza, apenas podía sostenerme en pie. Vi como el perro no me soltaba y esa imagen se destrabó para ahora transcurrir en un tiempo acelerado, y todo eso fue real. ¿En qué momento me iría a soltar el perro?¿Sus dientes traspasarían el traje importado?¿Perdería el equilibrio?¿En qué momento el pendejo ese dejaría el teléfono?…para gritar: ¡quítaselo!
Joder algo me tronó en la espalda.
¬⎯Quítale al perro ⎯grito Marco, como quién dice algo así como: tengo que ir a pagar las tenencias. Escueto y seco.
Cuando el perro me soltó sentí como podía volver a apoyar mi pierna sobre el pasto, como lograba caminar, sí, no me la desintegró.
La primera mordido había sido más ruido que nueces. A esa le siguió otra pero entrando de espaldas. Aquí había que marcarle muy bien la trayectoria al perro. La dificultad radicaba en que entrando de espalda no se podía ver muy bien el momento de ofrecerle al perro la pierna. Se nos dijo que si no marcábamos bien la trayectoria, el perro podría morder en cualquier otro sitio, por ejemplo la espalda.
Cuando fui mordido, sentí un fuerte jalón que de no ser por mi equilibrio, me hubiera mandado directo al suelo.
Era más fácil entrar de espalda porque uno no ve al perro de frente.
Después de estos 2 ejercicios, cambiaron al perro de sitio. Lo pusieron al frente del ring, en el mismo sitio en donde nos encontrabamos.
Marco dijo:
⎯Ahora viene la mejor parte. Van a correr cuando yo se los indique y aproximadamente 20 metros después, lejaré al perro suelto para que los atrape.
No lo podía creer. Sin el manejador veterano no había quién nos cuidara.
El perro estaría en libertad plena. No quería ser el primero.
⎯Si por alguna razón el perro los tira, tápense la cara, cúbranse bien con ambos brazos en lo que el manejador llega a asistirlos.
Tuvimos que sortear los turnos en un chin chan pu. Yo quedé tercero.
El primero en correr fue Pedro. El perro lo mordió en una pierna que se fue escurriendo hasta la parte del traje que quedaba a la altura del tobillo. Después se fue sobre su bota.
El veterano tardaba mucho en correr y llegar a la acción. Fue el tiempo suficiente para que el perro pudiera morder con la suficiente ansía que su colmillo penetró por las costuras de la bota. Le abrió el zapato en dos partes. Después fue turno de Alberto. Él estaba con problemas de sobrepeso pero con todo y eso, el perro no lo derribó. Alberto movió la pierna lo suficientemente rápido que el perro permaneció en donde lo había mordido desde un inicio.
Durante mi turno, me preocupaba mucho poder ver el momento en que saltaba el perro. Quería que mordiera mi brazo porque si me mordía una pierna y era la de apoyo mientras corría, seguro me tiraría.
Corrí algo despació, tenía la cabeza girada de costado para apenas ver una estela que se acercaba.
El brinco del perro para morderme el brazo y yo ofrecérselo, traía consigo demasiada fuerza e impulso. Fue como un jalón brusco, asertivo.
El perro me había volanteado y sosteniéndome con los dedos de la otra mano fue que no caí por completo. Intenté mover y mover el brazo pero la fuerza era mucha y sólo logré mantener la tensión.
El veterano llegó y me dijo que no me moviera para poderme quitar al perro.
⎯ausssss.
Ya en casa no podía sostenerme en pie, estaba exhausto.
Había quemado tanta adrenalina que no tuve la fuerza limpiar el patió en donde dejaba a Tosca. La metí directo a mi recamara y caí sobre la cama.
Estaba ya hasta la madre de los perros de guardia, de tener que pasar por ese calvario diario. Estaba pensando seriamente en suspender la otra parte del adiestramiento.
Debido al corto tiempo del curso y al programa tan extenso, no volvimos a tocar el tema de los perros de guardia. En lugar de eso vimos algo de teoría referente al marco legal de los adiestradores.
Teoría del tipo de cómo seleccionar un perro policía y como arrancar nuestro propio negocio.
Debo insistir en que la parte de los perros de seguridad fue muy basta.
En charlas extra clase me enteré que aparentemente no había examen para acreditar el curso. Desgraciadamente fue una ocurrencia nueva de Alejandro.
Uno de los últimos días para finalizar la quinta y última semana, había pocas cosas ya que ver. Paul estaba explicándonos algo sobre el uso de perros detectores. Alejandro llegó diciendo que debía de entrenar con su perro, que lo íbamos a ayudar.
Los 4 alumnos escondidos detrás de una manpara, él con su perro Azkor. El perro estaba amarrado de la correa a un poste. Alejandro no tenía que hacer resistencia, sólo tenía agarrada esa correa tensa de un jaloneo constante. Azkor echado sin hacer absolutamente nada.
⎯El primero de ustedes con manga de cachorro ⎯dijo.
El primero resulté ser yo porque los demás estaban o en le baño o pagando en la oficina.
Me puse una manga de color verde muy suave, de lino. Azkor no lucía como cachorro, ¿Entonces para qué usar la de cachorro?
Yo no quería hacerlo. No quería salir de la manpara.
⎯¡Qué esperas, apurate ya! ⎯grito Alejandro a lo lejos.
Comencé a agitar a Azkor con una técnica que se nos enseño llamada agitación en civil. Se trata de gritar y hacer aspavientos con movimientos exagerados de brazos, todo para que el perro entrara en alerta.
Azkor no parecía interesarse. Su postura era más parecida a la de un perro echado al lado de su amo mientras éste bebe un café en un restaurant. Yo estaba ya cansandome de hacer aspavientos, mover los brazos, moverme de un lado al otro, como si fuera un gallo oliendo a una hembra en celo.
⎯Acércate más, no ves que está amarrado…
Era una de tantas ocasiones en las cuales, en silencio le decía a Alejandro pausadamente: Chinga tu madre, puto, me cagas la madre…pinche enano de mierda.
Me acerqué escasos 20 cms de Azkor, no me gustaban los pastores alemanes, en eso momento recordé toda una tarde perdida al estudio de la genealogía del pastor alemán. Tuvimos que estudiarnos las líneas más famosas y reconocidas de perros de Alemania. Soplarnos un video de 2 horas del sieger alemán. Ver al enano salir por ahí con un sombrerito ridiculo lleno de brochecitos…
⎯Entra YA…
Mis huevos son tus ojos, cabrón.
Entré, ni modo. Pero entré mal, entrando pero saliendo, sí tenía miedo.
⎯¡MAS ARRIBA CABRÓN.
El hijo de puta me había dicho cabrón eso me encabronó, estaba a punto de irme encima del guey, pero pues como si Azkor me tenía agarrado de la manga.
Así que sin esperar más saqué mi brazo, le dejé la manga al perro y me fui.
No dije nada, supongo que se me notaba la molestia pero no dije nada ni hice nada más.
Al otro día de ese incidente fue el examen. Era la primera vez que Alejandro aplicaría una evaluación para obtener la acreditación de adiestrador p-r-o-f-e-s-i-o-n-a-l.
La parte de la práctica fue hacer una rutina de obediencia con algún perro. Alejandro se había ido a una cita fuera. Entonces yo hice la evaluación con un labrador negro que me encontré en una de las jaulas. Uno de los cuidadores me había dicho ese perro era de Alejandro, que lo estaba vendiendo, que tenía ya la obediencia. A paul no le importó, estaba de los más relajado, para él todo eso era cumplir con el tramite. Además paul y yo para ese momento ya nos habíamos hecho amigos porque ya no sólo me regresaba con él. Días antes, nos habíamos visto porque nos invitó a todos a conocer su nuevo campo de adiestramiento en el Ajusco.
Recuerdo que de todos, sólo pude ir yo porque los demás trabajaban.
En el campo, Paul me mostro si pequeño ring con césped recien puesto, habían un albañil construyendo los muros de los que serían las jaulas. Hacía 5 cajones de estacionamiento perfectamente pintados con cal.
Paul al final del recorrido me dijo que terminando el curso si yo lo deseaba podía trabajar con él. Después de todo yo te enseñé lo que sabes, así que estas capacitado, dijo.
Entonces en la evaluación de obediencia acredité sin pestañear, todo lo hicimos.
Después vino la parte de la evaluación escrita.
Un examen muy difícil porque se nos preguntan mucho tecnicismos y no solamente de las técnicas de obediencia. La parte que todos dejamos en blanco era la de seguridad. Nadie recordaba nada de la seguridad, como si el miedo nos hubiera invadido, no sabiamos nada de principios de seguridad, ni los dispositivos, ni las posibles amenazas, riesgos, frecuencias, tendencias, ¡impactos consecuenciales!…¿Qué era todo eso?…porque si lo vimos.. ¿no?…yo sólo ví colmillos y saliva, pensé.
¿Resguardo de unidades caninas?. Tampoco, cero.
¿Procedimientos operativos del perro?..menos.
¿Especiales?, ¿contingentes?..uhh..no.
Total todo en blanco.
Después llegó Alejandro para recordarnos que el examen tendría un costo de 150 pesos y que sólo podrían entregar el examen los alumnos que hubieran cumplido con el 100% de sus pagos.
El muy cabrón.
Esa noche todos nos despedimos, intercambiamos teléfonos y quedamos de vernos para los resultados, si pasábamos, del examen.
Días después Paul me habló a mi casa para preguntarme si no lo quería acompañar a recoger unos perros en Lindavista. Pasó por mi a un café de Coyoacán y de ahí nos encaminamos hacia el norte de la ciudad.
⎯Salieron muy mal en el examen. ⎯dijo.
⎯Pues si. Estaba muy difícil.
⎯¿Cómo difícil si todo lo vimos?
⎯Sí, pero no le entendimos nada a eso de la seguridad, ya ves que el ring con la obediencia, todos salimos bien.
⎯Ya le entregué los resultados a Alejandro y ninguno pasó, el que salió más alto fue Pedro y tampoco pasó.
⎯¿Y entonces?
⎯Pues no sé qué vaya a hacer Alejandro.
⎯¿Y nuestros diplomas?
⎯No sé.
Después de eso, Paul me contó que ibamos a una compañía de seguridad privada. Policía bancaria específicamente.
Resultó que Paul había entrenado esos perros tiempo atrás, que les había elaborado todo un programa de las unidades caninas y qué de pronto la compañía hacía cerrado. Entonces nos encaminabamos a una bodega en donde tenía algunos camiones de transportes de valores y ahí estaban los perros.
⎯¿Y porque los recoges? ⎯pregunté.
⎯Me los están regalando. Uno ya está viejo, por cierto, se llama también Hunter. La otra es una hembra joven y muy bien conformada se llama Jade. Son Rottweilers.
Cuando escuché eso sentí como si esos perros fueran a morderme de nuevo. Eso junto con el humo del cigarro de Paul, me hicieron que me sintiera mal del estomago.
⎯Mira, me compré una torreta para el auto en un puesto de fayuca. ⎯dijo Paul, sacándola de su cajita made in china y colocándola sobre el tablero de su shadow.
Me dolío un poco mas el estomago.
Cuando llegamos al lugar, parecía un taller de hojalatería. Los maestros mecánicos eran los mismo policías.
⎯¡Qué pasó mi Paul! ⎯dijo uno de ellos.
Todos los ahí presentes recordaban a Paul, y sonreían como si hubieran pasado buenos momentos juntos.
Uno de ellos, un poco menos salvajito, salió de un cuartito junto con el sonido de una vieja canción de los ángeles azules:…cuanto te vi pasar, me hiciste recordar, un hermoso sueño…de una mujer especial…
Después de saludarnos esta persona le dijo a Paul que él se hubiera quedado con Hunter pero que no tenía lugar para él en casa. Que era un perro bien cabrón.
Nos acercamos los tres a una esquina en donde había una jaula improvisada debajo de una escalera. Ahí estaba Jade, la hembra jóven. En un bajo al lado de una oficina se encontraba Hunter.
Por los murmullos me dí cuenta que los guardias le tenían miedo a los perros, varios dejaron a un lado su trabajo para ver como es que Paul se metía, les ponía el equipo y los subía al auto.
Reían como paisanitos de nervios. Yo puse el rostro sería como si diciendo, heyyyy, esto no es un circo regresen a trabajar.
Paul encendió entonces un cigarro, tomó unas correas de piel muy extrañas y se aproximó a los perros, les puso el equipo y salio a la calle con ellos.
⎯Quiero que hagan del baño antes de emprender el regreso. ⎯me dijo.
Me intrigaba mucho la forma en que iríamos a regresar con dos rottweiler enormes, todos en el mismo auto.
Paul los subio y amarro las correas a la parte trasera del asiento, los perros por mas que se aventarán nunca alcanzarían a rozarnos la cabeza, ¿O si?
El regreso fue muy cansado, del lindavista al Ajusco es un trayecto que en medio del trafico con dos rotts es algo muy extraño.
La gente en los semáforos nos volteaba a ver, los perros se estaban deshidratando me comentó paul.
En el campo del Ajusco ya estaban sus jaulas nuevas, con cubetas de agua fresca. Paul los bajo del auto, los volvió a relajar como lo llama y 1º minutos después los metió en la jaula, cerró todo muy bien y salimos de ahí. Fuimos a Coyoacán nuevamente y en el sitio en donde nos quedamos de ver ahí mismo de dijo para que yo tomará el metro de regreso a casa.
¬⎯Mañana voy a ver a Alejandro para saber qué va a pasar con el examen.
Regresé a casa y me encontré a mi perrita tosca semidormida, le puse el collar y salimos por la tarde a casa de Roberta. Le conté todo mi día como algo muy nuevo para mi, en realidad lo era, le dije que habiamos reprobado todos y que no me importaba ya mucho que no me dieran el diploma, ya que lo más importante había sino haber aprendido y que ahora la situación era otra, ahora que Paul comenzaba a llevarme con él.
nano day 7
Noviembre 7, 2006La parte de los refrescos fue cómica, porque yo creí que eran para todos y Alejandro en verdad me sorprendió diciendo:
¬⎯¡Qué esperas…sírveles a los clientes!
La semana que siguió se habló de los instintos heredados en los perros, su sistema de comunicación, y hubieron 2 días dedicados a la crianza.
Esta parte de criar perros llamaba mucho mi atención, recuerdo que desde que Tosca tuvo su primer celo, comencé con la idea de en algo momento deseaba cruzarla y llegar a vender los cachorros.
Alejandro era veterinario y en algún momento de su vida más que en ese momento de dedicó a criar su raza favorita: el pastor alemán.
La buena crianza es considerada como un arte y lograr una excelente crianza implica conocimiento y una buena inversión monetaria.
Después de ver las etapas del celo y la forma en como debían ser las montas, fuimos a la finca de Alejandro para ver sus instalaciones. Vimos primeros las instalaciones del adecuado confinamiento de los animales en jaulas y después ya específicamente el sitio en dónde las hembras alumbraban y cuidaban de sus cachorros.
Es la finca había un sitio apartado de la casa de Alejandro parecido a una caballeriza pero para perros. Era un área para cerca de 12 perros, la última parte, nos dijo era un paradero para las hembras en gestación.
Por mi mente pasó la idea de que en algún momento yo podría hacer algo similar comenzando con mi perrita Tosca.
Faltando 2 días para concluir las 2 primeras semanas fui a realizar otro pago a la oficina. Alejandro estaba ahí y me preguntó si pensaba continuar en el curso con el siguiente modulo o no.
El curso era muy completo, no creo que muchos adiestradores hayan tenido tanto conocimiento de tan variados temas en tan poco tiempo.
Según el programa en la tercer semana se vería, el adiestramiento de perros deportivos, la obediencia avanzada, y los principios básicos de seguridad…el arte de la agitación civil, marco jurídico, los perros policía y técnicas de aprensión, cateo y trasporte de delincuentes, etc.
Había una parte que decía Técnicas de ataque con bozal y el trabajo con perros de detección de narcóticos.
Yo estaba indeciso, por mi mente no entendía la razón de aprender todo aquello. Cuando Alejandro me vio dudoso en tomar el segundo modula me dijo. Nadie puede decirse adiestrador profesional sino tiene el conocimiento de la guardia y defensa con los perros. Lo mejor de los perros es eso, la práctica de algún deporte, pero no el agility…te hablo del schutzhund, del ring sport, del ring fránces, del mundo ring…sólo sabiendo hacer eso es que puedes llamarte adiestrador profesional.
Paul por su lado me dijo que para él los deportes no importaban tanto, pero que era necesario saber eso para poder llevar a un perro a ser operativo en las calles. ¿Un perro operativo?…pero de qué me estaba hablando yo tenía un Golden al que le gustaba ir por la pelota.
Paul aseguraba que el conocimiento de los instintos que se veían implicados en los deportes en donde el perro muerde, es la clave para el conocimiento pleno de los perros. ¿Cómo sabes cuando un perro tiene miedo?, ¿O cuándo va a atacar?, si lo va a hacer por miedo o por gusto…
Durante ese fin de semana me llevé conmigo lo de que sólo sabiendo eso podría ser verdaderamente adiestrador profesional…como los del parque esos que posaban perros, aunque no era lo mismo posar perros que enseñarlos a morder. ¿Se podría ser adiestrador profesional sin que el perro muerda y sólo posandolos en concursos de belleza?
Con el tiempo pude saber la diferencía entre ambos, los que posan perros no son adiestradores profesionales, son simple manejadores de pista.
Ya estaba inmerso en el clima gélido de Topilejo y los viajes de 3 horas para llevar hasta ahí. Endeudado. No había mucho que perder, hay una parte de mi un tanto masoquista y autoflágelante, así que venga, yo quería ser p-r-o-f-e-s-i-o-n-a-l.
Para la parte de las técnicas de obediencia se nos permitió que llevaramos a nuestro perros. Tosca ya había cumplido con todos los ejercicios del parque, entonces yo estaba confiado de que no me daría problema. De las primeras cosas que comenzaron a cambiar fueron los comandos, yo la había entrenado en ingles. Alejandro había aprendido a entrenar perros en Alemanía, él le daba los comandos a sus perros en alemán.
Platz. Bleib. Fuss…etc. Es sonido de los comandos, definitivamente me gustaba más que en pinche ingles. Ya como que comenzaba a sonar eso medio maricon. El down perdiá fuerza, presencia…no era igual decir PLATZZZZZ…cabrón!!!!
Sólo nos dio tiempo de entrenar con nuestros perros 2 días, al tercer día comenzó el entrenamiento de guardia y protección y nuestros perros ya no servían para eso, los de nadie, Pedro tenía un boxer adoptado, no servía, Joel una hembra de Labrador, Alberto, un pastón alemán pero ya estaba senil.
Sin poder trabajar con nuestros perros se nos dijo que al siguiente día del curso sólo llevaramos nuestro equipo que consistía en una correa de piel de 1.80 mts de largo y el collar de castigo.
Al siguiente día ya todos con nuestro equipo Alejandro nos llevó a la entrada de las jaulas, era un pasillo, del lado izquierdo 15 jaulas del derecho lo mismo. A la entrada había un pizarrón blanco con los nombres de todos los perros con el numero de jaula y especificaciones tales como cantidad en gramos de comida, si estaban en tratamiento medico y observaciones como: Hoy no quiso comer, se vomitó, se chupa mucho el pito, se desmadró la cola…etc.
Cada uno de nosotros debía escoger un perro, se tacharon con un marcador cerca de 10 perros que no servían para nuestra instrucción, es decir, estaban ahí cursando la obediencia básica o pensionados.
De los que quedaban, tuvimos que elegir sin saber qué razas eran. Para estas cosas algunas veces suelo ser arriesgado sin pensármelo mucho aunque ya después no tenga escapatoria.
A mi me llamó la atención el nombre de Hunter, me hice a la idea de que podría ser un perro de cacería de esos que van por lo pajaritos que caen muertos y te los traen, después de todo eso hacían los goldens.
No recuerdo los otros nombres, yo me fui por hunter, los demás por los suyos.
⎯Tienen 10 minutos para ponerle el equipo al perro y salir con él al campo. Los quiero formados uno al lado del otro. Listos, muévanse.
Odiaba que me hablaran en ese tono, mucho menos cuando estaba pagando por ello. En los scouts me hablaban igual pero era gratis.
⎯Cuidado de que se les escapen. Son perros de guardia, pueden ser peligrosos si se les escapan.
No nos digan eso, ¿Qué caso tiene?…se supone que eso ya lo sabemos para qué no lo repiten y justo antes de sacarlos. Terminando de decir eso, escuché ladridos, lloridos, y aventones contra la puerta de herrería de los perros ansiosos por salir. No es que lo hubieran comenzado a hacer en ese momento, si no que apenas me percate de eso y del sitio en el que me encontraba en ese momento.
Comencé a caminar por el pasillo, mi jaula estaba a la mitad, caminar por ahí era como un rastro, nunca he estado en uno pero así me lo imaginé, un olor penetrante a orin y excremento, busqué su origen y me topé frente a una cubeta de esas de pintura de 20 litros llena, atiborrada de excremento, aplastado como mole. Pequeñas coladeras sin tapa, faltaba luz…era algo que nunca me imaginé pero ahí estaba. La numero 17 era la de mi perro. Comencé a temblar como cuando hace frío y no hacía aun era temprano.
Corrí el picaporte de la puerta y la abrí sólo un poco, inmediatamente el perro me la azotó de un empujón seco. ¿Qué estará haciendo Tosca en ese momento?⎯pensé. Seguro durmiendo la siesta.
Después de intentarlo 5 veces, ví pasar a Joel, saliendo ya con su perro.
Ese simple hecho incrementaba mi presión, uno y lo había logrado.
Debía de cambiar de técnica, ni siquiera podía abrir la jaula.
Permanecí ahí frente a la puerta sin hacer nada y vi como arriba de la puerta había un hoyo, una ventilación, un vacio de donde terminaba la puerta al techo, y por ahí cada cierto tiempo el perro que ahora vi era negro se asomaba brincando. El cabrón saltaba casi 2 metros.
No puedo, va a ser imposible que lo saque ⎯pensé.
Después pasó corriendo Pedro, yo ya tengo al mió ⎯dijo.
Qué puta mala suerte, voy a ser ultimo si bien me va.
Paul vino a ver como íbamos los que quedábamos.
⎯¿Sabes qué?…yo te recomiendo que te metas a la jaula y cierres por dentro para que no se te escape, sino Alejandro se va a enojar.
A quién chingados le importa Alejandro, lo que yo quería era poder lazarlo y salir de ahí sin ser mordido, ¿No ves que está loco?
Todo esto lo pensé en el momento mismo que mis labios pronunciaron: ¿si verdad?
Antes de pensar en la posibilidad de meterme dentro de la jaula de Hunter intenté amarrar la correo para que quedara un espacio grande y lazarla, pero tuve miedo de que no fuera exacto y se safara saliéndole de la jaula.
Alberto fue el tercero en salir con un pastor alemán.
Con la presión de que era el último, o sin la presión porque ya simplemente queda yo, no tuve más remedio que pensar cómo es que iba a realizar ese movimiento rápido de abrir un poco la jaula, meterme con igual rápidez y cerrar completamente la jaula. Sí encerrarme junto con Hunter. Lo peor que podía pasar era que me atacara, nada más.
Ni modo.
Lo hice y estando dentro me percaté que era un perro grande, atletico, de color oscuro, con hocico inmenso. Hunter se quedó sorpresivamente para mi quieto tranquilo. Si pensarlo siquiera le hablé con voz entrecortada, vamos chiquito…¿Chiquito?…este cabrón me va a agandallar⎯pensé.
Poner el collar fue relativamente fácil, después sin soltar el collar le puse la correa e inmediatamente abrí la puerta. Salió él primero desbocado, yo detrás conteniendo su ímpetu, corriendo vaya.
Él iba adelante así que parecía que lo que menos le importaba era que yo lo llevara, me llevaba.
En el campo ya estaban los demás formados con sus respectivos perros.
Hunter me jaló hasta unos arbustos en donde hizo del baño. Alejandro me observo unos minutos y después me indicó que me incorporara con el grupo. Todo debía de controlar a sus respectivos perros logrando que se sentaran tranquilos para esperar instrucciones. Hunter no quería sentarse.
⎯Sientalo.
⎯¿Pues cómo?⎯pensé
⎯Sólo levántalo del collar.
Comence a jalarlo lentamente y en lugar de que se sentara, Hunter se levantó en dos patas, estaba casi de mi estatura.
⎯Si no puedes con ese collar, ponle este ⎯me dijo Alejandro aventandome un collar de picos.
El collar de picos era la regla en el mundo alemán de Alejandro. Efectivo, doloroso y excesivamente difícil de poner porque si no le queda justo al perros se le tienen que retirar eslabones.
Si con trabajos pude poner el collar de castigo, el de picos era imposible, se requería una manipulación del perro similar a la sujeción de una chica para plantarle un beso sorpresivo.
Hunter parado sobre sus patas delanteras comenzó a mordiquear la correa en un ataque de ansiedad e incomodidad.
⎯No puedo ponérselo ⎯le dije a Alejandro con voz mitdad cortada mita harto de tener que pagar por vivir esa experiencia.
⎯¿Cómo que no puedes?…¡si quiera intentalo!
Paul con sólo verme entendía que las cosas estaban siendo muy difíciles para mi y se acomidió a ayudarme. Sólo falto que Alejandro se hubiera dicho, dejalo, que lo haga el solo. Pero no lo hizo. Fue un gesto parecia al hartazgo, al ya ok, rápido que tenemos el tiempo encima y se va a oscurecer pronto.
Paul que estaba fumando, se puso el cigarro el la boca, puso el collar, quitó dos eslabones, volvió a ponerlo y le me volvió a dejar sólo con hunter.
⎯Ahora si ya jálalo ⎯me dijo Alejandro.
Para mi sorpresa, con un mínimo de esfuerzo, en cuanto jale un poco Hunter finalmente se sentó.
¬⎯van a practica lo mismo que practicaron con sus perros, caminados y sentados, para que se familiaricen con los perros, después los llevan de regreso a sus jaulas.
Estuvimos mando varias vueltas a l campo con los perros y después de tan sólo 15 minutos nos dijeron que los lleváramos de regreso a sus jaulas.
A Hunter casi lo aviento a su jaula con todo y collar de picos, quitárselo de tan ajustado que se usa es un problema.
⎯Oye Paul…no puedo quitarle el collar ⎯le dije.
⎯A ver te ayudo.
Paul me había salvado, desde ese instante estaba dispuesto a regarle un paquete de cigarros, hacerle su página de Internet gratis, estaba dispuesto a llenarle el tanque de la gasolina.
Esa noche al regresarnos, yo venía un tanto espantado y cansado por la descarga de adrenalina que acababa de pasar.
⎯Esos perros que sacaron, los renta Alejandro en servicios de seguridad⎯ dijo Paul.
⎯¿Sí?
⎯Quiero decir que están acostumbrados al manejo de muchas personas, en realidad no me parecieron buenos perros.
⎯¿Cómo?¿No estiendo?
⎯Sí, eran perros tranquilos, un día vas a ver un perro cabrón y lograrás saberlo inmediatamente con tan sólo calarlo un poquito ⎯pronunció Paul con su ya común cigarro sobre su boca.
Durante toda esa noche dormí como asustado, no estaba dispuesto a que ese tipo de experiencias fuera a suceder todos los días. ¿Y mañana?, ¿Qué iba a seguir?¿En qué momento iban a morder esos perros?
Porque hacia allá ibamos hacía la guardia y la defensa.
¿Y eso del hombre de ataque?
No…yo no.
Al siguiente día el ya gastado de todos los días We are the champions, como un himno, como un mensaje pasado de moda pero vigente para el chaparro de Alejandro que para ese momento ya me caía en la punta.
Definitivamente había yo pasado de ser el tipo relajado que desea aprender al sobreviviente que se encuentra a la defensiva, con los sentido más afilados que el mismo Hunter…
⎯Vayan por sus perros, los mismos de ayer ⎯grito el chaparro.
Alejandro nos presentó a un tal Marco. Él era su empleado, su entrenador estrella.
⎯Marco va a ser el hombre de ataque. Quiero que sientan como muerden sus perros. Ya lo repasamos en el salón, el perro se va a querer aventar y ustedes lo contienen con suavidad, hasta que Marco entra, el perro muerde y Marco se quita la casaca y ustedes no sueltan ni un instante al perro.
¿Por qué hago esto?, alguien explíquemelo.
Fui en primero, por voluntad propia pensando que acabaría rápido y que guardaría a Hunter. Cuando marco salió detrás de una manparas, Hunter se puso muy mal, endemoniado diría yo, el jalón que me dio me produjo un tirón que me duró 4 días.
Me jalaba como eso juego en donde dos equipos juegan a jalar la soga.
Parecía que traía skys.
⎯No avances ⎯decía Alejandro.
⎯NO AVANZO…ME J-A-L-A ⎯pronuncié con tono bajo.
⎯¡QUE NO AVANCES!…¿QUE NO PUEDES QUEDARTE QUIETO?
⎯N-o-s-e-p-u-e-d-e, pendejo que no me ves ⎯volví a decir susurrando.
Marco se acercó y Hunter se le fue encima directo al brazo, Marco parecía un karateca excitado por el frenesí del combate.
⎯Ay guey…este cabrón es de hule ⎯pensé.
Hunter qué bueno que ya somos amigos, sí chíngalo a él.
Marco se quitó la casaca y Hunter comenzó a agitarla como el martíni más espeso.
⎯Ahora viene lo más importante, dile que suelte el traje. ⎯grito Alejandro desde su oficina, con lente oscuros con su chaleco de adiestrador p-r-o-f-e-s-i-o-n-a-l
⎯No me chigues. ¿Cómo?
⎯Levantalo como cuando lo intentas sentar.
Y es que lo ahorcaba y Hunter con todo y que estaba ahorcado no soltaba la casaca.
¬⎯¿Y ahora?
⎯Así quedate…hasta que suelte.
Tuk. Soltó…soltó…pues si ya estaba morado…
Guarden a sus perros. Nos vemos mañana con Marco para que comiencen en la parte de hombre de ataque.
Noooo, como caricatura, hombre de ataque no. Hombre de ataque no.
Vaya nombre ese de Hombre de ataque. Sonaba rudo pero era curioso que la imagen que me venía a la mente era la de esos maniquís que usan para probar las bolsas de aire en las pruebas de seguridad de los autos.
Esa noche, cuando me fui a dormir y apagué la luz de mi recamara, escuchaba a Tosca respirar en un profundo sueño, escuchaba la respiración y en los momentos de inhalación dentro de mi cabeza las palabras: hombre de ataque.
nano day 3
Noviembre 4, 2006Para ser en el mes de diciembre, las 9 de la noche lucía como la mediaoche en un poblado estilo rancho. En frío se dejaba sentir, ese primer día no se sintió tanto pero calculo estábamos como a 9 grados.
Salimos todos juntos nos despedimos-presentamos ya en medio de una calle oscura y sin pavimentar, algunos ladridos se escuchaban dentreo de UCA.
El policía que ya dije se llamaba Paul dijo que él iba a la parte de Copilco, que si alguno de nosotros nos quedaba cerca por gusta nos daba un aventón. Yo me sentí aliviado porque el metro Copilco pertenecía a la misma línea de la estación que daba a mi departamento.
No recuerdo quienes regresamos esa noche, creo que fuimos solamente Paul y yo porque había otro alumno que también traía auto y los otros agarraron para otro rumbo.
Paul y yo en su auto comenzamos a platicar, le dije que yo me dedicaba a hacer páginas web. Paul me dijo que el necesitaba ayuda de actualización de la página de sus servicios, que tal vez yo podía darle unos consejos.
Recuerdo que regresé en el metro rumbo a mi casa observando mi carpeta del curso. Quería regresar lo más pronto posible para ver a mi perrita Tosca, había pasado toda la tarde sola.
Al llegar todo estaba en orden, ella se encontraba en un patio ubicado en la parte trasera de mi departamento, ambos estábamos hambrientos.
Después de darle de cenar, la llevé conmigo a casa de Roberta.
Esa era mi rutina diaria, por las noches caminaba cerca de 10 cuadras para llegar a casa de Roberta, estaba con ella, platicabamos sobre como había sino cada uno de nuestros días, cenabamos y cerca de la 1 a.m. regresaba con Tosca.
Esa noche me quedé más tiempo de lo acostumbrado actualizándola y contándole todo acerca de mi curso. A Tosca le gustaba mucho ese paseo, aprovechabamos para entrenar su caminado junto y siempre en un punto determinado se detenía a hacer del baño. No me preocupaba mucho a qué hora regresaba, las mañanas para mi eran sin quehacer, no había mucho diseño web por esos días. No tenía nada que hacer, excepto esperar a que diera la 1 p.m. para alistarme y regresar a Topilejo.
Los siguientes días transcurrieron de las misma forma.
Algunas veces veíamos videos de Animal Planet en donde se hablaba de algunas razas de perros poco conocidas, otras veces veíamos competencias de perros deportivos que en esa época era algo muy extraño para mi.
Llevaba mis apuntes de una forma muy metodica, quería tener datos de todo. Algunas veces la clase iba demasiado rápido para tomar notas.
Era algo muy particular que durante la primer semana del curso, salvo la vez que tuvimos que tomarle medidas al perro, no tuve contacto con ningún otro perro en UCA.
El primer viernes al terminar el curso se nos informó que también habría clase el sábado. Yo no recuerdo que me hayan dicho cuando me inscribí nada sobre ir los sábados, pero ya involucrados de lleno en el asusto de los perros, lo tomé bien.
⎯Mañana los espero aquí a las 6 a.m. ⎯dijo Alejandro.
No, algo estaba mal, ¿Sábado?…¿6 de la mañana?…dos horas para llegar…no pues ahora son las 9:30 p.m., si quieren me quedo ya a dormir.
Se trataba de conocer un poco sobre técnicas de rastreo, en particular el Schutzhund que en alemán significa perro de protección.
Se nos había explicado que este asunto debía de ser temprano, que porque las particulas de aroma a seguir se evaporaban con el calor, o sea, entre más temprano mejor.
Desde que había dejado de trabajar, tenía serios problemas para levantarme temprano. Pero bueno, cuando es algo de tanto interés personal pues en ese momento lo hice.
Al día siguiente ahí estábamos, congelándonos de frío en unos campos de fútbol a 35 kms de la ciudad.
Alejandro comenzó a explicar en qué consistía la prueba y cómo lo iba a hacer, antes ya habíamos visto un video entonces se suponía que tenía una idea del asunto. Para la gente que no le gusta esto, puede ser algo más parecido a un deporte tipo golf: aburridísimo para algunos y apasionante para otros.
La pista debía estar virgen, es decir que nadie estuviera ahí pendejeando.
Alejandro caminó trazando la pista, caminando vaya, digamos 50 metros en un punto se detuvo y puso sobre el piso un objeto de piel, era como una carterita. Después un angulo de 90 grados, más metros, otros, muchos, otra carterita, otra vez angulo de 90, más metros, otra carterita y salida del circuito.
Debimos dejar la pista así, por un periodo de 30 minutos.
A continuación, Alejandro saco a uno de sus pastores alemanes estrellas.
Yo no era partidario de esos perros, no me gustaban, se me hacían sin mucho chiste a mi me gustaban los labradores.
En sierto momento parados ahí a las 7 de la mañana de un sábado me pregunté qué coños tenía que ver el adiestramiento o la entrenada con dejar carteritas en medio de la nada.
Alejandro le puso al perro una correa muy larga de unos 15 metros y dejó ir al perro delante de él.
El perro comenzó zigzagueando un poco pero se notaba que seguía una ruta, la marcada por Alejandro con anterioridad.
Estaban ya demasiado lejos y no se podía ver bien lo que hacían hasta que en determinado momento el perro se echo, en ese instante Alejandro bajó su mano delante del perro tomo la carterita y nos la mostró.
Así siguió con las otras 2 y termino. Bien pues eso era el mentado Schutzhund, más o menos.
Dos horas después regresamos a UCA y se nos dijo que era momento de conocer cómo era el asunto de los clientes que llegaban, lo que se tenía que hacer, es decir, como funciona un negocio de adiestramiento en un día de sábado.
Alejandro pidió a uno de sus asistentes que trajera unos refrescos al salón, yo pensé que eran para nosotros los exhaustos rastreadores pero para mi sorpresa estaban reservados para los clientes.
El salón de clase, ese sábado se veía transformado en recepción de clientes.
El salón tenía una amplia ventana con vista al ring o campo de trabajo.
El objetivo era que los dueños vieran desde ahí escondidos el avance de sus perros en el adiestramiento.
Es decir, los clientes dejaban a sus perros pensionados para que se les adiestrara y los sábados iba a visitar a sus mascotas y a ver sus avances.
Del otro lado del vidrio entraba al campo, el perro acompañado de su entrenador para mostrar sus progresos en los distintos ejercicios de obediencia. Todo esto tenía una razón muy importante, el perro no se daba cuenta, es decir no sabía que sus dueños estaban del otro lado del cristal. Para el perro era un día más de soporta tener que hacer lo que su entrenador le pedía, por lo tanto todo lo hacía bien.
De acá de este lado, Alejandro platicaba con los dueños sobre los problemas que estaban sorteando con la mascota. Los dueños hacían muchas preguntas y al final podían dar la vuelta e ir a saludar a su perro, caminar un rato con el e irse. Pobre perro, pensaba yo.
nano day 2
Noviembre 3, 2006Una noche salí con Roberta al cine. No quería dejar a Tosca en el patio trasero aunque era invierno y creía que hacía mucho frío para un cachorro como ella. Decidí dejarla en el pasillo del departamento, poniendo unas barricadas con algunas cajas de mi mudanza que aun no desempacaba.
Puse más cajas, tapando el acceso a la sala y otras tapando la cocina.
Al regresar esa noche, al abrir la puerta, Tosca quería saltar para recibirme. Se había comido parte de las tapas de cartón de las cajas de la cocina. Cuando prendí la luz del pasillo me encontré que se había cagado por todo el pasillo. Era hasta cierto punto normal. Lo que no fue normal fue encontrarme uno de los marcos de la puerta de la cocina todo mordido.
Como no tenía mucho que hacer por esos días y el diseño web lo tenía completamente dominado, me dediqué a buscar en Internet cosas relacionadas a los perros y en particular que tuvieran que ver con la raza del Golden Retriever. De las primeras cosas que busqué fue alguna especie de instrucción, quería saber que era lo correcto para una perrita de su edad. Decía que debían de tener actividad física. En algún apartado explicaba la forma en que se les enseñaba a sentarse.
Descubrí que utilizando un objeto como recurso valioso, era como se le enseñaba.
Uno no debía darle el objeto hasta que el perro pusiera el trasero en el piso.
No sabía en realidad si mi perra era inteligente , yo interpreté sus sentados como un logro exclusivo de la persona que se lo estaba pidiendo.
Con las cosas que iba yo aprendiendo, todos los días le dedicaba cierto tiempo a enseñarle cosas, como a aventarle un hueso de hilo y que ella fuera a recogerlo y me lo trajera, a que se sentara para dárselo.
Mi novia Roberta vivía a una cuadra de un parque. En una ocasión que me quedé a dormir en su casa con todo y perra, recuerdo que al día siguiente la llevé temprano al parque. Alrededor de una fuente del parque había un grupo de gente, toda con sus perros enseñándoles a comportarse, a que caminaran pegado y a que se estuvieran quietos.
Le pedí a Roberta que fuera a investigar a ver de qué se trataba. Cuando regresó me dijo que se trataban de clases de obediencia, que el precio era bastante accesible.
Después de preguntar los horarios, una semana después, regresé al parque a tomar la clase con Tosca. Debíamos de formarnos todos rodeando la fuente que había en esa parte del parque.
La primer parte del ejercicio consistía en el llamado rechazo de alimento.
Pasaba frente a nosotros una de las instructoras con una salchicha en la mano ofreciéndole a todos los perros. Cuando el perro aceptaba, el dueño debía de darle un tirón con la correa. Uno de los requisitos al entrar y tomar la clase era el uso del collar de castigo. Esa primer clase entrenamos por cerca de 2 horas. Mientras veníamos de regreso pude observar que todo el cuello de Tosca se había irritado de sobremanera.
Tuve que llevarla inmediatamente con un veterinario.
Hubo un momento después de muchos sábados de llevar a Tosca al parque, en que al ver que mi perrita ya hacía casi todos los ejercicios caí en la idea de que se me daba lo del entrenamiento de perros.
La instructora en jefe y yo comenzamos a platicar un día y me atreví a preguntarle si había la posibilidad de que me enseñara algo más avanzado en el entrenamiento. Lo que buscaba era que me revelara secretos, es decir que me enseñara como volverme entrenados. Todo eso sumado a que en una ocasión, no lo voy a olvidar, vi ahí mismo a dos tipos que antes de nuestra clase sabatina se pusieron frente a la fuente a posar a sus perros parecido a la preparación para un concurso de belleza.
⎯Son entrenadores pro-fe-sio-na-les. ⎯dijo una de las instructoras.
Eso de profesionales efectivamente me sonó muy profesional.
La entrenadora en jefe me dijo en ese momento que haría lo posible para que en su próximo adiestramiento particular me llevara con ella para que viera de qué se trataba. La idea sonaba muy bien, pegarme a alguien para comenzar a ver cómo es que se entrenaban perros fuera del circuito de las clases en el parque.
Después de un par de semanas comencé a desesperarme porque no me llamaba y no me decía nada acerca de cuándo iba a ir con ella a entrenar.
Mi desesperación fue tal que ya no quise esperar más, comencé a aburrirme de hacer los mismo ejercicios con Tosca y me di a la tarea de buscar en Internet alguna escuela profesional que tuviera algún curso de formación para entrenadores.
Así fue como llegué al sitio de UCA, la universidad de su perro, que ofrecía ese curso. Llamé por teléfono solicitando información, en pocos minutos me mandaron por Internet el plan de estudios.
Como casi siempre pasa conmigo, pido informes de algo, me entusiasmo y después ya a la mera hora, todo queda en eso.
El plan de estudios comenzaba con cosas muy básicas pero interesantes, había apartados que decían cosas como morfología del perro, psicología del perro, cuidados del perro, técnicas de adiestramiento, etc.
El plan de estudios estaba dividido de una forma muy marcada en dos partes. La primer parte era todo lo que me interesaba, la segunda me resultaba rara y no llamaba mi atención. Había apartados que decían algo así como marco legal, técnicas de agitación y mordida. Nada más de leer la palabra mordida la cosa se ponía escabrosa porque definitivamente yo no quería saber nada de mordidas.
Días después la secretaría de UCA me llamó para preguntarme si había recibido el mail con toda la información. Le dije que si, que me interesaba, que deseaba saber principalmente la duración del curso y el costo. La mujer me dijo que que cada modulo duraba 15 días y que tenía un costo de 12 mil pesos cada uno.
¿24 mil pesos?…sí…escuché bien.
Me interesaba, por supuesto, pero primero no quería la segunda parte, tampoco tenía dinero, estaba desempleado.
Después de algunos días de haberle dicho que lo iba a pensar, volvió a llamar. Me comentó que ya iba a dar inició el curso, que ya había 4 personas inscritas que me animara. Me dio la opción de iniciar con el primer modulo y ya después de una semana tomar o no, la decisión de cursar el segundo, que con un anticipo de 4 mil…sí ya sonaba mejor eso de 4 mil pesos.
Recuerdo que busqué amigos que pudieran prestarme dinero, encontré el prestamo, estaba ansioso por comenzar, una noche antes, me di a la tarea de investigar la dirección porque el sitio me sonaba muy apartado de mi departamento en el corazón de la ciudad, y lo estaba.
A topilejo se llegaba por la carretera libre a Cuernavaca, en el km 23 creo estaba. Debía tomar primero el metro a C.U., después un camión al estadio Azteca y de ahí salía otro camión que decía Parres, mismo que me dejaría en la entrada a topilejo. De ahí un microbús a un punto, después caminar, o sea que estaba lejísimos.
Al llegar a UCAPSA me dí cuenta que una persona estaba bajando de su auto al mismo tiempo en qué llegué. La persona a simple vista me parecía intimidante, traía puestos unos lentes oscuros, en la cintura portaba toda clase de artilugios, al estilo de un policía. Se le veía con mucha prisa.
La puerta de la entrada a UCA estaba abierta, así que después de que el tipo ese medio policía entró, yo entré detrás de él.
Me presenté con la secretaría a quien le pagué el anticipo, ella a cambio me entregó una carpeta rotulada con el nombre de la empresa, la carpeta contenía el mismo plan de estudios que anteriormente me había mndado por mail, el resto, hojas blancas para escribir.
Me dijo que en unos minutos en un salón de la entrada comenzaría el curso. No saludé a nadie, ya rondaban por ahí los que parecían ser mis compañeros.
El curso comenzó con las desgastadas presentaciones, estaban al frente de un rota folios el director de la Academia de Entrenadores llamado Alejandro y el policía llamado Paul.
Para pie de nota debo decirles que uno de los lineamientos del curso era el siguiente: A las 5 en punto, hora en que daba inicio el curso se tocaría el tema musical We are the champions de Queen, cuando este terminara se cerraría la puerta y nadie podría entrar. Es decir que si llegaba tarde, mi viaje de casi 3 horas a topilejo, no tendría sentido, además de que en promedio el día de curso me estaba saliendo en mil pesos.
Ese simple hecho me ponía los pelos de punta, por el dinero y mi tiempo invertido, además de mi ocurrencia de involucrarme en semejante trote.
De acá del otro lado eramos 4 alumnos. 2 de ellos se veían bien, el otro parecía un empleado de limpieza.
Después de una presentación escueta de cada uno de ellos y de nosotros, Alejandro nos interrogo sobre la forma en que nos habíamos enterado del curso, comenzamos con un marco teórico sobre el origen del perro, que venían de los lobos nos dijeron.
Dos horas después hubo un receso para tomar café e ir al baño.
Regresando, ya todos en el salón, Alejandro le solicitó a un empleado traer un perro al salón.
La cosa comenzaba a ponerse buena con un perro dentro del salón de clase.
Nos llevaron al que en su momento no sabía qué raza era: un akita.
Un cuidador lo sostenía con una correa, Alejandro sacó un instrumento raro llamado zoometro, artilugio para sacarle medidas a los animales.
Comenzamos a conocer los distintos nombre de los partes del perro, en cierto momento debimos pasar al frente tomar el zoometro y sacarle medidas al perro. Por ejemplo la medida de talla de la cruz al perro.
Afortunadamente no fui el primero en pasar, quien pasó primero fue en de la limpieza, que bueno no era de limpieza, su nombre después lo supe era Pedro.
Pedro pasó al frente y comenzó a tomarle medidas al perro un poco nervioso.
⎯¿Qué fue lo que hizo mal su compañero? ⎯nos preguntó Alejandro.
A mi se me ocurría que no había sacado las medidas correctas, sin embargo me quedé callado.
⎯Lo que su compañero debió haber hecho antes que nada era preguntarle al manejador su se podía aproximar al perro. ¿No?…
Cóño, además de todo esto de tener que acercarme a perros desconocidos, yo sólo le tenía confianza a mi perrita Tosca, comenzaba a fastidiarme la idea de una dinámica de preguntas capciosas.
Observando al policía, me di cuenta de que efectivamente lucía como un policía, un policía mamón, pero en ese momento relajado y divirtiéndose.
Alejandro lo presentó como diplomado en seguridad integral. Seguridad igual a policía, no andaba tan equivocado.
Paul encendió un cigarro que después tuvo que apagar a solicitud de Alejandro. No se podía fumar en le salón de clases.
Paul continuó hablando de los sentidos del perro, la vista de los perros, su olfato, principalmente.
La primera clase terminó a las 9 p.m.
nano day 1
Noviembre 2, 2006Trataré de ser breve.
Todo este asunto se dio porque me corrieron del trabajo.
Comencé trabajando en la música en 1991, primero repartiendo agendas de rock, después en un sello independiente. Logré encargarme de las producciones locales, fui representante de grupos y después tuve ingerencia en las decisiones de lo que la disquera firmaba. De ahí me fui a administrar un sello más pequeño y años mas tarde llegué a la televisión. De las cosas que más me gustaban era poder participar en la supervisión musical de películas. Los proyectos en los que me veía envuelto eran, por suerte quizá, los mejores.
No quisiera ponerme a hablar aquí sobre todo lo que hice y logré en aquel momento. En su época fue algo grande, llegué al punto de coordinar muchos proyectos importantes y en algún momento, perteneciendo a un corporativo muy grande y prestigioso, me corren.
Una mañana desperté sin nada. Me encontraba en casa sin un trabajo al cual acudir. Tenía deudas, había rentado un departamento n una buena colonia cercana a mi oficina.
Desde había mucho tiempo me hice aficionado a las computadoras y al diseño web. Entonces lo único que había era el proyecto de diseñar la página de Internet de una distribuidora de discos, cuyo propietario era uno d mis mejores amigos.
Por lo demás no estaba feliz. Sentía una profunda frustración por no haber llegado más lejos. Eran épocas extrañas. En ese momento tenía una novia que se desvivía por mi. Un día sencillamente se me ocurrió decirle que lo que yo quería, era tener un perro. Qué más daba decir cualquier otra cosa. Era como un niño caprichoso, y esto de tener un perro tenía su justificación.
Tenía bastante tiempo en que quería un perro. Sabía que para tenerlo se requería tiempo para poder dedicarle. En esos días el tiempo me sobraba.
Con la marcada insistencia de que quería un perro, una tarde recibí una llamada telefónica de Roberta. Le comenté que había una persona que me estaba ofreciendo un Schnauzer miniatura. Yo no sabía exactamente como era esa raza de perro y le pedí que esperara a que investigara qué era exactamente lo que me estaban ofreciendo. Inicialmente ella me preguntó qué raza de perro quería, ahora lo recuerdo y me sorprende lo que quería en ese entonces. No logro entender como es que de sobre todas las razas, más de 400, le dije a Roberta que quería un Scottish Terrier. Después de todo ahora que lo pienso, entre el que quería y el que a ella le habían ofrecido no había mucha diferencia, ambos eran terriers, ambos de tamaño pequeño.
Esa tarde en que me llamó Roberta, salí de casa por alguna razón sin importancia, caminé y dos cuadras después en una esquina salió de unos matorrales un perro. Era una cosa pequeña que comenzó a ladrarme con fuerza, su ladrido era agudo, rayaba en la histeria. Detrás del perro apareció su dueño, un tipo de mi misma edad, una especie de ejecutivo de poca monta. La persona, con anteojos y chamarra de mezclilla, calmó a su perro y yo amigablemente trate de acercarse para tocarlo, era de noche y apenas podía distinguir algo que se me figuraba como un Schnauzer. El seudoyuppie me confirmó que efectivamente se trataba de un Schnauzer. Cuando comencé a interrogarlo sobre como era esa raza, él me contestó con todas las bondades que te puede decir alguien que antropomorfiza la raza de su mascota en un asunto personal: la raza es lo máximo.
Por la noche, cuando llegué a casa de Roberta le dije que quedaba descartada la opción del Schnauzer, que ya había investigado y que era un perro muy chico, ladraba como histérico, no tenía personalidad…pinche perro mamón, vaya.
Volví a la idea original de que quería un perro grande. La última persona para la que había trabajado, a la que también habían corrido del corporativo, tenía un labrador color negro. El perro se llamaba Titán y tenía como ocho años de edad. Era un perro tranquilo, cuidaba su casa ladrando cuando escuchaba ruidos extraños y dentro de casa sólo quería que se le acariciara, aunque mi ex jefe había dejado las clases de obediencia, Titán le obedecía. Con base en ese perro fue que inicialmente quise un labrador. También podía ser un Golden, aunque si me lo preguntan ahora, en apariencia se parece al labrador pero no, su personalidad es totalmente diferente.
Una tarde de enero Roberta me llamó para decirme que si lo deseaba, había la posibilidad de ver a un perro prospecto.
Una amiga de ella llamada Karla podía llevarlo al trabajo de Roberta y ahí reunirnos los tres para verlo. Acepté. Primero llegué junto con Roberta y más tarde llegó Karla. De una mochila saco una perrita chiquita. Era algo tan extraño y curioso para mi. Inmediatamente nos dirigimos los tres a la cocina de la oficina de Roberta quién se puso a platicar con Karla mientras yo puse en el suelo a la perrita y la observé, como quien mira algo nuevo, para ver que hacía. La perrita comenzó a olisquear por todos lados y empezó a alejarse hacia otra habitación. En cierto momento se orino; era muy chistosa, cuando los cachorros se orinaban me solía causar gracia, era como un niño que acostado mientras se le cambia de pañal se orina como una fuente. La perrita era color dorado oscuro, tenía un rasgo particular en la caña nasal, una como cresta a contrapelo. Se veía como una línea que iniciaba en medio de los ojos y acababa antes de la trufa. Yo soy muy exigente al comprar cualquier cosa, normalmente busco lo mejor, prefería las marcas de prestigio sobre otras cosas. En el caso de esa perrita lo normal hubiera sido que me mostraran los papeles de la perra y su carnét de vacunación. En realidad no tenía ni idea en ese momento de qué era un pedigree, ni tampoco de cuántas y qué vacunas se le debían poner a un perro.
Simplemente me dejé llevar por el capricho del instante, era algo así como: ahí hay un perro si te gusta quédatelo, es gratis, no te cuesta nada. La que se encargaría de todo eso sería Roberta. Decidí quedarme con la perrita. De inmediato siempre que compro algo lo que más deseo después de tener aquello que quiero, es ir a casa y quedarme a solas con aquella cosa o posesión que adquiría para revisarlo meticulosamente. Eso fue lo primero que deseé inmediatamente después de que decidí quedarme con el perro. Deseaba que la amiga de Roberta desapareciera para que nosostros nos fueramos rumbo a casa.
Al salir a la calle con la perrita recuerdo que su tamaño me cubría el antebrazo del codo a la muñeca. Cuando pasé por una plaza pública varías niñas se me acercaron para acariciar a la perrita y para preguntarme cualquier clase de cosas. No recuerdo como es que llegué a casa, debí haber tomado un taxi.
Después de entrar a casa y poner a la perrita sobre el piso para que comenzara a olerlo todo, tuvé la sensación de que quería estar solo. Deseaba que Roberta se fuera y me dejara a solas con la perra. Después de un rato logré decirle que estaba cansado y ella se fue.
Le fabriqué con una cobija y ropa vieja que ya no usaba, una especie de cama poniendo la ropa amontonada en un extremo, compactada y recubierta con un suéter semejando el cuerpo de su madre acostada.
La dejé un momento sola dentro de la casa y fui a una clínica veterinaria que se encontraba a la vuelta de la casa. Ahí compré la bolsa más grande del mejor alimento que me pudo haber encontrado, era de la misma marca que usaba mi ex jefe del trabajo para su perro.
El bulto pesaba 15 kilos. Me lo traje cargando hasta la casa.
Tomé el plato en donde servía las botanas cuando llegaban visitas y le sirví un poco de croquetas. La indicación de la bolsa decía la cantidad a suministrar de acuerdo a su peso y edad. La edad la sabía, el peso tuve que calcularlo, más o menos seis kilos. Me resultó excitante tener un ser vivo en casa y alimentarlo. Sentía decepción y después una preocupación cuando me di cuenta de que inicialmente no aceptó el alimento. Mas tarde cuando si lo aceptó fue simplemente fascinante.
Mientras la perrita comió, porque de inmediato entendió que se trataba de comida, recordé los caldos calientes que le daba a Campeón. Tomé una croqueta y la examiné con detenimiento, su aspecto, su olor penetrante, era increíble que todo lo que necesitara un perro estaba sintetizado en esa pequeña bolita color café.
Después de que la perrita comió le puse otro traste con agua, bebió un poco y siguió conociendo su nueva casa. Hasta los años 60 se le preparaban a los perros guisos muy específicos que contenían todos los nutrientes que el perro necesitaba, fue hasta los años 70 en los cuales poco a poco se fueron volviendo populares los alimentos para perros, especialmente los secos como las croquetas, años después leí todo esto en un libro.
Al recordar todo lo que hacía con Tosca, ―le puse de nombre Tosca no por la opera de Puchinni como en algún momento me preguntó mi familia, sino en primer lugar por un grupo musical de Austria que se llamaba así, también porque efectivamente la perra resultó ser muy mordelona, rascadora y sobre todo persistente―.
Mas tarde, me cuestionaría si había estado bien el que así de golpe la hubiera puesto en el suelo para que reconociera toda la casa.
Normalmente uno debe de restringirle áreas al perro. Es decir, ubicarlo en un espacio en específico del cual no salga por algunos días y poco a poco irle permitiendo que conozca otro espacio y luego otro hasta que conoce toda la casa o los espacios a los cuales irá a tener acceso, sabría años más tarde. Pero no en eso momento tan como decirlo, tan de principio.
La cama de Tosca estaba en un estudio que tenía una puerta hacía un patio mediano.
Como cualquier cachorro, Tosca comenzó a orinarse en algunos sitios del departamento. Uno de los primeros problemas que tuve fue la forma para hacerle entender a Tosca que no debía de hacerse del baño dentro de casa, sino hacer en el patio trasero. Las primeras veces cuando veía que se hacía, la cargaba y la llevaba al patio. Me sorprendió que no hiciera lo que normalmente hace la gente: restregarle el hocico en los orines y pegarle con un periódico enrollado. Los primeros días fui muy amable con ella.
Cuando fue hora de dormir, puse a Tosca en su cama y me fui a su recamara cerrando la puerta. A los pocos minutos Tosca fue hasta la recamara y comenzó a rascar la puerta y a llorar. Después de un rato me desesperó tanto que tuve que dejarla entrar a la recamara. La acosté en el piso al lado de su cama, medio dormido con una mano debajo de la cama, la acaricié hasta que se tranquilizó y durmió. Pasó una muy mala noche. Cuando despertó ya estaba mojada la alfombra. La saqué un rato al patio pero no hizo del baño. Después volví a darle de comer.
Intenté seguir con mi vida normal, estando sentado frente a la computada. Era difícil olvidarse de que tenía ya un perro. Tosca era muy curiosa y quería jugar en todo momento.
Era domingo, el horario de verano se había ido.
Me había levantado temprano como una forma nueva por tratar de cambiar de hábitos.
La primera en salir fue Tula, se había aguantado sin hacer del baño. Le serví el alimento alto en proteína y la saqué al patio, un momento.
Antonio al escuchar eso comenzó a ladrar desde el parvo-lounge.
Tula hizo del baño y 10 minutos después al metí de regreso a la recamara. Después fui a sacar a Antonio quien se había orinado dentro de su kennel. Le di de desayunar y lo dejé ahí.
Regresé a mi cuarto, puse algo de música y me volví a meter a la cama.
Hacía frio, dentro de la habitación el termómetro marcaba los 11 grados. Comenzó a escucharse la canción Wonderfull life.
Pensaba en que me encontraba solo, por momentos pensaba que era una situación injusta. ¿Qué tenía en mi personalidad que me hacía no tener con quien compartir todo lo que pienso?
Cada vez que me sentía triste, me decía que debía hacer cosas, una limpieza profunda a la casa, lavar toda mi ropa…etc.
ea
Octubre 20, 20061
Una tarde de octubre volví a sentirlo.
No recuerdo cuando fue la primera vez, quizá fue en la escuela, pero no en la primaria: estaba muy chico. Fue en la universidad cuando uno realmente despierta ante la vida y ante las cosas que no son posibles alcanzar. Me molesta decirlo, siquiera pensarlo. ¿Hay algo que no podamos alcanzar?
La vida fuera de mi me ha demostrado que no, que no existe nada que no podamos lograr, pero por dentro de mi, sí que hay cosas que nunca funcionaron.
Ahora mismo estoy molesto. En este instante veo todo a mi alrededor como negro y sucio.
No tengo a nadie, pero eso no es el problema de fondo.
En el año de 1999, la verdad no recuerdo bien a bien la fecha, pero fue por esas fechas. Decidí ponerme en las manos de un especialista para tratar de trabajar en mi persona y en mis problemas. Era una técnica sumamente fría y uso la palabra fría porque de lo que se trataba era de ser sumamente racional. Hasta los límites más radicales.
Recuerdo que en la primera sesión, como siempre que se acude con un especialista, éste pregunta sobre cuál es el problema.
¿Cuáles son mis problemas?…muchos.
Abandoné a mi hijo, no puedo escribir mi novela…son muchos los problemas, amo a una mujer casada, no me gusta mi trabajo, en fin…no tengo proyecto de vida.
¡Qué frase esa de proyecto de vida!…como si las cosas fueran tan fáciles.
Hoy es jueves, son las 8 p.m….no tengo ningún plan de vida a partir de este momento y hasta que deje de respirar. Lindo esto de no tener ningún proyecto, bueno, acabo de proyectar una corriente de aire que entra por la ventana, el sonido de un mosco que ronda la lampara de mi buró, el silencio…EL SILENCIO.
Siento la corriente justo en la oreja que se encuentra del mismo lado de donde esta la ventana. NO quiero ponerme de pie para cerrar la ventana, sin embargo lo hago porque es realmente molesto sentir siquiera el aire soplar. Me paro, lo hago, regreso. Al acomodarme de nuevo experimento una flojera terrible, como si llevara mucho tiempo enfermo y en cama.
Eso de enfermo comienzo a creérmelo porque el resto de la gente no es como yo. Ellos también tienen problemas pero los superan, siguen adelante. Yo no sigo adelante, es la vida misma la que me pasa pero mis problemas y yo seguimos intactos. No sé por qué pero recordé un libro de Douglas Copland al decir que la vida me pasa. ¿Será el planeta shampoo?
Enciendo un cigarro acostado sobre mi cama que lleva 3 meses sin ser tendida, recuerdo bien la fecha porque hace 3 meses tenía sirvienta que lo hacía. Ella fue operada de un oído y debió de tomar reposo postoperatorio. Le encargaron que no hiciera nada. Así me siento yo ahora, como en reposo postoperatorio. A mi me operarían de la cabeza y de los oidos también porque no escucho consejos de nadie…bueno, en 1999 creo que sí escuché a mi psicologo porque el muy inteligente tuvo la brillantez de darme de alta.
El mosco regresa. Lo veo, estudio su vuelo, espero a que se acerque, de frente, estiro mi brazo con un movimiento rápido lo atrapo dentro de mi puño, aprieto fuerte: está muerto.
Mi mente se libera un poco pero mi cigarro se ha consumido. Me acomodo y me recuesto más, las cobijas de 3 meses sin lavar son tan imperfectas, y las almohadas más aun.
Escucho una música muy bajita que viene de la sala. Ahí está mi computadora eencendida en una estación de radio que transmite por Internet. Escucho la música, contemplo el techo, se está desprendiendo la pintura, más imperfección. ¿Habrá algo bueno a mi alrededor?
2
Es otro día mas. Durante la noche no he descansado, distintos sueños han ido desfilando por mi cabeza hasta las 10 a.m., tiempo en que me di cuenta. Hoy es viernes y se supone que la gente está contenta y por las noches sale a divertirse.
A mi me da lo mismo, estoy aun somnoliente. Ayer antes de dormir busqué mi libro de planeta shampoo y lo trajee conmigo a mi cama. No lo leí. Ahora lo he recordado porque mi vida es así, como ese libro. Lo que hizo que me despertara fue la insistencia de mi perra Tula de querer salir al baño. La puerta de la recamara estaba semiabierta y ella quería pasar por ahí y no cabía. Fueron como 3 o 4 intentos. Es lógico que no quepa, está a 2 días de tener cachorros y el perro con la que la crucé era una bestia demasiado grande. Saco a Tula y a Ashanti que está en la habitación que da al jardín. Me regreso a la cama, es demasiado temprano para levantarme.
No quiero dormirme más, pero tampoco tengo ánimo de ponerme de pie e iniciar con mi día. La mañana me tiene reservadas cosas fenomenales: casí 30 kilos de ropa por lavar, en lavadora claro, un área del escritorio por despejar para poder medio organizar mi trabajo, bajar en el auto al contenedor más cercano a tirar 4 sacos de basura.
Lo más importante entrenar a Moncho.
Entonces cuando pienso en todo eso , decido que no, que todavía puedo quedarme un rato más aquí. Se me olvidó decir que debo también darme un baño. Me voy a dar vuelta, y sin importarme lo que pase, volveré a dormir. Acabo de despertar y no puedo cargar ni con mi propio cuerpo.
6
Octubre 13, 2006Era difícil de creer. De repente uno se interesa en algo y si ese algo es lo suficientemente fuerte, todo alrededor pasa a un segundo plano. La razón que lo tenía ahí en ese momento era un ejemplo de eso. Todo comenzó hace cuatro años, cuando lo corrieron de su trabajo. Todo inicio como un capricho, como un antojo de niño enfermo deseoso de ser mimado. En aquel momento se le ocurrió que quería un perro.
Los primeros dos meses después del despido transcurrieron tranquilos, con el dinero de una ínfima liquidación no pensó en trabajar en aquel momento. Se dedicó a estar en casa, a aprender programación de páginas web. Durante la última semana en la que aún tenía trabajo, conoció a una chica. En pocos días se hicimos novios, ella tenía un buen trabajo mientras que Ricardo dejaba de tenerlo. Su nombre era Roberta y siempre hablaba lo suficientemente bajo. Lo irritaba el tener que decir con frecuencia ¿Qué? ¿Cómo?, no te escuché.
Después de pasar juntos los primeros tres meses de novios, un día se le ocurrió decirle que le gustaría tener un perro. Completó su ocurrencia agregando que desde hacía mucho había querido un perro y por diversas circunstancias no había podido. La razón principal comentó, era que como trabajaba mucho y pasaba todo el tiempo fuera, no podía dejar al perro catorce horas solo; más otras ocho en las que estaría ya dormido. También puso de pretexto que los sitios en los cuales había vivido no eran propicios para tener perros. Durante mucho tiempo vivió en un sitio con mucha humedad y alejado de la ciudad. Como ese lugar estaba rodeado por volcanes y todos esos fraccionamientos fueron construidos sobre piedra volcánica por esa razón con frecuencia aparecían alacranes en casa. Además, en esa época algunas calles no estaban pavimentadas y pensaba que no sería posible sacar a pasear al perro, que tal si había vidrios, clavos u otros objetos. También a un lado de su departamento había una verdulería, cuando cerraban dejaban la basura frente a su entrada, había días en que se juntaban más de quince perros a comer desperdicios. Muchas cosas lo detuvieron en ese sitio para pensarlo más de dos veces antes de tener un compañero nuevo en casa.
Cuando tomó la decisión de que ya quería un perro, vivía en un departamento recién rentado. Justo dos semanas antes de que lo corrieran del trabajo, decidió que como estaba ganando bien y las cosas se veían que mejorarían, era el momento oportuno de mudarme a un lugar más céntrico y de mayor status. Se mudó a una colonia que estaba a diez minutos del WTC, un edificio ubicado frente a una avenida grande, a media cuadra de una estación de metro. Un sitio en donde había mucho concreto y muchos otros dueños de perros. En esa época no se daba cuenta de cuantos dueños con perro había, primero se mudó y ya luego se dio todo para que, en teoría, fuera un buen sitio y momento para tener un perro. Digo esto porque las cosas cambian, uno aprende y creo que ahora no era tan buen sitio.
5
Octubre 13, 2006La bonanza de pertenecer.
La sala de juntas tenía cuadros enormes de José Luís Cuevas.
Me resultaba chistoso observarlos cuando tan sólo unas semanas antes había pasado mis vacaciones en su casa de la playa.
Sí. Había dormido justo en su estudio que antes de ser acondicionado como dormitorio, supongo fue concebido para que ahí pintara.
Tenía claros muy altos y grandes puertas abatibles cada 4 o 5 metros. Si se abrían las puertas podía verse el mar, las olas rompiendo sobre un puñado de rocas. Ahí dormí durante 12 días que me tomé de vacaciones y por las noches no dejaba de pensar en que en aquel sitio se había pintado algo espectacular y que después fue vendido como un producto cualquiera. Ese era uno de sus cuadros, ornamento decorativo de espacios fútiles y llenos de presunción como esa sala de juntas en la que me encontraba.
La mesa de juntas era igualmente grande. Tenía la capacidad como para 14 personas cómodamente sentadas en sillones muy amplios.
Esa mañana acudieron a la junta los directivos de todas las áreas. Estaban 3 productores ejecutivos de telenovelas. La directora de locaciones, la de casting, la del área de noticias, 2 directoras administrativas, la directora de prensa y yo: director de musicalización.
No estaban los de cine ni los de teatro, tampoco el área de publicidad.
El director general y productor ejecutivo, Epigmenio Ibarra, comenzó hablando acerca de las futuras alianzas con algunas de las cadenas de televisión en Estados Unidos. Era el tipo de junta en donde se informa a todos los presentes sobre los proyectos y avances de cada área.
Me sentía incomodo entando ahí. Toda la ropa y accesorios que llevaba eran nuevos. Los zapatos aun estaban demasiado estrechos. Mi saco era de corte italiano, muy ajustado y debajo llevaba una camisa de vestir demasiado gruesa. No tenía la más mínima flexibilidad para moverme con libertad dentro de ese sillón lujoso.
A mi lado estaba el encargado del área web del corporativo. Èl sí que la gozaba, venía vestido como si acabara de asistir a un concierto de música industrial. Tenía mal gusto el hombre, lo que en todo caso podía envidiarle era su aspecto de comodidad igual que si estuviera en su casa un día cualquiera. Escribía en un PDA cuando en esa época, a excepción mia, nadie poseía uno.
Durante mi turno para hablar, dije lo que estaba coordinando para las diversas áreas. Llevaba conmigo juegos completo de un manual de procedimientos que yo mismo elaboré…
Continuará…

